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textos interesantes acerca de los sueños

 

Sueños: representaciones
de los iroqueses y los senois

 

Stephen Larsen

A menudo, la gente primitiva está más en contacto con los símbolos vivos de su imaginación mítica que nosotros, siempre tan preocupados por nuestros asuntos conscientes. Y también es más capaz de responder a ellos. Mientras que nuestra manera propia de ocuparnos de la imaginación mítica parece mantener sólo los símbolos privados, autísticos y sin desarrollar, la suya parece fomentar una representación simbólica pública. En ella los problemas del individuo y también los de la comunidad se afrontan de manera creativa y terapéutica.

Una de las ventajas de la gente primitiva en este sentido es la posesión de una mitología vigente que contiene, estructura y expresa el inaccesible nivel interior del significado psicológico. Dicha mitología constituye un sistema simbólico exhaustivo que puede funcionar tanto para la consulta interna como para el diálogo social.

No obstante, si a estas alturas ya estamos preparados para encontrarnos con que el hombre primitivo sintoniza más con el mito que nosotros, ¿estamos igualmente preparados para reconocer que es más avanzado desde el punto de vista psicológico?

Los iroqueses de América del Norte y los senois de Malasia son dos pueblos sin lenguaje escrito que viven en extremos casi opuestos del globo y, pese a ello, hay un parecido asombroso entre sus respectivas formas de tratar los sueños. He distinguido los cuatro aspectos concordantes que indico a continuación:

1.       Se reconoce el sueño como única clave o forma de acceder a una vida interior que es otra, es decir, no es la conciencia en estado de vigilia. Se cree que esta vida interior es tan o más real que el mundo en estado de vigilia.

2.       Se reconoce que dentro de la superficie normalmente caótica e incomprensible de los sueños hay un significado. Hay que ir más allá de la apariencia para captar el verdadero significado.

3.       El sueño y la vida interior de la cual es símbolo son la clave de lo que “va mal” en el hombre: varios tipos de enfermedad física, algunos problemas psicológicos, veleidad, incluso conflictos interpersonales y mala suerte. Por consiguiente, el sueño es la clave de la terapia.

4.       La representción de sueños es importantísima como técnica terapéutica. Se cree que los sueños piden una conversión en realidad. Puede que en algunos casos esto sea una realización literal de lo que el sueños quiere hacer, o si esto no es apropiado (en el caso de un acto de agresión, por ejemplo), una representación o resolución simbólica.

Vemos pues, que estos dos pueblos sin lenguaje escrito se adelantaron al psicoanálisis como mínimo varios siglos, y es probable que mucho más tiempo. Nos hallamos ante un enfoque verdaramente psicológico de los sueños que va más allá de las limitaciones de cualquier sistema mitológico específico. Estos cuatro supuestos que se encuentran en los iroqueses y los senois, así como en las teorías psicoanalíticas sobre los sueños, sin duda parecerían ser transculturales y quizá básicos en casi cualquier sistema de interpretación o terapia de los sueños.

Veamos primero a los iroqueses. Eran un pueblo que vivía en los lagos y los bosques de lo que actualmente son el estado de Nueva York y la parte alta de Pensilvania y que, cuando llegaron los blancos, ya habían asimilado a grupos culturales divergentes en su confederación de las Cinco Naciones*

Una de las primeras cosas que observaron los tramperos franceses y los misioneros jesuitas que tuvieron trato con los iroqueses a comienzos del siglo XVI fue la presencia de sociedades de bailarines que llevaban máscaras grotescas con caras retorcidas y el pelo enmarañado. [...] La más importante de ellas se llamaba “la sociedad de ls Cara Falsa”. Era una sociedad de medicina a la que preocupaba de forma casi exclusiva curar las enfermedades. [...]

Los iroqueses distinguen tres categorías de enfermedad: 1) las que son resultado de acontecimientos naturales como, por ejemplo, accidentes o heridas en el campo de batalla; 2) las que causa la brujería mediante hechizos y encantamientos; y 3) las que son psíquicas y resultado del resentimiento del alma interior, cuyas necesidades básicas no se satisfacen.

Para las dos últimas categorías en especial se recurre a la Sociedad e la Cara falsa [...] la tercera categoría de enfermedad es la que nos interesa en particular. El mejor método para curar esta clase de enfermedad es la interpretación de los sueños efectuada y dirigida por las sociedades de medicina durante las grandes fiestas de los sueños en primavera, otoño e invierno.

El concepto iroqués de los sueños se basa en los “deseos del alma”. Un padre jesuita llamado Ragueneau, que fue uno de los primeros observadores de los iroqueses en 1649, lo describe así:

Además de los deseos que generalmente tenemos y que son libres, o al menos voluntarios en nosotros y que surgen de un conocimiento previo de alguna bondad que imaginamos que existe en la cosa deseada, los iroqueses creen que nuestras almas tienen otros deseos, que son por así decirlo, innatos y ocultos. Estos deseos, según dicen, salen de las profundidades del alma, no por medio de algún conocimiento, sino mediante cierto transporte ciego del alma a ciertos objetos: en el lenguaje de la filosofía podríamos dar a estos trasnportes el nombre de “desideria innata” para distinguirlos de los anteriores, llamados “desideria elicita”. (1)

Estos dos niveles de deseo aparecen en sistemas metafísicos de todo el mundo. Hay una gran analogía, por ejemplo, en los conceptos tántricos de maya-sakti (el poder del deseo nacido de objetos físicos) y el cit-sakti (el poder del deseo nacido de la conciencia misma.

La única clave de los deseos interiores, no conscientes, del alma son los sueños. Como dice el padre Ragueneau, nuestro perspicaz observador jesuita:

Ahora creen que nuestra alma da a conocer estos deseos naturales por medio de sueños, los cuales son su lenguaje. Por consiguiente, cuando estos deseos se cumplen se siente satisfcha, pero, al contrario, si no se le concede lo que desea, se pone furiosa y no sólo no da a su cuerpo el bien y la felicidad que desea obtener para él, sino que también se rebela contra el ceurpo, causando varias enfermedades, e incluso la muerte. (1)

Y el antropólogo J.N.B. Hewit, que en 1895 escribió el artículo titulado “The Iroquian Concept of the Soul”, describe estos deseos interiores y su relación con los sueños del modo siguiente:

...además de los deseos y los anhelos de la mente que, en cierta medida son libres y voluntarios puesto que surgen de un convencimiento previo del bien o del beneficio que se obtienen del objeto deseado, el alma tiene otros anhelos y deseos que son innatos, ocultos, espontáneos, intuitivos y que emanan de sus profundidades no a través de conocimiento previo, sino mediante un éxtasis innato del alma o del objeto que persigue. El alma da a conocer estos objetos deseados utilizando como medio los sueños. (2)

Los deseos interiores, por tanto, son de un orden ontológico distinto de la experiencia que se ha aprendido y adquirido externamente [...] La psicología de Jung hace esta misma distinción entre los deseos de la conciencia personal y los nacidos dentro y debajo de la conciencia de las profundidades de la “psique objetiva”. Es frecuente tener la sensación de que las experiencias procedentes de este nivel son “otras”, que no son las intenciones conscientes de la persona. Los sueños y las fantasías pueden actuar como contrapunto de nuestras ideas conscientes. [...] Jung dio el nombre de Ser o el Otro a esta entidad que sugieren el comportamiento y la naturaleza de nuestros sueños. [...]

Jung dice que ese Ser es la fuente psicológica de la imagen de Dios. Y nos sorprende encontrarnos luego con que los iroqueses piensan que estos deseos interiores especiales los incita en el hombre el poder del Dios del Cielo, Tha-ro-hay-wa-ko. Por consiguiente, los iroqueses prestan la atención más rigurosa a los mensajes que contienen los sueños, porque hacer caso omiso de ellos es exponerse a la enfermedad, la locura y el desastre; es oponerse a los mensajes divinos que proceden de dentro.

El sueño, pues, se utiliza entre los iroqueses como guía personal y también como guía social. La función orientadora de la mitología sencillamente sirve para subrayar la necesidad de ese tipo de guía. El contexto mitológico iroqués hace que el soñador espere revelaciones importantes de la interpretación de los sueños [...]

La representación de los sueños es la parte más importante de la teoría onírica de los iroqueses. En primavera, en otoño, y especialmente en la fiesta de cinco días de duración que se celebra en el solsticio de invierno, la “Fiesta de los Sueños”, los sueños son el foco de atención, interpretación y representación. Cada persona cuenta un sueño que tiene especial importancia para ella. Los demás miembros, como público, responden con sus impresiones o interpretaciones. Cuando el soñador –u otras personas- opina que alguien ha interpretado el sueño correctamente, debe pagar a esa persona una “multa” que por regla general consiste en un regalo o un favor. Se espera que entre estas personas nazca un lazo de amistad como resultado de esta transacción psicosimbólica.

Si el sueño expresa un “deseo del alma”, todo el mundo ayuda al individuo a hacer que su deseo se vuelva realidad. Como estos deseos se consideran de una categoría ontológica superior a las necesidades y los deseos que surgen en estado de vigilia, las otras personas se desviven por ayudar al soñador a hacerlos realidad. Si el deseo, como sin duda debe de suceder muchas veces, conculca excesivamente los derechos de otra persona o es un deseo agresivo o exagerado, el drama se representa de manera simbólica, con el público interpretando varios papeles.

Estos dramas oníricos recuerdan mucho lo que aparece ahora como la vanguardia de la terapia onírica actual; pienso en particular en el psicodrama y la terapia Gestalt. Lo esencial en estos métodos es que el sueño se lleve a la conciencia y al diálogo, que se tome en serio, que se trate como si fuera real. Como dice Jung: “Si meditamos sobre un sueño durante un tiempo suficiente y de forma concienzuda, si lo llevamos con nosotros a todas partes y le damos vueltas y más vueltas, casi siempre sale algo de ellos.” La manera en que los iroqueses se toman los sueños garantiza que esto ocurrirá, y no sólo dentro del individuo mismo, sino también entre sus amigos y vecinos. El sueño se valora y trata “como si” contuviera significado. Y entonces casi siempre aparece el significado.

Para la siguiente comparación nos trasladaremos a otra parte del planeta situada a más de 19,000 kilómetros; a un pueblo sin lenguaje escrito que vive en las montañas centrales de la península de Malacca y nunca ha oído hablar de Jung, Fritz Perls ni de los iroqueses. Sin embargo, también los senois formularon una teoría de los sueños muy compleja.

Los senois, al igual que los iroqueses, celebran ceremonias públicas de interpretación de los sueños pero también las utilizan como parte del ritual doméstico cotidiano. La hora del desayuno es una especie de “consultorio onírico” en el que se relatan, comparan e interpretan los sueños de la noche anterior. Trabajar con los sueños es una parte fundamental de la educación de los niños y un importante motivo de comunicación entre los niños y sus padres.

En nuestra cultura la respuesta habitual a la pesadillad e un niño es decir: “No te preocupes, cariño, no es real”. Los senois hacen lo contrario. Al niño se le dice que el sueño es real pero que participa de la una realidad diferente del mundo en estado de vigilia. Y se alienta al niño a seguir con el sueño en vez de reprimirlo o huir de él. Kilton Stewart informa:

El sueño de ansiedad o terror más sencillo que encontré entre los senois fue el sueño de caída. Cuando el niño senoi dice que ha soñado que caía, el adulto responde con entusiasmo: “Es un sueño maravilloso, uno de los mejores sueños que puede tener un hombre. ¿Dónde caíste y qué descubriste?” Hace el mismo comentario cuando el niño dice que ha soñado que escalaba, viajaba, volaba o se remontaba en el aire. Al principio el niño responde, como respondería en nuestra sociedad, que despertó antes de haber caído en alguna parte.

-Eso fue un error- responde el adulto-autoridad-. Todo lo que haces en el sueño tiene un propósito que no puedes comprender mientras duermes. Tienes que relajarte y disfrutar cuando caes en un sueño. Caer es la manera más rápida de establecer contacto con los poderes del mundo de los espíritus, los poderes que se abren a ti mediante tus sueños. Pronto, al soñar que caes, recordarás lo que te estoy diciendo y, al recordarlo, tendrás la sensación de estar viajando hacia la fuente del poder que te ha hecho caer.

Los espíritus de la caída te aman. Te atraen a su país, y tú no tienes que hacer más que relajarte y seguir durmiendo con el fin de habértelas con ellos. Al conocerlos, puede que su tremendo poder e asuste, pero sigue adelante. Cuando en un sueño pienses que te estás muriendo lo único que haces es recibir poderes del otro mundo, tu propio poder espiritual, que se ha vuelto contra ti y que ahora desea fundirse contigo si tú estás dispuesto a aceptarlo. (3)

En este ejemplo de educación, cuya sutileza es notable, el niño aprende tres cosas importantes: en primer lugar, que las formas aterradoras de los sueños son en realidad sus propios pensamientos-formas; en segundo lugar, que puede participar activamente, además de pasivamente, en el proceso de soñar; y, en tercer lugar, que puede sintonizar con estos poderes en un diálogo creativo. Así se instruye al niño en estrategias de comportamiento para la conciencia en sueños además de en estado de vigilia, y sus sueños, a diferencia de los nuestros, se cultivan en vez de permitir que crezcan de cualquier modo.

Después de visitar a los senois en 1935, Stewart dio cuenta de algunas cosas sorprendentes relativas a ese pueblo de las tierras altas que vivía en casas comunales edificadas sobre pilotes de bambú y cubiertas con techo de paja. Según los ancianos de la tribu, hacía cientos de años que no se producían crímenes violentos ni disputas intercomunales. Los problemas psicológicos eran pocos –o ninguno- y todo el mundo parecía muy bien adaptado y feliz.

Los senois no practicaban la magia negra, a diferencia de tantas tribus de malasia, pero permitían que las tribus vecinas creyesen que eran magos poderosísimos, forma segura de evitar que los extraños sintieran deseos de invadir su territorio. Era una estrategia psicológica muy sabia.

Había pocas reglas expresas y poca estrucura política entre los senois, como nos dice Sewart.

El estudio de su organización política y social indica que en sus comunidades la autoridad política estaba al principio en manos de los miembros más ancianos de los clanes patrilineales... Pero en todas sus comunidades la autoridad principal la ostentan ahora sus primitivos psicólogos, a los que llaman halaks. El único título en la sociedad es el de Tohat, equivalente a un doctor que es a la vez curandero y educador en términos nuestros. (3)

Así pues, no tienen políticos profesionales... ¡alabado sea el Señor! La autoridad se basa en un técnico de lo sagrado y, por fortuna, no es ningún sacerdote encargado de hacer que se cumpla un dogma, sino más bien un chamán, psicólogo, viajero astral.

la interpretación de los sueños está tan extendida que el halak no puede esconder su posible incapacidad psicológica detrás de una máscara de profesionalismo, como hacen tantos terapeutas en nuestra cultura. Tiene las mismas habilidades que los demás, sólo que más desarrolladas. Sobre la formación de estos halaks Stewart dice: “En el ensueño cooperativo (o estado de trance) no se participa hasta la adolescencia y sirve para iniciar al niño en el estado de adultez. Después de la adolescencia, si pasa mucho tiempo en estado de trance, se considera que es un senoi especialista en la curación o en la utilización de poderes extrasensoriales.” Al igual que el chamán, el halak entra personalmente en el reino de los sueños mitogénicos donde se ocupa de las formas oníricas en su estado natural, proteico.

La base del sistema psicológico de los senois es bastante sencilla, y Kilton Stewart la explica de forma también clara.

Si bien los senois, por supuesto, no emplean nuestro sistema terminológico, su psicología de interpretación de los sueños podría resumirse del modo siguiente: el hombre crea rasgos o imágenes del mundo exterior en su propia mente como parte del proceso de adaptación. Algunos de estos rasgos están reñidos con él y con otros rasgos. Una vez interiorizadas, estas imágenes hostiles hacen que el hombre se vuelva contra sí mismo y contra sus semejantes. En los sueños, el hombre tiene la facultad de ver estos hechos de la psique, que se han disfrazado bajo formas externas, asociadas con sus propias emociones de temor, y vueltas contra él y contra las imágenes internas de otras personas. Si el individuo no recibe ayuda social por medio de la educación y la terapia, estas imágenes hostiles, edificadas a través de la receptividfad normal que une al hombre al mundo exterior, quedan ligadas unas a otras y se asocian unas con otras de una manera que hace que la persona sea anormal física, social y psicológicamente.

Sin ayuda, estos seres oníricos que el hombre crea para reproducir dentro de sí mismo el entorno socio-físico externo tienden a permanecer contra de él mismo del mismo modo en que el entorno estaba contra él, o a romper la asociación con su personalidad principal y a ligarse en destructivas tensiones psíquicas, orgánicas y musculares. Con la ayuda de la interpretación de los sueños es posible entender y reorganizar estas réplicas psicológicas del entorno socio-físico a fin de que vuelvan a ser útiles para la personalidad principal. (3)

Los senois han captado en esta teoría algunas de las percepciones más profundas y valiosas del psicoanálisis. Especialmente digna de admiración es la idea de que las experiencias y los recuerdos inconscientes y no cultivados pueden volverse destructivas desde el punto de vista psicológico. Estos “sistemas de tensiones” que Stewart describe son muy análogos a la teoría de los “complejos”, importante piedra angular de la psicología de Jung. El significado de estos sistemas destructivos no se hace evidente a la conciencia en estado de vigilia, sino más bien a la del sueño. Y en el sueño, presente de forma simbólica, el soñador debe dialogar con ellos, desenmarañar sus tensiones, utilizarlos. Una vez más vemos el poder funcional de una técnica que está dispuesta a experimentar el sueño y no sencillamente a interpretarlo. El “ensueño cooperativo”, técnica importante para trabajar con sueños en condiciones parecidas al trance, se parece de forma notable a la técnica de la “imaginación activa” de Jung o a las técnicas de fantasía guiada que se utilizan en la Gestalt o Psicosíntesis.

Y ¿qué hubiera pensado Freud de este pequeño juego de manos con la sublimación sexual?

Los sueños de amor sexual deberían pasar siempre por el orgasmo y el soñador debería exigir luego de su amante onírico el poema, la canción, el baile, el conocimiento útil que expresara la belleza de su amante espiritual a un grupo. Si se hace esto, ningún hombre o mujer oníricos pueden tomar el amor que pertenece a los seres humanos. Si el personaje onírico que exige amor se parece a un hermano o una hermana, con quien el amor sería anormal o incestuoso en la realidad, una persona no tiene por qué sentir miedo a expresar amor en el sueño, toda vez que estos seres oníricos no son, en realidad, hermano o hermana, sino que se han limitado a disfrazarse con estas imágenes tabúes. Estos seres oníricos son sólo fascetas del propio modo de ser espiritual o psíquico que se a disfrazado de hermano o hermana, y son útiles hasta que se recuperan o poseen por medio de la libre expresión del amor en el universo onírico. (3)

Así también estos perspicaces maestros del símbolo evitan la fuerza compulsiva del tabú del incesto (técnica que tal vez Freud no hubiera considerado del todo “apropiada”). Los senois se dan cuenta de que la atracción fatal es una atracción simbólica, psicológica, y debería tratarse en consecuencia.

Los senois, al igual que los iroqueses, valoran la representación y divulgación de los mensajes que contienen sus sueños. El soñador siempre ha de obtener de sus sueños, o de los seres que participan en ellos, una canción, una danza o un poema, que presentará al grupo. Como en el caso de los iroqueses, si alguien aparece bajo una forma hostil en un sueño, uno tiene que acudir a la persona real para ver si hay algún problema entre ellos. Stewart dice:

Un niño que es atacado por un amigo y, al despertar, su padre le aconseja que hable de ello con su amigo. El padre del amigo le dice a su hijo que es posible que haya ofendido sin querer al soñador y haya permitido que un personaje maligno utilizara su imagen como disfraz en el sueño. Por tanto, debería hacer un regalo al soñador y desvivirse por mostrarse amistoso con él e impedir que ocurra algo parecido en el futuro. (3)

En este caso se confía en que el sueño es válido a dos niveles. En primer lugar, el sueño presenta una situación psicológica real que necesita la atención del soñador. El mensaje de atención hacia el exterior también lleva un mensaje simbólico para el nivel interior. En segundo lugar, se considera que el sueño tiene por lo menos una posible validez objetiva. Es decir, dado que el autor del sueño escogió la forma de esta o aquella persona para avisar de un contenido conflictivo, quizá es porque hay un problema objetivamente real entre el soñador y esa persona. Así pues, al sueño se atribuye una perspectiva transpersonal, una visión clarividente sobre una situación entre dos personas.

Podríamos continuar describiendo las maravillas de la psicología onírica senoi, de la cual es obvio que tenemos mucho que aprender. Pero, en vez de ello, remito al lector a la monografía breve pero muy informativa de Kilton Stewart titulada Dream Theory in Malaya. (3)

Tal vez dentro de unos cuantos decenios tendremos nuestros propios halaks, que viajarán en sus propios espacios interiores míticos y volverán trayendo cosas de valor para todos nosotros. Quizá también podrán enseñarnos a despertar un poco la comprensión de nuestros sueños y a educar la imaginaría del ser interior que tenemos encerrada bajo llave en una habitación a oscuras como si fuera un niño autista. Posiblemente tales halaks también podrían competir un poco con nuestros psiquiatras, impulsarles a quitarse las gafas con montura de concha y echarse en el diván de la vida con el resto de nosotros.

 

CITAS

* De oeste a esta, las Cinco Naciones eran los senecas, los cayucas, los onondagas, los oneidas y los mohawaks. La leyenda dice que fueron organizados por el estadista Daganawidah (hijo de una madre virgen) y su noble, y ahora inmortalizado, consejero Haiawatha. Gobernaban esta gran confederación india los caciques de las tribus, que a su vez eran nombrados por las matriarcas entre los miembros de familias especiales.

1. Jesuit Relations (edición de Thwaites). Citado en A:F:C: Wallace, “Dreams and Wishes of the Soul” a type os psychoanalytic theory among the 17th century Iroquois, American Antropologist, v.60, abril de 1958.

2. J.N.B. Hewitt: “The Iroquoian Concept of teh Soul”, Journal of American Folklore VIII, 1985.

3. Kilton Stewart, Dream Theory in Malaya, publicado en Charles T. Tart, Altered States of Consdciousness, Doubleday & Co., Nueva York, 1969.

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Tomado del segundo capítulo de La puerta del chamán de Stephen Larsen , Editorial Martínez Roca, Barcelona, 2000.

 

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