Ayahuasca

 
TERCERA PARTE: Hechos interesantes

El culto urbano del yagé en Colombia / Juan José Piñeiro y su búsqueda de las plantas sagradas / Las visiones de Pablo Amaringo / La Atlántida, los incas y las visiones de ayahuasca / Curando adicciones con ayahuasca / Las conclusiones de Joseph Maria Fericgla acerca del chamanismo y la ayahuasca

 
 

El culto urbano del yagé en Colombia

De acuerdo a las investigaciones de Jimmy Weiskopf, el uso urbano de la ayahuasca en Colombia, donde se le llama yagé, se inició en los años ochenta y son muy pocas las semanas al año durante las cuales no se realice, en algún apartamento de Bogotá, una toma o sesión de yagé. Desde su perspectiva, el contacto entre los chamanes o taitas, que es la denominación colombiana, y los consumidores urbanos, se debió entre otras cosas, a la permanencia en Bogotá de líderes y estudiantes indígenas, algunos de ellos hijos de curanderos, "que introdujeron a sus amigos blancos en el yagé". (48)

Dice que esta integración está tan extendida en la capital del país que incluso "reconocen haber tomado yagé destacados políticos, empresarios y personajes del espectáculo y los medios de comunicación". Aunque que tal vez el estrato más importante lo conforman los artistas y académicos, especialmente antropólogos y botánicos, puesto que "varios taitas han sido invitados a dar conferencias en universidades y cada vez su conocimiento atrae más el interés de investigadores extranjeros".

Según describe Weiskopf, el uso del yagé en Colombia: "se trata, en su modalidad urbana, de una curiosa mezcla de consultorio médico, psicodrama, fiesta y rito de adoración". Normalmente las reuniones tienen lugar los sábados por la noche donde el asistente, acostado en un saco de dormir, pasa la velada al lado de otras personas, mientras "recibe curación y participa en una terapia de grupo":

En algunos momentos, la experiencia de confrontar las raíces de su enfermedad, neurosis o mala suerte mediante el yagé es tan dolorosa que las personas lloran, pero al final se experimenta un ambiente de paz que sirve para forjar duraderas amistades. El que sufre los efectos del yagé nunca está desamparado. El oficio del curandero o taita es precisamente velar por el bienestar de los asistentes, mediante su comunión con el mundo de los espíritus... El culto cuenta en Colombia con la participación entusiasta de muchos médicos y el Ministerio de Salud está patrocinando la fundación de jardines botánicos en las comunidades de algunos curanderos, para ayudarles a conservar el yagé y las otras plantas utilizadas tradicionalmente por los indígenas del país, pues la fumigación con herbicidas de las selvas donde tradicionalmente los indígenas han cultivado su coca, está amenazando al bejuco que es la materia prima del yagé... (48)

En su experiencia personal, Weiskopf asegura que la intensidad, la claridad y la duración de sus visiones crece de acuerdo con la limpieza del cuerpo, lo cual le parece un buen argumento para creer que "la purga de la materia proporcionada por el yagé es un mecanismo para tocar las fibras más sensibles de nuestro ser". Sin embargo advierte que "el yagé no da las visiones, sino que remueve aquello que nos impide verlas: la pantalla continua de pensamiento que convierte en opaca nuestra conciencia", pues cundo el cuerpo se purga completamente y la mente se aquieta, la persona se vuelve transparente y es capaz de ver".

En virtud de lo anterior, fundamenta las sanaciones milagrosas de  los curanderos en su capacidad de ver mediante la ayuda del yagé: "ellos ven -literalmente- las causas ocultas de la enfermedad" y luego "trabajan sobre ellas y no sobre sus síntomas... y en muchos casos, ni siquiera tienen que preguntar al paciente sobre lo que les aqueja, porque el mismo bejuco se los dice".

Weiskopf estudió de cerca con quienes consideró en el decurso de sus investigaciones, los taitas más destacados:

Según mi primer maestro, Taita Pacho Pinguaje -curandero de la etnia Siona que habita en el bajo Putumayo, en las selvas de Colombia-, el ambiente de los espíritus que nos rodea durante una sesión de yagé es la realidad verdadera y más profunda de las cosas, mientras que el llamado mundo real es tan sólo una ilusión. Él, lejos de darse importancia por las curaciones que efectúa, las atribuye a la ayuda de tres ángeles-niñas que aparecen en las visiones y le señalan la raíz de los problemas y la manera de remediarlos. 'Cuando estoy embriagado con yagé -explica-, vuelo hasta la Vía Láctea, converso con los espíritus y ellos me dicen cómo curar. Algunas veces me muestran cierta planta y al día siguiente voy al bosque, la encuentro y con ella curo a la persona enferma'. (48)

No obstante, el yagé tiene otra cara oculta, que ha sido su utilización por parte, no de taitas dedicados a la sanación, sino de taitas dedicados a la hechicería o brujería quienes lo han usado "para causar daño a los demás". Dice el investigador que:

De hecho, la práctica de la magia negra asociada con el yagé estaba tan difundida en las selvas colombianas que, según los indígenas más ancianos, los grandes hechiceros de la última generación -relativamente ajena a todo contacto con la cultura blanca- se destruyeron entre ellos debido a luchas de poder en lo que se ha llamado 'la guerra de los chamanes'. Taita Pacho nos explica al respecto: 'El tomador de yagé debe amar todas las cosas menos el mal. Por eso desapareció nuestra gente, los antiguos. Quisieron ver quién era más poderoso y se hicieron daño entre ellos, echando maleficios incluso a los hijos y las mujeres de sus rivales. Así terminaron unos con otros.' (48)

A pesar de ello, lo que ha subsistido en Colombia es el chamanismo de orientación terapéutica que se ha abierto camino hacia los centros urbanos en un entorno privado que reúne a personas pertenecientes a las clases media y alta, entre quienes "destaca la seriedad", según Jimmy Weiskopf, quien para terminar su informe resume que: "Lo que ha primado en la formación del culto en Bogotá son los contactos personales, en contraste con Brasil, donde existen dos verdaderos cultos centrados en el yagé, con miles de seguidores." (48)

 

Juan José García Piñeiro y su búsqueda de las plantas sagradas

Este psiconauta español, versado en la utilización de las diversas drogas que circulaban por el continente europeo a finales de milenio, viajó entre 1994 y 1995 por Brasil, Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Cuba buscando experimentar con las plantas sagradas de los chamanes andinos.

Después de su recorrido y alentado por un grupo de chamanes escribió En busca de las plantas sagradas (16), un libro en el que relata los pormenores de sus encuentros con diferentes chamanes (algunos de los cuales considera fraudulentos y a otros auténticos), sus experiencias con el cactus San Pedro y con la ayahuasca; así como sus proyectos de organizar junto con sus amigos a las "Tribus de Occidente", a los Guerreros Espirituales del continente europeo para que se reúnan y organicen sus propios rituales cultivando y utilizando sus propias plantas sagradas.

Este libro contiene información precisa acerca de personas, lugares, contactos y aspectos de interés para quien esté interesado en hacer un viaje por estos sitios.

García Piñeiro dice haber comprobado que los efectos de la ayahuasca dependen en gran medida de la densidad de la bebida final, de la calidad de las plantas utilizadas, así como de "la metaprogramación y el ritual". Entre las indicaciones que recibió de los chamanes durante sus experiencias con esta bebida ceremonial están las siguientes: intentar permanecer ante las visiones como el espectador de una película, en el centro del ciclón, y controlar y dirigir la experiencia, de acuerdo con su objetivo; unir la energía del grupo para potenciar la energía total; evitar el fuego y los espejos por ser demasiado seductores para los sentidos, y respirar abdominalmente para mantenerse como testigo.

Francisco, uno de los chamanes con los que Piñeiro entró en contacto, le dijo que la misión de las plantas sagradas es "separarnos del ego y ponernos en contacto con Dios, con el amor absoluto", dijo también que "ayudan en las cosas de la vida" y siempre responden: "Basta que tengas una intensa necesidad de respuesta y ésta te llegará a lo largo de la sesión, o inmediatamente después. Y si no te responden, es que la pregunta realmente no tenía ninguna importancia". (16) Toda vez terminado su periplo, Piñeiro quedó convencido de ello y escribió:

El yagé es un ser inteligente, que existe realmente, y que puedo comunicarme con él –por ahora introduciéndolo en mi cuerpo, pero más adelante, parece ser que no necesitaré tomarlo para, de algún modo hablar con este ser... Este ser es bastante sabio, y cada visión que provoca es una lección, una enseñanza; aunque a veces tarda días, meses o años en revelar su significado último expresado en visiones, sensaciones, sentimientos, presencias no corporales pero reales, etc... Las plantas maestras, tanto la ayahuasca como el San Pedro, me dan consejos cuando estoy bajo sus efectos, me encargan cosas y también me aclaran cualquier problema que se me ocurra... Una a una voy sometiendo a consideración de la planta –o no sé si de algún lugar remoto de mi mente- toda clase de cuestiones; unas de carácter personal, otras de mucho más trascendencia, como el futuro del planeta o la especie humana, la reencarnación y la muerte, etc. etc. Sorprendentemente la planta va respondiéndome con exactitud a cada cuestión, y generalmente de un modo muy convincente, pues no suele responderme con palabras, sino con una imagen, o... haciéndome vivir una experiencia que es de por sí una respuesta a la pregunta en cuestión... (16)

 

Las visiones de Pablo Amaringo

Hay una importante cantidad de reportes de viajes de ayahuasca vinculados con contactos telepáticos entre el consumidor y personas que él conoce y más comúnmente, con "entidades extraterrestres o no físicas".

Ayahuasca Visions es un libro en el que se da cuenta de este tipo de experiencias. Pablo Amaringo, un respetado chamán peruano entrevistado por el antropólogo Luis Eduardo Luna, dice que desde su primera experiencia con ayahuasca vio una enorme nave extraterrestre y asegura que estos vehículos pueden tomar muchas formas, asumen una "velocidad infinita" y son capaces de viajar bajo el agua o bajo la tierra. Amaringo describe a los seres que viajan en ellos como espíritus que tienen cuerpos más sutiles que los nuestros y que aparecen y desaparecen a voluntad.

Según consigna Luna: "Pablo dice que en sus viajes con ayahuasca vio que pertenecen a civilizaciones extraterrestres avanzadas que viven en perfecta armonía. Grandes civilizaciones como la maya, la tihuanaco y la inca tuvieron contacto con estos seres. Los mayas se prepararon y partieron hacia otros planetas en algún punto de su historia, pero están a punto de regresar. De hecho dice que algunos de los ovnis que la gente ve hoy en día están piloteados por hombres sabios mayas." (20)

Se han recopilado ya muchas historias similares reportando que bajo los efectos de la ayahuasca es posible ver a estos seres y a sus vehículos; varios chamanes aseguran que los extraterrestres les enseñan canciones de poder y les dan información útil para ayudarlos a curar a sus pacientes. Al respecto es posible consultar a través de internet la página llamada The ayahuasca allien connection que tiene imágenes de los cuadros de Pablo y enlaces hacia otros sitios. (44)

En "Ecología del Espíritu", el poeta peruano Oswaldo Chanive asegura que Pablo Amaringo no se inició en la pintura por razones estrictamente mágicas. Cuenta que siendo casi un adolescente tenía que compartir con sus numerosos hermanos una sopa poco sustanciosa y eso le quitaba la alegría. Notó, sin embargo, que la cantidad y calidad de los almuerzos variaba de acuerdo a los diferentes dibujos que estaban impresos en el papel moneda. Le maravilló que una simple figura pudiese ser tan trascendente y fue entonces cuando comenzó a dibujar.

Pablo salió de la pobreza gracias a un trabajo en la capitanía de puerto y su vida se hizo sencilla y regular hasta que un día empezó a dolerle el corazón. Alguien le recomendó a una curandera que vivía en una cabaña cerca del río y con ella empezó a tomar ayahuasca. Amaringo relata que por alguna razón los espíritus de aquella vieja "empezaron a quererlo más a él; hasta que una noche cualquiera se quedaron ahí, dentro de su pecho y empezó a ver lo que los demás no veían". A partir de entonces, durante 10 años cada noche bebió un trago de ayahuasca para ver y aprender. Tiempo después, en 1985, a instancias del mencionado antropólogo colombiano Luis Eduardo Luna, Pablo comenzó a pintar sus visiones.

Actualmente sus trabajos se han expuesto en diversos lugares del mundo y se ha publicado mucho al respecto. En un reciente artículo, un crítico limeño de arte, Luis Lama, afirma que la obra de Amaringo "ha dado origen a un movimiento sin precedentes en la plástica peruana, ya que sus cuadros y los de sus discípulos seducen por su aliento incontaminado como el mundo que reproducen". (10) En 1990 la Organización de las Naciones Unidas le concedió la distinción Global 500, por la contribución de su arte en la preservación de las tradiciones y culturas indígenas del planeta.

 

La Atlántida, los incas y las visiones de ayahuasca

Carlos Fernández-Baca Tupayachi es un ingeniero civil peruano que desde 1984 se interesó por la cultura ancestral de los Andes e inició una tarea de investigación en diferentes comunidades andinas, recopilando mitos, tradiciones, leyendas, rituales y testimonios conservados mediante transmisión oral. Ha impartido conferencias sobre la cultura andina en diversos países y ha dirigido una institución cultural que en 1992 se encargó de organizar el Primer Congreso Mundial de Espiritualidad Andina.

En el año 2000 este ingeniero publicó El otro Saqsaywamán (15). Una visión que tuvo bajo los efectos de la ayahuasca, más las leyendas que le contaron los Pac'o-runas (sacerdotes andinos), lo llevaron a investigar en fuentes tan disímbolas como los Diálogos de Platón y las leyendas acerca del mítico continente de la Atlántida en busca del origen y la verdadera utilidad del monumento arqueológico de Saqsaywaman, una enigmática edificación hecha con bloques de piedra caliza de extraordinarias proporciones levantada cerca de Cusco.

Las técnicas empleadas en su construcción y la compleja perfección de su acabado que logra encajar cual rompecabezas gigante piedras de hasta 150 toneladas, han asombrado a través de los tiempos a todos los investigadores y visitantes de este enigmático monumento.

En 1988 el ingeniero Fernández-Baca Tupayachi asistió por primera vez a una ceremonia ritual de ayahuasca conducida por el chamán Valerio Cohaila en el seno de la amazonía peruana. Él y cinco amigos se prepararon "física y emocionalmente para esa experiencia mística". A pesar de ser originario del Perú y de tener referencias más directas de la ayahuasca que el resto de nosotros, este ingeniero cuenta que previamente se había informado en varias fuentes: "leí artículos y entrevistas al respecto y estudié algunos libros inherentes al tema, además me entrevisté con personas que conocían por experiencia propia ese ritual. Les pregunté mucho, quería estar lo mejor informado al respecto, porque se había hablado tanto sobre este tema que creaba confusión". (15)

Dice que lo que más le llamó la atención es que en todas las fuentes de información, había una constante: "que ese ritual era una llave que abría las puertas del misterio, donde uno podía vivir de forma concreta una realidad diferente, una realidad no-ordinaria... que nos ubica en un estado modificado de conciencia producto de la ingestión del brebaje visionario". He aquí un recuento de lo que vivió el autor en su primera ceremonia que por lo demás ejemplifica muy bien lo que puede esperarse de una sesión bajo los efectos de la ayahuasca en el contexto andino:

La ceremonia de La ayawaska es un rito muy sencillo en forma, pero de trascendencia cósmica a la vez. En esa ceremonia por primera vez pude ver algo realmente extraordinario, que cambiaría por completo mi forma de entender la tradición andina: observé que algo muy especial ocurrió en tiempos lejanos, que el extraordinario monumento de Saqsaywamán era una réplica a escala de un súper continente del pasado, esta visión posteriormente me costaría doce años de investigación, para poder entenderla y así demostrarme que lo que viví era verdadero...

Aún resuenan en mi memoria las percusiones rítmicas que mi amigo chamán Valerio Cohaila interpretaba tocando un tambor que lucía muy antiguo, mientras entonaba cánticos ancestrales con los cuales dirigía ese ritual. Se encontraba sentado en el piso y delante de él tenía un altar ceremonial, en el que se hallaba el licor sagrado de La Ayawaska. Luego de ese preámbulo nos invitó a todos los asistentes a ingerir ese brebaje de sabor muy amargo, a continuación sopló humo de tabaco a cada uno de los presentes y con una pluma de cóndor abanicó el campo energético de todos, indicando que nos estaba limpiando para tener una buena visión...

Mi experiencia comenzó con unas percepciones visuales y auditivas; pude ver la aparición gradual de símbolos extraordinarios y figuras geométricas tridimensionales, que a su vez formaban perfectas obras de arte de colores fantásticos, eran una mezcla de estilos inkas, egipcios, mayas y otras culturas antiguas, luego escuché una música de tambores, que se confundían con la música que tocaba don Valerio, pero tenían un ritmo increíble que se entremezclaba con los sonidos de la naturaleza, como el canto de los grillos, algunos pájaros y otros animales más que estaban cerca; la lucidez que uno experimenta es realmente sorprendente, pues uno está siempre conciente de lo que está ocurriendo dentro de la ceremonia y fuera de ella. Es decir, uno es conciente en la realidad ordinaria y en la realidad no-ordinaria o, como manifiestan los mismos chamanes de los andes peruanos, el universo del Lloque refiriéndose al universo invisible y el universo del Paña que es el universo visible.

Luego de esta primera fase, pude ver gente con atuendos muy especiales, con telas de colores muy fuertes que tenían figuras geométricas y símbolos especiales; eran cinco varones y dos mujeres, una de ellas... me mostró muchos detalles de Saqsaywaman... Recuerdo que contemplábamos desde lo alto un pequeño poblado con edificaciones que hoy no existen, pero una que puede reconocer era Saqsaywamán. Estaba en medio de ellas y se mostraba imponente. Uno de los hombres, el más anciano, hablaba sobre ese especial monumento y se refería al mismo como una réplica de la Atlántida. Lo más extraño es que en ese momento yo le entendía perfectamente y sabía de lo que se hablaba. La mujer a la que hago referencia, también hablaba al respecto indicando que esta edificación estaba muy bien hecha. Lo extraño es que cuando regresé a mi estado habitual de conciencia, me di cuenta de que desconocía por completo lo que había vivido en aquel ritual.

Cuando concluyó el efecto de La Ayawaska le conté al chamán todo lo que vi y pude recordar. Él me dijo que tenía que probar que mi visión era verdad, que esa era mi tarea, que La Ayawaska siempre mostraba los misterios de la vida y que un verdadero buscador de la verdad tenía que demostrar que lo que había visto era real y auténtico...

A partir de esta impresionante vivencia me propuse investigar en diferentes materias del saber, procurando encontrar conceptos que pudieran explicar mi visión y así poder entender el simbolismo de Saqsaywamán. Quería saber si se trataba de una realidad o simplemente había sido una proyección del subconciente. (15)

Entre los resultados más sorprendentes que arrojan los doce años de investigaciones del ingeniero Fernández-Baca se encuentra una comparativa entre las dimensiones y la forma circular que tiene la construcción central de Saqsaywamán con las descripciones que hace Platón en sus Diálogos, específicamente en  "Crítias" y "Timeo" acerca de las dimensiones y la forma circular que tuvo la Atlántida, de cuya existencia estaba convencido no sólo este filósofo griego sino prácticamente todos sus contemporáneos. Con éste y otro conjunto de datos bastante interesantes, y apoyado en teorías de la geobiología y la física cuántica, el ingeniero especula que efectivamente pudo haber existido un supercontinente de las dimensiones de la Atlántida y que algunos de sus habitantes pudieron haber sobrevivido a su destrucción y generaciones más tarde, haber fundado la cultura inca y edificado la construcción central de Saqsaywamán como una maqueta gigante en memoria de sus orígenes. De paso y como buen ingeniero, Fernández-Baca también lanza su propia teoría respecto a cómo se construyó esta desconcertante edificación.

 

Curando adicciones con ayahuasca

La comunidad de Takiwasi en Tarapoto, Perú, ha sorprendido al mundo por su planteamiento poco convencional de curar adicciones con la ayuda de la ayahuasca. En plena selva amazónica trabaja un singular equipo multidisciplinario que enseña al adicto a valorar la dimensión sagrada de las plantas de poder y a recobrar el respeto por la naturaleza y por su propio cuerpo.

Este centro ha llamado la atención de muchas personas por ser una ejemplo vivo y funcional de la síntesis de la medicina moderna con la medicina tradicional. Jaques Mabit, un médico de origen francés que tuvo acceso al conocimiento de diferentes chamanes o curanderos de la zona, es el iniciador de Takiwasi. Su propuesta es clara y valiente: "que el paciente toxicómano entre en el mundo de las plantas sagradas con la actitud de llegar a un encuentro con el espíritu, sin quedarse en una mera toxicomanía de experiencias variadas que no logran conectar con lo que en realidad cura y otorga sabiduría; eso que algunos llaman Dios". (3)

Mabit llegó a Perú hace 18 años para trabajar en un convenio franco-peruano dirigiendo un pequeño hospital. Allí colaboró con curanderos que le decían que los espíritus les enseñaban a través de la ayahuasca, de las dietas y de los retiros. Le aseguraban que no entendería nada si no la tomaba, ya que ellos sólo podían prepararle la ayahuasca pero el trabajo lo tenía que hacer él, ya que la planta le enseñaría directamente. Mabit dice haberla probado con entrega y cautela: "tomar ayahuasca fue una revelación para mí porque se desgarró el velo y vi que sí había otra realidad, y una posibilidad de acceder y comunicarse con esa otra dimensión." Asegura también que en determinado momento "la voz, el espíritu", le dijo que su camino era trabajar con adictos toxicómanos y tres años más tarde, en otra sesión de ayahuasca realizada en 1989, le llegó la confirmación de que ese era el momento.

En la actualidad trabajan principalmente con oriundos de la zona afectados por la cocaína y algunos extranjeros, como la mayoría son personas de bajos recursos la mayoría no pagan. Takiwasi recibe algunas donaciones y subvenciones de organismos internacionales para el mantenimiento de cada paciente que les cuesta alrededor de 500 dólares mensuales. También publican una revista (Takiwasi) e investigan sobre el uso de las plantas tradicionales de la región.

Para el Dr. Mabit, "un toxicómano es una persona que busca, de forma inconsciente, su propia iniciación en el mundo espiritual; pero lo hace sin guía y en malas condiciones, por lo que en lugar de liberarse, acaba en el infierno". (3) (Ver más sobre el tema en el apartedo de Adicción y enfoques para tratarla)

La persona que se somete a un tratamiento en Takiwasi trabaja con sus sueños analizando el material onírico en dinámicas de grupo y tiene entrevistas personales de psicoterapia clásica, además de las actividades propias de la comunidad terapéutica que son trabajo, ergoterapia y deporte. Este proceso se complementa con los retiros en la selva llamados "dietas", que además de una dieta alimenticia libre de sal e ingiriendo "ciertas plantas que permiten reconectar con el mundo emocional", conlleva el aislamiento de todo lo que pueda resultar perturbador durante la experiencia con ayahuasca. En palabras de Mabit: "El adicto estará solo con la Naturaleza, con el único cuidado de uno de nosotros, que nos situamos a unos doscientos metros. Hay una total soledad; y ahí surge un trabajo de confrontación con uno mismo, de introspección espontánea. En la selva todo recobra un sentido. El adicto se hace conciente de que más allá de lo que ve hay un orden y de que no puede hacer lo que quiere y cuando quiere, porque eso no es la libertad". (3)

La dieta supone ocho días de aislamiento total para luego volver al centro, donde permanece quince días más con control sobre ciertos alimentos o cosas que no puede hacer. Después continúa con la terapia y a los dos meses hay otra dieta. En el esquema terapéutico primero se trabaja con el cuerpo a través de la depuración física; luego se trabaja la vida familiar, las emociones, la afectividad, la seguridad; y en la tercera etapa se aborda la parte espiritual. La evaluación se hace de tres formas: una la realiza el propio paciente a través de sus visiones o sueños; otra la realiza el quipo terapéutico bajo la guía de la ayahuasca y a través del trabajo ortodoxo de diagnóstico clínico físico y psicológico.

Manuel Almendro, un psicólogo transpersonal que entrevistó al Dr. Mabit en Tarapoto cuenta: "Cuando uno está en Takiwasi y participa de su comunión, se penetra en los caminos de la sabiduría perenne. La vieja alquimia, los procesos chamánicos, las enseñanzas orientales y cristianas parecen unificarse en este lugar que constituye un arquetipo del proceso para salir de la pecera". (3)

A propósito de la psicología transpersonal, el mismo Mabit asegura que ésta es una de las herramientas más útiles para revisar los instrumentos conceptuales que se utilizan tanto en la medicina académica como en las ciencias sociales para comprender las medicinas tradicionales: "Las nociones de bio-energía, el cerebro holográfico de Karl Pribam, los campos morfogenéticos de Rupert Sheldrake y la psicología traspersonal, por ejemplo, pueden constituir pistas a explorar para profundizar un campo que nos queda ampliamente desconocido." (21)

En el ensayo "El cuerpo como instrumento de iniciación shamánica", el Dr. Mabit relata sus experiencias iniciáticas en la cosmovisión andina y confiesa que "para un médico formado en una universidad francesa, educado en un medio formal, racionalista, positivista, el acceso a un nuevo pensamiento exige una gimnasia mental muy exigente":

Pues se nos enseña que lo mental tiene que ver con el cerebro o el sistema nervioso y en base a ello ha estructurado especialidades como la psiquiatría, la psicología, la psico-farmacología, etc. En cambio, el chamán nunca se refiere a esta dualidad de cuerpo y mente sino que "evoca únicamente el cuerpo, como receptáculo a la vez de la materialidad como de la psique" y agrega una tercera dimensión, la del espíritu, que trasciende a ambas y constituye la esencia del ser humano. El espíritu está encarnado, preexiste al ser humano y no depende definitivamente de él, "es inmaterial, inalterable, trascendental y por lo tanto permanece cuando desaparecen cuerpo y mente... no tiene localización en el espacio-tiempo de Euclides, pertenece al tiempo-espacio mítico caracterizado por su infinidad, su eternidad que en otros términos diríamos como a-temporal, carente de la noción de distancia y de duración." (21)

Dentro de esta cosmovisión, el individuo tiene por única posesión, durante su vida terrestre, su propio cuerpo y éste "constituye la materia prima que permite acceder a la plena conciencia, al espíritu realizado e iluminado si es que se utiliza en forma correcta". Es por ello que los chamanes con quienes Mabit trabajó le dan mucha importancia a la limpieza y funcionamiento óptimo del cuerpo, pues las "energías perturbadas" provocan disturbios a la vez físicos y mentales. Le asombra que para ellos un disturbio mental requiera en primer lugar de un cuidado físico: "Nos encontramos al punto exactamente opuesto a las técnicas convencionales de psicoterapia que se mantienen generalmente a distancia del cuerpo (control de la transferencia y contra-transferencia) y se focalizan en la mente, el discurso del paciente, el logos, la palabra, el verbo." Bajo este enfoque comprende también las restricciones relacionadas con la utilización de las plantas sagradas en el contexto chamánico:

La toma de Ayahuasca para fines curativos o iniciáticos supone una serie de reglas muy estrictas, períodos de aislamiento en la selva, ayunos, dietas, evitamiento del sol, de la lluvia, del contacto con el fuego, la abstinencia sexual, el evitamiento de olores fuertes, dieta sin sal... Todos esos métodos no son meramente simbólicos, no constituyen una manera metafórica de concebir la vida, una simbología con alcances culturales... sino expresan un conocimiento sumamente fino y elaborado del manejo del cuerpo, un conocimiento también de los riesgos, de los peligros de la intoxicación descontrolada para la cual existe todo un cuerpo de técnicas preventivas y de emergencia. (21)

Dice Mabit que la ingestión de la ayahuasca induce "nuevos estados mentales sin pérdida de la consciencia, sin desubicación en el espacio-tiempo, sin desvanecimiento de la identidad de sí mismo, sino más bien una amplificación de esa, una superación del ego freudiano al gran EGO impersonal (ELLO) en el cual el mundo mítico presenta cualidades siempre ambivalentes (y no ambiguas)"; restableciendo así la continuidad con el macrocosmos. Y es entonces cuando uno puede "comunicarse con las 'energías, fuerzas, espíritus, genios o ángeles' que animan la naturaleza, las plantas, los animales y el mundo calificado en forma abusiva de inanimado".

En opinión de este médico-chamán, "los sueños y las visiones inducidos por el ayahuasca son representaciones de la realidad profunda que tienen un carácter pedagógico para quién sabe manejarlas", y sólo son accesibles con el enfoque del cerebro derecho, pues la interpretación racionalista del cerebro izquierdo los reduce a conceptos folklóricos o simplemente poéticos que a final de cuentas "son traducidos como un conocimiento vano, inútil e ineficaz". (21)

 

Las conclusiones de Josep María Fericgla en torno al chamanismo y la ayahuasca

Josep Maria Fericgla es psicólogo y doctor en antropología social, fundó el Institut de Prospectiva Antropológica, actualmente reconvertido en Sociedad de Etnopsicología Aplicada y Estudios Cognitivos, da clases en las universidades de Salamanca y Barcelona; y es autor de diversos libros en relación con el tema de los enteógenos, entre ellos: Al trasluz de la ayahuasca y Los chamanismos a revisión.

También organiza diversos talleres, congresos y cursos al respecto en España y Latinoamérica y es director de la "Colección Cogniciones" de la editorial Los Libros de la Liebre de Marzo.

 

Al igual que el Dr. Jacques Mabit, Fericgla ha estudiado personalmente con chamanes y ha puesto en marcha una terapia experimental con ayahuasca para tratar a politoxicómanos y personas con trastornos de personalidad. No obstante, a diferencia del doctor francés, a Fericgla siempre le ha preocupado "despojar de todo ingrediente exótico, de toda estética y de toda simbología indígena" la utilización occidental de los enteógenos en el contexto terapéutico.

Otra de sus preocupaciones consiste en advertir acerca de los peligros tanto de la utilización de estas sustancias por parte de personas imprepadradas, como de la emergencia de una moda que el llama "el chamanismo de autoconsumo". Esto es, unas prácticas pseudo chamánicas encaminadas satisfacer la demanda y cumplir las expectativas de personas frustradas dispuestas a pagar por un espectáculo de corte místico o espiritual en un intento por llenar el vacío existencial que supone la vida en la sociedad de consumo occidental.

Cuando entrevisté a Fericgla en Barcelona, le pregunté acerca de su trabajo con adictos y me comentó que en primer lugar, para él no existe la adicción. Dice que lo que realmente existe son una serie de comportamientos compulsivos que no sólo se dan con respecto a las drogas, sino a la televisión, la máquinas traga monedas, las relaciones enfermizas, etc. "Y todo comportamiento compulsivo lo que hace es estar llenando algún vacío interior de la persona", entonces lo que hay que hacer, desde su perspectiva no es tratar de cortar con la adicción, sino "descubrir qué es el vacío de cada persona, de dónde surgió el vacío", para entonces ayudarle a que lo llene para que así desaparezca el comportamiento compulsivo en cuestión.

Según me comentó, hasta ahora sólo ha tratado con ayahuasca a pequeños grupos, pues sólo acepta los casos más extremos "politoxicómanos, reincidentes, personas con varios intentos de suicidio, no sólo chicos aburridos de la vida o neuróticos que empiezan a pincharse y sus papás asustados los mandan a la clínica, sino personas realmente con reincidencia de una gravedad". Y asegura que ha tenido un éxito de casi el 100%. "Claro que han sido sólo dos grupos piloto de seis personas cada uno, pero es la totalidad casi de la muestra que hemos analizado." Según cuenta:

Lo interesante con estas personas es que a veces ya habían probado la ayahuasca y algunos tenían un historial clínico de años... Entonces el protocolo consiste en hacerles pura terapia de sicología analítica... les hago análisis de sueños, procurando que ellos entiendan sus propios sueños, o sea dándoles a ellos mismos las pistas y diciéndoles, 'pues mira búscate ente símbolo, ahí tienes un diccionario de símbolos o esta enciclopedia general'; y ellos mismos a veces se sorprenden de que su símbolo está allí, 'además me encaja lo que dice aquí', digamos cuando empiezan a entender un poco y yo les explico mucho, les ayudo a que construyan su propio sistema de auto conocimiento, les explico muy a menudo cómo funciona nuestro inconsciente, cómo funciona nuestra psique, cómo funciona nuestro sistema nervioso, y así... (Consultar la entrevista completa con Joseph Maria Fericgla)

En uno de sus libros especifica que en el contexto de las sesiones, se pide a los pacientes que traigan fotografías, películas de su vida e imágenes arquetípicas sugerentes que se seleccionan para cada quien en las sesiones previas de análisis psicológico. Y luego, ya que están bajo el efecto de la ayahuasca, se pide a los asistentes que hablen de lo que descubren de sí mismos y de su relación con el mundo a partir del estímulo que representan las fotografías y videos escogidos. "Todo ello bajo la guía y sugerencias del conductor de la sesión, a la que denominamos ritual de experiencias emocionales correctivas o también experiencias estructurantes."

Explica que a menudo los participantes son incapaces de verbalizar en el mismo momento lo que están sintiendo o descubriendo de sí mismos, pero la imagen evocadora que tienen delante, "amplificada por efecto del enteógeno, abre el camino hacia el origen del trauma". Como ejemplo del trabajo dice que puede surgir que a una joven, bajo el efecto de la ayahuasca se le desvelen las partes oscuras de su mente y de pronto recuerde o reviva haber sido violada por su padre en su infancia. Entonces el terapeuta, le hace ver "que no debe sentirse culpable por ello (como ha estado haciendo hasta el momento); que saque sin miedo el odio acumulado y enquistado y que, más adelante, deberá trabajar en su proceso de individuación y de crecimiento personal hacia la responsabilidad y la libertad, para perdonarlo y perdonarse si quiere vivir en paz y tener relaciones agradables con los hombres". De tal manera que:

A partir de la nueva metáfora, los pacientes inician la reconstrucción de sus emociones y de las asociaciones inconcientes... que guían sus vidas. Así es como los participantes en tales rituales de experiencias emocionales correctivas pueden seguir la búsqueda de sí mismos y organizar de forma más eficaz la integración de sus personajes interiores. Pero, obviamente, el terapeuta psiconauta debe haber hallado antes su propia metáfora, el sentido profundo de su vida, y adecuarla a fin de transformarla en un paradigma válido y útil para sus pacientes y su colectividad social. (14)

Fericgla considera que "no hay nada de exótico en ello y sí mucha ciencia aplicada", y que ésta es la mejor forma en que un terapeuta occidental puede interiorizar y retomar el papel tradicional de un chamán y aplicarlo al contexto cultural en el que vivimos y a su particular idiosincrasia. "Es mucho más que la simple importación de ritos exóticos, cuya pérdida de sentido exotérico y esotérico, los convierte en fáciles espectáculos folclóricos para consumidores crédulos y anhelantes de experiencias fáciles y agradables."

Bajo su punto de vista, "los enteógenos deben reservarse para personas íntegras y maduras ya que su peor peligro es la alimentación del narcisismo, del ego, y ello es justamente contra lo que deben luchar de forma prioritaria los inmaduros."

En el año de 1997, dentro de una conferencia efectuada en el marco de las II Jornadas sobre Enteógenos realizadas en Barcelona, Joseph María dio por terminadas su investigaciones acerca de la ayahuasca con una conferencia que más tarde publicaría en las memorias del evento: Los enteógenos y la ciencia.

Aquí transcribo la esencia del texto para retransmitir su mensaje conclusivo:

En los últimos seis años he centrado mi labor investigadora en el uso, efectos y etnografía de la ayahuasca. Durante este tiempo he experimentado varios centenares de veces con ayahuasca, me he auto-observado en un sentido psicológico y fisiológico –incluyendo EEG y diversas analíticas-, he podido observar a otros individuos consumidores –probablemente a más de 500 personas- y he seguido con cierto detalle la dinámica interna y los cambios de algunos nuevos sincretismos religiosos consumidores regulares de este fascinante enteógeno de origen amazónico [...] Me siento con alguna experiencia global suficiente sobre el tema como para transmitirla y [...] quiero robar humildemente a nuestros antepasados sus avisos sobre los peligros y virtudes de psicotropos [...]

Es necesario no perderse en los peligros que los griegos representaban en forma de las Sirenas que prometen un Mundo Feliz inexistente, en forma de orden apolíneo vacío de vida o del adolescente Narciso enamorado de sí mismo y hablando con el Eco, en forma de locura extática que acaba en desgracia... Es habitual quedarse encantado repitiendo las últimas sílabas de lo dicho, sintiendo en ello la sensación de un profundo descubrimiento pero que en realidad no es nada. Recuerdo una expresión típica que he oído en bastantes personas que experimentan con ayahuasca o con LSD, cuando les pasa el efecto suelen decir: "¡Ah...! si yo pudiera decir todo lo que siento...", y cuando se les anima a hacerlo permanecen extáticas sin repetir más que esta misma exclamación. El eco acompaña a Narciso, está enamorado de él, pero nunca le aporta nada nuevo.

Este aviso [...] resulta claro para todas aquellas personas que conocen por propia experiencia el efecto de los enteógenos: de la misma forma que ayudan a verse a uno mismo [...] también alimentan el autoengañamiento y el peligro más difícil de combatir es que dan una imagen, aunque a veces atormentada, demasiado estable de uno mismo y la vida es cambio permanente [...] Los enteógenos son una excelente llave para abrir la puerta interior que permite desvelar este espacio divino que todos albergamos, espacio donde reside la creatividad, la sabiduría intemporal, la vida en toda su plenitud y el contacto directo con el exterior, pero también representa un camino donde muchos de los que lo inician caen en una trampa u otra y se tornan incapaces de verlo. La única forma de salir victorioso de ellos es, como ya nos regalan los griegos antiguos uniendo a Apolo y Dionisios [...] Apolo, el orden, la estabilidad y la disciplina [...] con Dionisisos, representante del cambio permanente... el uno sin el otro lleva a la muerte literal. (12)

 

 

Para facilitar su descarga esta página ha sido dividida en cuatro partes. Ésta es la tercera
Ir a la cuarta
Regresar a la segunda
Regresar a Plantas y alcaloides visionarios