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MIS
EXPERIENCIAS

CON LA ABUELA
AYAHUASCA

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BUCEANDO EN VIDAS PASADAS

Tercera Comunión con la Abuela Ayahuasca

(un mes después que la segunda)

 

 
Preámbulo

 

Mi Tercera Comunión con ayahuasca fue bastante diferente a las dos anteriores. No logré contactar con mi Ser al mismo nivel que las ocasiones anteriores y no obstante, aprendí mucho. Recibí justo lo que necesitaba en el momento que lo necesitaba. Pero es hasta ahora, a la distancia, que lo veo con claridad. Esa noche sólo me encontraba contenta y muy agradecida porque, a pesar de que las cosas no amrcharon como lo había esperado, de alguna forma entendí que recibí mucho más de lo que "merecía". Visto a la distancia, ahora tengo bastantes claves útiles para mi crecimiento y las estructuraré conforme relate este tercer viaje.

 

El mecanismo de acción de la ayahuasca

Saludé a la Abuela Ayahuasca mientras sostenía frente a mi corazón el vaso que contenía el líquido a través del cual actúa sobre mi consciencia.

Mientras lo bebía quise saber cuál es su mecanismo de acción. Me concentré en la sensación del líquido bajando por la garganta y el esófago. Lo visualicé como hacen los farmacólogos: pintando la sustancia a investigar y siguiendo su ruta por el organismo. Vi que algunos rastros del líquido que se me ocurrió pintar de verde fosforescente se quedaban en mi boca y en todas las paredes del tracto gastrointestinal. Al llegar al estómago, gran parte de todo el torrente líquido se quedaba allí. En lo que supuse era el hígado, aparecían sólo unos hilos de luz pero estos hilos ya no eran verdes, sino amarillos. Después desvié mi atención hacia la música y cuando regresé a ver qué seguía ocurriendo en mi cuerpo, los hilos de luz amarilla estaban ya en mi cerebro. Algunos estaban instalados en el lado izquierdo. Supuse que estarían bloqueando la producción de algún neurotransmisor involucrado en las funciones que permiten las construcciones lógicas. Había otra porción de hilos de luz en la parte inferior del hemisferio derecho, pero en una capa muy profunda. Me pregunté si ese lugar sería ya parte lo que se conoce como el cerebro reptiliano. Pensé que debería estudiar más acerca de neurofarmacología o platicarle lo que estaba viendo a un neurofarmacólogo para confirmar su veracidad.

En eso recordé una escena en la que le hice una pregunta a Omar y en vez de responder, me contrapreguntó: "¿Quién quiere saber eso, tu Ser o tu ego?" Mi reacción ante el recuerdo fue de furia. Me sentí furiosa por haber rendido mi curiosidad ante una persona que quizá no sabía qué contestarme y en vez de decírmelo, me manipuló de la manera más infantil desactivando con ello mi curiosidad porque en adelante ya no me atreví a preguntarle casi nada.

Enseguida dirigí la furia contra mí por haber sido tan tonta y haber estado tan ávida de buscar un maestro, que me dejé embaucar durante todo un año antes de comenzar a dudar de él y cuestionarlo abiertamente. Luego me arrepentí del acceso de furia. Traté de comprender la dificultad y el dolor del autoengaño de Omar y traté de ser menos dura conmigo misma validando esa parte de mi vida como una fase inicial de mi búsqueda espiritual, pero lo que prevalecía a pesar de mis intentos era un estallido de furia acumulada.

Entonces opté por concentrarme en contactar con mi Ser y desde allí regresar al tema para lograr la comprensión que se me negaba en esos momentos. Me calmé un poco y pensé que la pregunta de Omar probablemente era válida, aunque definitivamente él la usó para no contestarme, más que para enseñarme. Al recordar algunas otras cosas que viví durante ese tiempo, me enfurecí de nuevo pensando en todos los "virus mentales" que permití que Omar me inoculara al mezclar verdades básicas con mentiras e interpretaciones egóicas que en esos momentos no sabía cómo desvincular.

Luego pensé ¡al diablo con esto! ¡Ya es tiempo de cortar con todas sus cosas de una forma definitiva! Y es que siempre que revaluaba las críticas que le hacía a Omar, de alguna manera terminaba otra vez embaucada. Así fue como "desperdicié" medio año más antes de decidirme a abandonar Tepoztlán y soltar todo lo que me ataba allá. En esos momentos aún estaba muy enojada y bastante confundida por toda la situación...

Se me ocurrió que lo mejor era concentrarme en hacer contacto con mi Ser y desde allí averiguar acerca del verdadero origen de mi curiosidad.

Así pues, me pareció que era hora de solicitar ayuda para salir de mi furia y dirigirme al Ser.

 

Dejando de jugar a la Princesa

Bebí una segunda dosis y después de un rato me visualicé en una burbuja que convertí en nave espacial. Me senté en medio de la nave y solicité respetuosamente la presencia de la Abuela Ayahuasca, de Rashil mi ángel y la de algún otro maestro presente dispuesto a ayudarme. No vi nada.

Pasó algún rato y seguía yo sola en mi nave. Recordando mi experiencia anterior, pensé que ellos ya debían estar allí sentados en las tres sillas que yo aún veía vacías frente a mí. Pensé que nuevamente estaban esperando a que yo me abriera a recibir su ayuda. Entonces les dije ¡Bienvenidos sean. Confío en que ya están aquí conmigo!

Después de unos momentos me pregunté cómo es que seguía sin verlos si confiaba en que ya estaban conmigo. Pensé, bueno, no importa que no los vea, ya están aquí. Pensé también que si así eran las cosas, no les importaría que les escogiera unos disfraces para poder "verlos".

A la Abuela Ayahuasca la visualicé entonces como a la única anciana impactante, sabia, elegante y sexy que he conocido y que me encanta. Era la delegada de un planeta benévolo y altamente esclarecido en la serie de "Babylon 5". A Rashil siempre me gusta verlo como un monje del templo de Shao-Lín con el cabello largo y una catana en la mano. Al otro maestro presente lo vi como el dibujo animado de un mago alquimista de la orden de Hermes que había en mi libro de Mage, un juego de rol que solía jugar hace años.

Los tres se estaban riendo y yo estaba feliz pensando en qué disfraz utilizar para mí porque ese día no tenía ganas de ir vestida de princesa. De pronto se me ocurrió que aquel era un buen momento para dejar de jugar, para "ponerme seria" y explorar otros aspectos. Desaparecí los disfraces y dejé las tres sillas vacías de nuevo. Quería verlos como son o verlos al menos como ellos quisieran presentarse ante mí en aquellos momentos. Esperé un rato y todo seguía igual, entonces les pregunté por qué no podía verlos. Alguien me contestó: "Porque aún no tienes ojos".

 

El mecanismo de acción de mi parálisis

He crecido en un medio en el que el conocimiento enorgullece y la ignorancia es motivo de vergüenza. Y esta creencia, ahora lo veo con claridad, ha permeado todos los aspectos de mi vida.

Dentro de mi desarrollo espiritual, siempre he sentido cierta clase de vergüenza frente a las personas que saben más que yo o que manifiestan alguna clase de habilidad "paranormal" de la que yo carezco. Lo cual incluye a prácticamente todos los que he conocido en este breve camino porque yo he comenzado desde el cero absoluto. Tengo amigos que ven los campos áuricos, otros que se convierten en animales o en los objetos que miran, otros que sienten las energías de los lugares o de las personas, otros que cuando meditan se convierten en lagos, otros que ven lo que va a ocurrir, otros que fotografían y hablan con inteligencias extraterrestres, otros que viajan en astral, otros que canalizan ángeles, etc. Pero yo nunca he manifestado ninguna de estas habilidades hasta la fecha.

Al rodearme de ellos, siento lo que siente mi madre frente a sus amigas que poseen un título universitario. Mi mamá se siente ignorante y se avergüenza por no haberse titulado. Lo peor es que a pesar de su gran potencial, se priva de hacer varias cosas por la falta de confianza que le produce el no tener un título universitario como aval. Me parece que de alguna forma ella siente que ya está muy grande o que no se lo merece o que no va a poder obtener un título, porque a pesar de las evidentes oportunidades, se boicotea a sí misma y sigue sin entrar a la universidad refugiándose en diferentes pretextos.

Bueno, pues el mismo patrón había estado operando en mí tratándose de los "poderes espirituales", por llamarlo de alguna manera.

Regresando a mi nave vacía, cuando escuché que aún no tenía ojos para ver a mis maestros, en lugar de pensar "bueno, pues me gustaría desarrollarlos”, y preguntarles qué necesito para comenzar a hacerlo, me sentí muy avergonzada y culpable por no tenerlos aún.

Me extravié en la vergüenza y en la culpa de ser una guerra espiritual, pero no ser lo suficientemente "evolucionada" aún como para tener ojos para verlos. Lo cual puede que ni siquiera sea así, pero el caso es que así lo pensé en esos momentos y allí me quedé atrapada.

Me he dado cuenta de que esto es en esencia una versión más sofisticada del mismo problema que me ocurrió al compararme con Christian durante la experiencia anterior. Ahora comprendo que esta trampa de mi ego va a seguir actuando mientras no encuentre y desactive aquello en lo que se sustenta, que es un antiguo círculo cerrado de vergüenza - culpa - sentimiento de insuficiencia - vergüenza - culpa ... etc.

Durante el resto del viaje recibí claves que me están ayudado a descubrirlo, aunque en aquellos momentos no las reconocí como tales. Esto es algo de lo que apenas me estoy dado cuenta dos meses después, cuando por otros caminos y en otras circunstancias, he comprobado que la mejor arma para luchar contra mi ego es la honestidad total y despiadada.

He decidido revisar la experiencia de mi tercera comunión bajo esta óptica, así es que continúo.

 

Viajando "a ciegas"

Además de avergonzarme y culparme por no tener ojos aún, ¡también hice un gran berrinche! Me porté como niña chiquita y dije "¡OK, si no tengo ojos, deveras no tengo ojos!" Esfumé la nave y renuncié a utilizar mi imaginación visual durante el resto de la experiencia.

Enseguida me quedé a oscuras y siguiendo con mi berrinche, me puse a llorar de coraje y de amargura. En la desesperación pensé que los dos viajes anteriores me había estado engañando a mí misma porque si no tenía ojos, ¿con qué vi lo que vi, e hice lo que hice? Ahora comprendo que una cosa no tiene nada qué ver con la otra, que al igual que la "mente parlante", la visualización puede ser usada tanto por el ego como por el Ser. También comprendo que mi Ser ha hecho maravillas con las herramientas y archivos que ha encontrado en mi cerebro. Y sé también que existe la posibilidad de crear herramientas y programas más sofisticados de percepción, pero eso lo sé ahora que he investigado y me han ayudado a comprenderlo. En esos momentos no sabía nada, no comprendía nada, y en pleno berrinche, ni siquiera era capaz de escuchar nada.

Lloré pues hasta que me tranquilicé un poco y me quedé tendida boca abajo. Entonces me puse a escuchar la música porque ya no sabía qué más hacer.

Supongo que como estaba tan cerrada, y mi Ser y mis maestros son tan hábiles que ya sabían que yo no iba a escuchar ni a ver nada, usaron una estrategia fantástica. De pronto percibí un fuerte olor a cuero, como el de una chamarra nueva. Abrí los ojos y no vi nada que pudiese estar provocando ese olor cerca de mí. Volví a cerrarlos y el olor se intensificó aún más. Los abrí para cerciorarme de que no hubiese algún objeto de piel a mi alrededor y efectivamente así era. Cerré de nuevo los ojos y aspiré el olor.

En algún punto me quedé como paralizada. Ya no pude abrir los ojos, ni pude moverme más. Sabía que con un esfuerzo extremo de voluntad podría hacerlo, pero no tenía ganas de esforzarme así es que me dejé llevar. Pensé que lo mejor sería quedarme tranquila y explorar lo que podría ocurrir en ese estado de inmovilidad total.

Después de un rato me di cuenta de que me estaba doliendo la pierna izquierda, toda completa, pero especialmente la rodilla. Como he leído que los problemas con las rodillas tienen que ver con cuestiones de ego y orgullo, dije "sí, gracias cuerpo por recordarme que el ego me está ganando la batalla, pero eso ya lo sé, ¡no seas sarcástico y déjame en paz!" Quise reírme y me reí, pero sólo internamente ya que no podía mover ni un músculo de la cara. Cuando puse atención a mi cara sentí que todo el lado derecho estaba completamente hinchado.

Me concentré en sentir cada parte de mi cuerpo y me di cuenta de que no estaba en el mío, es decir, no estaba en el de Karina; estaba en un cuerpo que había sufrido un accidente, un cuerpo que tenía la pierna izquierda por lo menos fracturada sino es que completamente destrozada, y la cara desfigurada; especialmente el lado derecho. Quise abrir los ojos de ese cuerpo -que por alguna razón sentí masculino- pero no pude.

Don’t panic, don’t panic, it will go away... comencé a hablarme en inglés como hago siempre que estoy en situaciones extremas.

Durante la primera comunión con ayahuasca me ocurrió algo parecido, estuve momentáneamente en el cuerpo de un hombre, los ojos de ese cuerpo estaban abiertos y pude verlo. No me dio nada de miedo porque no me sentía inmovilizada, a pesar de ello regresé a mi cuerpo con sólo pensarlo porque tenía prisa por hacer algo que quería hacer antes de que se terminara el efecto. Cuando después se lo comenté a Juan, me dijo que no había problema, que te puedes quedar para explorar sin temor; así es que en esos momentos pensé, bueno, pues ahora no me queda de otra más que dedicarme a explorar.

Pero no podía explorar nada externo porque no lograba abrir los ojos. Fearless, fearless, princess. Lo único que podía hacer era sentir el cuerpo inmóvil y deformado y percibir el intenso olor de la chamarra de cuero que llevaba puesta ese cuerpo. Entonces imaginé que veía el cuerpo desde afuera y lo que vi fue una sábana blanca cubriendo un cuerpo en una plancha. Había un pedazo de chamarra descubierta y pude ver que era negra. Como aún estaba en el berrinche, deshice la visión y dije, ¿cómo puedo estar viendo esto si no tengo ojos! Lo único que estoy haciendo es imaginar que fui un bastardo beatnick gringo... y si así fuera, para acabarla de amolar sería un acuariano porque según se desprende de la ropa, tendría que haber sido la vida inmediatamente anterior ¡y en mi carta astral el nodo sur lo tengo en acuario!

Después de un rato pensé que eso explicaría mi empeño en escribir un ensayo que hice hace tiempo sobre los beatnicks y las hechiceras para exponer las diferencias encefálicas y anímicas entre las inteligencias masculina y femenina.

Los beatniks usaban muchas drogas, anhelaban la iluminación, corrían en pos del Satori y dejaban a su paso una estela de víctimas involuntarias de su frenética carrera. Pensé: 'bueno, si fui un beatnick la vida anterior, en esta vida ya me he encargado de comprender y de pagar el karma que seguramente generé siendo un desapegado acuariano...'

Luego pensé que nada de eso era cierto, ni era comprobable, que lo más seguro era que yo estuviese proyectándome... fantaseando que fui un beatnick al relacionar los únicos datos de los que estaba absolutamente convencida: que estaba atrapada en el cuerpo muerto de un hombre que pereció en algún tipo de accidente llevando puesta una chamarra negra de cuero, que en realidad podía no ser negra porque yo aún no tenía ojos!!!!

En eso volví a enojarme y con la energía del enojo abrí los ojos. No los del presunto beatnick, sino los míos. Recuperé la movilidad sin ningún esfuerzo. Volví al tema de los ojos y pensé que podrían pasar años o siglos, toda una vida o varias más, antes de que tuviera los dichosos ojos que me permitieran ver a mis maestros para comunicarme con ellos y comenzar a recibir las instrucciones para hacer todo lo que necesitaba hacer a fin de alcanzar la iluminación y salirme de la rueda de la reencarnación y librarme del sufrimiento y... estaba tan desesperada y angustiada que me puse a llorar sin control.

Manuel vino a ver qué me ocurría y me abracé a él y lloré y lloré. Mientras lo hacía, supuse que la misma angustia y desesperación habría sentido el beatnick muerto, tan cerca como se sentía del Satori antes de sufrir aquel aparatoso accidente. Sentí que habría estado aún más desolado y desconsolado que yo cuando ya no pudo mover aquel cuerpo, cuando se dio cuenta de que estaba muerto y ya no podía hacer nada para regresar a su cuerpo y tendría que esperar hasta la siguiente reencarnación sufriendo y equivocándose durante años hasta volver a alcanzar el punto en el que, al menos por unos instantes, lo viera todo tan claro y tan fácil como lo vi yo durante las dos experiencias anteriores: al sentir que al fin había llegado el piloto a la nave que es mi cuerpo, y al sentir después que al fin estaba en el planeta con pleno poder y conciencia... todo lo cual me parecía un sueño muy lejano en esos momentos de angustia y desesperación.

Aunque no estoy plenamente segura, cabe la posibilidad de que efectivamente yo sea la siguiente reencarnación de ese presunto beatnick. Y si no es así, si esa fue sólo la proyección que mi mente le dio al conjunto de sensaciones que percibí, lo cierto es que en esos momentos yo experimenté todo ese miedo y toda esa enorme angustia que salió de mi cuerpo a través de todo lo que lloré en brazos de Manuel.

Muchísimas gracias Manuel Cóndor. Lloré hasta que me cansé en tus pacientes y amorosos brazos.

Cuando recuperé la calma me sentí muy agradecida por haber tenido la oportunidad de desahogarme así.

 

Tatuaje kármico de un ego impaciente

Me senté y estuve pensando que haber muerto en alguna clase de accidente que involucrara el acto de conducir explicaría al menos dos hechos inexplicables en mi vida: a) el miedo que tenía cuando conducía (ya he dejado de hacerlo porque chocaba muy seguido, nunca me podía estacionar en espacios pequeños y en general me provocaba demasiada tensión) y b) un problema que siempre he tenido justo en la rodilla izquierda.

Siempre he disfrutado de un cuerpo muy sano y resistente pero cada que subo una escalera, algo truena en mi rodilla izquierda y el sonido me choca; quizá nadie lo escuche pero a mí me incomoda bastante (y mucho más desde que leí aquello de su relación con el ego y el orgullo). Nunca me he fracturado nada, nunca he sufrido ningún percance físico al que pueda atribuirle esa falla. Durante algún tiempo probé algunos remedios para arreglarlo, pero nada me sirvió, así es que finalmente lo dejé estar.

En esos momentos, me pareció clarísimo que aquél sonido justo al subir, no al bajar o al caminar en plano, era un recordatorio constante de mi necesidad de tener paciencia, de mi necesidad de abandonar mi prisa permanente por "evolucionar" buscando siempre los caminos más cortos y más fáciles.

Pensé: lo peor que podía ocurrirle al beatnick era morirse antes de alcanzar el Satori y le ocurrió. Se murió y no escapó de la rueda de la reencarnación. Y gracias a ello es que yo estoy aquí. Gracias a ello estoy viviendo este personaje femenino que cada día se pone más interesante y me gusta más. Así es que lo peor para él ha sido lo mejor para mí. Por lo tanto, si yo me muero antes de llegar a la iluminación, algo mejor vendré a representar la próxima vez, así es que ¿cuál es la prisa? Además y ultimadamente, ¿para qué quiero dejar de reencarnar si aquí en la Tierra todo está cada día más interesante? Al beatnick le daba mucho miedo tener que venir a sufrir de nuevo. Seguramente él sufrió mucho antes de llegar a donde sea que creyó haber llegado; pero la verdad es que yo he tenido muy pocos motivos externos de sufrimiento. He tenido una auténtica vida de princesa que si no he sabido disfrutar más, ha sido únicamente por mi prisa, mi círculo de culpa-vergüenza-insuficiencia y mi sensación de no merecimiento. Cosas que viéndolo bien, no es imposible erradicar y cosas que, al igual que este tatuaje kármico de mi rodilla izquierda, quizá sean herencia negativa de vidas que nada tiene que ver con esta.

En esta vida he sido inusualmente afortunada y lo único que en verdad me hace falta es dedicar más tiempo a gozar de mi buena fortuna.

"El premio de la paciencia es la paciencia", decía San Agustín, y yo me lo había repetido varias veces porque nunca había logrado entenderlo. Creo que al fin estoy comenzando a vislumbrar lo que quiso decir.

 

Non-Resident-Beings

Después de comprender el asunto de mi rodilla, pregunté por qué no podía saber más sobre esa vida pasada mía en la que tuve ese accidente y por qué había estado tan renuente a revisar el tema de la muerte y las vidas pasadas con anterioridad.

Pensé que había algún programa mental que me impedía acceder a esa información y entonces recordé una creencia anterior que sostuve durante mucho tiempo, tanto que incluso ya estaba olvidado: que yo no provenía de este planeta y esta era mi primera encarnación aquí.

Todo comenzó al apropiarme de una idea que se le ocurrió a mi amigo Jean-Pierre sobre los derechos y obligaciones de los N-RB (Seres No Residentes) en este planeta. Se supone que estos seres no forman parte del proyecto de la Tierra, no están cursando lo que sea que se esté cursando en este planeta, sino que vienen de otras galaxias con otros proyectos a visitar este mundo encarnándose en él, por lo que no tienen vidas pasadas ni compromisos kármicos anteriores.

A partir de esa idea que me fascinó, yo desarrollé un cuento de una princesa de visita en la Tierra. Me apropié de mi propio personaje y jugué con él durante mucho tiempo involucrando incluso a otros a quienes les presentaba el juego ya montado sin explicarles que se trataba de un juego mío. Estaba tan involucrada en mi juego que llegué a soñar episodios completos que me hacían dudar de que fuese un juego. Aún ahora que lo escribo tengo la duda, pero no hay prisa, ya lo sabré. El caso es que a partir de esto que recordé de los NR-B estuve analizando en retrospectiva mi relación con Jean-Pierre y comprendí por qué nos conviene más suspender nuestra amistad, si no durante toda esta vida, al menos sí por una larga temporada.

Durante toda mi investigación con sustancias psicoactivas siempre me he preciado mucho de no usar drogas evasivas, pero en esos momentos entendí que no había mayor evasión que la que JP y yo practicábamos juntos alimentando nuestras respectivas fantasías y fusionándolas en ocasiones para crear mundos en los que habitábamos prácticamente solos, sin enfrentarnos al trabajo con nosotros mismos que sólo puede librarse aquí afuera, en las acciones cotidianas y en la interacción con los demás.

Por supuesto en cuanto lo vi me sentí muy culpable del delito de evasión. Recordé todos los cientos y cientos de páginas que hemos dedicado a evadirnos escribiendo tonterías (en ese momento mis ensayos, mi novela, mi libro de drogas, mis tesis, mis cuentos, todo lo que he escrito yo, y todo lo que ha escrito él, las 600 páginas de su primer ensayo de filosofía matemática dimensional y todas las otras páginas que se han derivado de allí, me parecían absolutas tonterías sin sentido, sin utilidad, sin valor alguno).

Sentí mucha vergüenza por los árboles, la tinta y las horas desperdiciadas en escribir aquellas cosas. Hasta que Rashil, o alguien que no fui yo, eso seguro, me dijo que viera el lado positivo del caso, me dijo que me imaginara lo que podríamos llegar a hacer con esas mentes si lográbamos ponerlas a trabajar al servicio de nuestros respectivos Seres Superiores. Me dijo que de hecho ya estábamos haciéndolo, que todo el mundo lo hace por el simple hecho de estar aquí, pero podríamos llegar a hacerlo de una manera más elegante y sin interferencias. Eso me calmó bastante.

Lo malo es que enseguida pensé que pasarían años y años antes de que, al menos yo, lograra controlar mi indomable mente y librarme de las interferencias de mi ego y de los egos de los demás y eso si tales interferencias no se referían también a las de otros seres... etcétera. De inmediato caí en una gran frustración.

Este es un excelente ejemplo de cómo algunas veces mi cerebro corre desbocado hasta arrinconarme en sitios en los que sólo puedo sentir desesperación o depresión. Unos instantes después recordé la rodilla y escuché: "Paciencia, paciencia, no hay ninguna prisa. Tu esencia es la paciencia que promueve incondicionalidad. La impaciencia es sólo una trampa del ego y conduce a esquinas cerradas del laberinto, esquinas que ya visitaste. Muévete ahora con paciencia que es la única manera de avanzar permanente y consistentemente hacia el centro, hacia tu centro, hacia tu Ser. Si en verdad quieres saberlo, no hay vía más rápida ni más corta que la paciencia perseverante."

Entonces estuve recordando cómo es que mi avidez por la lectura y la investigación empírica me han llevado a enterarme de cosas que enseguida quiero hacer o tener o ser. Cosas que requieren un proceso para ser adquiridas. Procesos que por supuesto no he llegado a completar porque a las primeras de cambio ya he deseado alguna otra cosa y he corrido tras ella dejando el proceso inconcuso... varias veces.

Por supuesto me sentí avergonzada, culpable e insuficiente por haber vivido en esta prisa permanente tanto tiempo... Pero gracias a Dios, allí estaban mi Ser, Rashil, la Abuela Ayahuasca o algún otro maestro y no me dejaron caer en esos abismos circulares en los que he desperdiciado horas y horas de energía en esta vida. Enseguida me hacían ver la parte positiva del recuerdo del proyecto abandonado que estuviese rememorando.

 

Sliding doors

Cuando me sentí tranquila y evidentemente acompañada estuve haciendo otras preguntas respecto al tema de la sesión que era la muerte y el karma. Alguna vez vi una película que me causó mucho impacto, miedo y enojo: Sliding doors. Pedí que se me explicara cómo es que la protagonista vive dos vidas paralelas tan diferentes, a partir de una bifurcación aparentemente intrascendente (que consiste en subirse o no subirse a cierto vagón del metro) antes de llegar a un evento teleonómico o punto común, que según yo, podría ser una cuestión de karma.

En la secuencia en la que no se sube al vagón, la vida de la protagonista es bastante miserable y sufre mucho antes de llegar al punto común; en la otra secuencia todo le sale bien y es bastante feliz antes de llegar a dicho punto. La respuesta que recibí fue que no me perdiera en eld etalle del vagón -que sólo era intrascendente en apariencia- y que me concentrara primero en la "moraleja" de la película: "La vida tiene un guión general y mucho espacio para la improvisación. El guión general está configurado a partir de ciertos puntos teleonómicos, destinales o kármicos, dictados por lo que tu Ser Superior esté aprendiendo en cada encarnación. La forma en que tú llegues a estos puntos depende de ti. Puedes aprender mientras desperdicias tu energía corriendo, tropezándote y cayéndote; provocando dolor y frustración, o puedes aprender elegantemente, concentrando tu energía, actuando sin precipitación, disfruntando del paisaje y sintiéndote feliz... Ambas actitudes frente a la vida pueden llegar a modificar los puntos teleonómicos, así es que la cosa es más compleja y al mismo tiempo es más sencilla de lo que parece."

Una vez que entendí esto, la cuestión del vaón me quedó muy clara: no es una causa sino una consecuencia. Es parte de la metáfora mayor: como consecuencia de una vida en la que los acontecimientos fluyen, ella entra al vagón antes de que éste se cierre; mientras que como consecuencia de una vida en la que la energía se constriñe de forma permanente, ella corre pero no llega a tiempo, el vagón se cierra; como tiene prisa, decide irse caminando, sale del Subway, es asaltada, etcétera. Literal y simplificadamente se trata de dos formas de ir por la vida.

Aclarar todo esto me ha servido muchísimo porque la peor opción de vida de esta personaja, refleja algunas circunstancias de los últimos años de mi vida en pos de la iluminación, que como Juan me ayudó comprender, ni siquiera sé que significa aún.

 

 

 

Nota para los que estén interesados en el tema de las vidas pasadas
Después de esta experiencia he estado investigando má acerca del asunto y he encontrado bastante útiles e ilustrativos los siguientes libros:

* Newton, Michael: La vida entre vidas, Robinbook, Barcelona, 1995.
* Newton, Michael: Destino de las almas, Lewellyn español, USA, 2004.
* Weiss, Brian: Muchas vidas, muchos maestros, Punto de lectura, Madrid, españa, 1999.
* Weiss, Brian: A través del tiempo, Punto de lectura, Madrid, españa, 2001
* Woolger, Roger: Otras vidas, otras identidades, Martínez Roca, Barcelona, España, 1991.
* McLaine, Shirley: Lo que sé de mí, Plaza & Janes, España, 1980.
* Sogyal Rimpoché: El libro tibetano de la vida y de la muerte, Urano, Barcelona, España, 1994.

Para saber más visita el resumen que hice en www.mind-surf.net/vidaspasadas.htm

 

Esta es la imagen escaneada de la acuarela que hice para representar las vivencias
que tuve durante mi tercera experiencia con ayahuasca:

Título: "Buceando en vidas pasadas"
Técnica: Acuarela y tinta china sobre papel

Dimensiones: 30 x 22 cm
Autora: Karina Malpica

 

 

 

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