CHAMANISMO ESENCIAL

EL FESTIVAL IROQUÉS DE LOS SUEÑOS

Karina Malpica
www.karinamalpica.net

A menudo, la gente que consideramos “primitiva” está más en contacto con los símbolos internos de su imaginación mítica que nosotros, los “civilizados”, siempre tan preocupados por nuestros asuntos externos y conscientes. En distintas sociedades ancestrales los problemas del individuo y los de la comunidad se afrontaban de manera creativa y terapéutica evitando la represión, el estrés, la ansiedad y otras emociones que generan negatividad y violencia.

Una de las ventajas de la gente primitiva en este sentido era la posesión de una mitología capaz de contener, estructurar y expresar el inaccesible nivel interior del significado psicológico. No obstante, si a estas alturas ya estamos preparados para encontrarnos con que el hombre primitivo sintonizaba más con el mito que nosotros, ¿estamos igualmente preparados para reconocer que era más avanzado desde el punto de vista psicológico?

Tomemos como ejemplo a los iroqueses de América del Norte, un pueblo que vivía en los lagos y los bosques de lo que actualmente constituye el estado de Nueva York y la parte alta de Pensilvania. Ellos trabajaban activamente con sus sueños, lo cual les permitió mantener una higiene mental que les aportaba una gran paz interior. Quien tiene paz, la extiende a su alrededor y eso fue lo que hicieron los iroqueses, tal como pudieron comprobar los primeros europeos que llegaron a sus territorios y vieron que vivían en paz con sus vecinos agrupados en su confederación de las Cinco Naciones.

Una de las primeras cosas que observaron los exploradores franceses y los misioneros jesuitas que tuvieron trato con los iroqueses a comienzos del siglo XVI fue la presencia de sociedades de bailarines que llevaban máscaras grotescas con caras retorcidas y el pelo enmarañado. La más importante de ellas se llamaba “la sociedad de la Cara Falsa”. Era una sociedad de medicina a la que preocupaba de forma casi exclusiva curar las enfermedades. Los iroqueses distinguían tres categorías de enfermedad: 1) las que eran resultado de acontecimientos naturales como accidentes o heridas durante la caza o las labores del campo; 2) las que se causaban mediante maldiciones; y 3) las que eran propiamente psíquicas, resultado del resentimiento del alma interior, cuyas necesidades básicas no habían sido satisfechas. Para las dos últimas categorías se recurría especialmente a la Sociedad e la Cara Falsa.

La tercera categoría de enfermedad es la que nos interesa en particular a los terapeutas. El mejor método para curar y prevenir las enfermedades psicológicas, según los iroqueses, consistía en la interpretación de los sueños efectuada y dirigida por las sociedades de medicina durante las tres grandes fiestas anuales. En primavera, en otoño, y especialmente en la fiesta de cinco días de duración que se celebraba en el solsticio de invierno, el “Festival de los Sueños”, éstos eran el foco de atención, interpretación y representación. Cada persona contaba un sueño que tenía especial importancia para ella. Los demás miembros, como público, respondían con sus impresiones o interpretaciones. Cuando el soñador –u otras personas– opinaban que alguien había interpretado el sueño correctamente, el soñador debía pagar a esa persona una “multa” que por regla general consistía en un regalo o un favor. Se esperaba que entre estas personas naciera un lazo de amistad como resultado de esta transacción psico-simbólica.

Si el sueño expresaba un “deseo del alma”, toda la tribu ayudaba al individuo a hacer que su deseo se volviera realidad. En cambio, si el deseo procedía “de la personalidad” y conculcaba excesivamente los derechos de otra persona o era un deseo agresivo o exagerado, el drama se representa de manera simbólica, con el público interpretando varios papeles. Estos dramas oníricos recuerdan mucho lo que aparece ahora como la vanguardia de la terapia onírica actual: el psicodrama y la terapia Gestalt. Lo esencial en estos métodos es que el sueño se lleve a la conciencia y al diálogo, que se tome en serio, que se trate como si fuera real.

En mis Talleres de Trabajo con Sueños, además de enseñar distintas técnicas para que cada persona tenga herramientas con las cuales recordar e interpretar los sueños que tendrá a lo largo de toda su vida, también rescatamos esta tradición iroquesa y realizamos nuestro propio “Festival de los Sueños” siguiendo los lineamientos generales que nos heredaron los iroqueses.

 

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Última actualización: febrero del 2002
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