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MI CUERPO: VEHÍCULO DIVINO DE KARAEL
Sexta Comunión con la Abuela Ayahuasca (un mes después de la quinta) |
PreámbuloMi Sexta Comunión con la Abuela Ayahuasca fue verdaderamente espectacular y mística de principio a fin. Recibí invaluables lecciones. Justamente las que más me hacían falta en esos momentos, como siempre, ya que la Abuela es una maestra respetuosa y exquisita. Tuve la grandiosísima oportunidad de experimentar algo de lo que Buda me habló en la comunión pasada y que no había entendido cabalmente: la desidentificación con el cuerpo físico, que es un elemento más del mundo material, de la ilusión física. También estuve aprendiendo cosas sorprendentes sobre el poder de la oración, la óptica del amor, mi Ser Superior y nuestra relación con Dios y algo muy trascendente para mi crecimiento personal que fue haber visto el anillo de la culpa en la que me encontraba atrapada sin saberlo. El
tema de esta experiencia era meditar sobre el mantra
O mani penme ho: Oh Dios, tú que estás en la joya de loto de mi corazón.
Comenzando
sin tensión
Llegué muy tranquila y por primera vez, sin planes para experimentar nada específico. La noche anterior estuve meditando con mi amiga Sophie dentro del Círculo de Fuerza que hay en casa de Omar y Lauri. Desde allí hablé con la Abuela Ayahuasca y le pedí que por favor se hiciera cargo de mi ego ella sola para que yo no tuviera que desperdiciar una primera parte de mi viaje luchando con él o huyendo de la lucha. A cambio le prometí que esta vez haría mi mayor esfuerzo para relajarme, soltar el control y entregarme a ella con plena confianza y sin expectativas. Así es que tan pronto nos instalamos, me concentré en agradecer a Dios la oportunidad de estar de regreso en Tepoztlán, en el Palacio de Marga y Joaquín, cerca de la naturaleza y con gente que conozco y amo tanto. Después estuve pidiendo por todos los presentes, para que la Abuela Ayahuasca nos ayudara a recibir lo que cada uno de nosotros necesitábamos en esos momentos para nuestro crecimiento. Y luego me puse a agradecer a Dios los cambios tan positivos que había observado a mi regreso, después de casi seis meses de ausencia. En eso estaba cuando Juan repitió unas palabras de Buda: "el hombre es lo que sus pensamientos son". Me alegré mucho porque en esos precisos momentos mis pensamientos estaban dirigidos a Dios y eran de amor y agradecimiento. Poco después saludé a la Abuela Ayahuasca y me la bebí con mucha gratitud y emoción. Hice un parcial "desplegamiento de espinazo" (que Tony Munné me enseñó para alinear las vértebras relajando los músculos de la espalda), y casi en cuanto me enderecé, perdí el control de mi cuerpo que se quedó suspendido... ¡verdaderamente estacionado en una de las posiciones que siempre me habían resultado más incómodas e insostenibles: con las piernas cruzadas en medio loto y la espalda recta! Y así se quedó durante muchísimo tiempo hasta que yo pedí permiso para recuperar la movilidad...
El milagro de mi cuerpo estacionado Mientras permanecía inmóvil, ¡sin sentir ningún dolor, ningún asomo de incomodidad o molestia! comprendí que todas esas cosas provienen de mi mente y de mis emociones. Me vi "estacionada" dentro del enorme cuarzo de amatista que había en la sala, y desde esa perspectiva, comprobé que mi cuerpo tiene la capacidad de permanecer indefinidamente inmovilizado en cualquier posición, sin ocasionarse ni un solo problema; sin que -como en esos precisos momentos-, el peso de una pierna sobre otra provocara el hormigueo o el entumecimiento que siempre había sentido después de unos cuantos minutos de sostener esa postura; sin que la columna se doblara hacia delante y los hombros se cerraran por la contracción de los músculos; sin que los brazos se cansaran de estar sobre las piernas o éstas de sostenerlos... Fue un verdadero milagro para mí, dado mi historial de desconexión con mi cuerpo físico. Mientras atestiguaba este portentoso milagro, experimenté la inteligencia de mi cuerpo depositada en cada una de las células que lo componen y comprendí cómo es infinitamente más inteligente que mi mente limitada (que es su estado en este periodo). Gracias a Dios, tuve la invaluable oportunidad de fijar mi atención en la asombrosa complejidad de algunas de las funciones principales de mi cuerpo: en la circulación sanguínea, en la distribución hormonal que regula la menstruación, en el sistema de defensa y en la respiración. Sin embargo, esta enseñanza no se realizó externamente y a nivel mental, como en las clases de la escuela o en los videos del Discovery Chanel. Esto fue algo sumamente mágico e indescriptible y gracias a ello, ahora sí me queda perfectamente clara la diferencia entre tener conocimiento sobre las cosas y tener conciencia sobre las mismas. Por más excelsa que pudiera llegar a ser mi descripción, sé que leída desde fuera, en vez de recordada desde el interior, no resultaría sino un simple esquema. Definitivamente algo así no puede ser experimentado si no es por intermediación divina. Dado lo cual, antes de comenzar mi recuento, a priori destinado a ser simple sombra de la realidad, sólo puedo escribir con profundo respeto: GRACIAS DIOS. GRACIAS ABUELA AYAHUASCA. GRACIAS CUERPO MÍO.
La inteligencia central que mantiene mi cuerpo vivo Al inquirir sobre la localización de esa
inteligencia central vi que no estaba ubicada en mi cerebro ¡sino en
mi corazón! Cuando fijé mi atención en él, salí de
la visión cuántica y me concentré en la energía que generaba el fenómeno
rítmico de sus latidos y en las implicaciones de este ritmo capaz de
regular la distribución de la sangre en todas y cada una de mis venas.
Comencé a comprender que mi cuerpo se cuida
y se mantiene prácticamente solo. Vi que la ayuda que yo le doy al ingerir
alimentos, al limpiarlo o al ejercitarlo, es verdaderamente mínima y
sencillísima en comparación con la complejidad de las múltiples tareas
que él lleva a cabo por sí mismo y en muchas ocasiones, a pesar mío,
esto es: a pesar de mis obstrucciones conscientes e inconscientes. En algún punto Juan
vino a preguntar si me sentía igual o diferente. Le contesté: "Diferente,
pero quiero más", porque la vez pasada, aunque el efecto comenzó
antes de ingerir el contenido del vaso (de hecho aún antes de tenerlo
entre mis manos), se acabó más pronto de lo que yo esperaba...
Después de
estar siguiendo el ritmo cardiaco por un buen rato, me di cuenta de
que la energía que lo producía no era mía. Era para mí, pero no era
mía. No provenía de mí, no dependía de mí, ni estaba bajo mi responsabilidad
mantenerla allí para que bombeara mi corazón. Logré tomar
conciencia de que esa inteligencia central que atrae la energía al corazón,
mantiene la cohesión y da instrucciones a cada elemento, está al servicio
de Dios y de mi Ser Superior, colaborando conmigo para permitirme estar
en el plano material, adentro de un cuerpo que, al no depender de mí,
no es mío; pero al poder ser afectado por mí, es uno conmigo. Hasta entonces comprendí que verdaderamente, mi cuerpo es un vehículo, una máquina biológica inteligente de la que yo soy sólo un huésped, un pasajero que aún no es plenamente tripulante, pero gracias a la voluntad de Dios está recibiendo un extraordinario entrenamiento para llegar a serlo... Mi cuerpo, vehículo Divino cuya inteligencia no regulo, materia conciente que me está prestada, es una unificación de partículas sensibles e inteligentes exquisitamente sintonizadas para que yo pueda impactar el mundo físico. Al descubrir esto comprendí que mi cuerpo físico, como ya me había explicado Buda, es un elemento más del mundo material, una forma entre las múltiples formas que puede adoptar la conciencia en el mundo de la ilusión física. En este punto andaba cuando recibí de Juan mi segunda dosis. La sujeté entre mis manos frente a mi corazón agradeciendo la oportunidad de alargar mi viaje; luego quise beberla, pero no pude... No pude iniciar ni uno sólo de los movimientos necesarios para acercar el vaso a mi boca. Me sorprendí muchísimo de que mi cuerpo me hubiese permitido recuperar la movilidad para solicitarla y para recibirla, y ahora no me dejara beberla. Había estado tan absorta en mi interior que los movimientos requeridos para realizar ambas operaciones me pasaron desapercibidos y ni siquiera me detuve a pensar que ya había recuperado la movilidad en ninguna de las dos ocasiones en que pude hacerlo. No obstante, en esos momentos me encontraba de nuevo sin ningún control sobre mi vehículo. ¡No podía moverme para beber! Mi cuerpo estaba jugando conmigo, demostrándome su capacidad de autonomía y a la vez su permanente servicio a las órdenes de mi voluntad. Eso me provocó mucha risa y supongo que a mi asombroso cuerpo también porque me permitió efectuar los movimientos necesarios para que mi cara se riera conmigo, aunque no por ello me devolvió la voluntad sobre el resto de mi cuerpo. Lo cual me hizo reírme aún más para festejar el poder de su inteligencia selectiva. Cuando mi cuerpo dejó la cara estacionada en una sonrisa justo frente al vaso que sostenían mis manos, no pude sino darle gracias a Dios por permitirme estar dentro de un vehículo tan noblemente inteligente, pero sobre todo, le di las gracias por permitirme comenzar a percatarme de ello.
El
divino vehículo de la Abuela Ayahuasca Le pedí a mi cuerpo que por favor me diera chance de efectuar los movimientos necesarios para beber mi segunda dosis. Pero no quiso. Permaneció estacionado para que yo tuviera oportunidad de percatarme de que esa segunda dosis ya estaba dentro de mí debido al simple hecho de tener el vaso que la contenía entre mis manos. Mientras observaba mi postura inmóvil con el vaso entre las manos, justo frente a mi corazón, comprendí, e incluso llegué a percibir levemente, que el campo etérico del líquido contenido en el vaso estaba ya dentro del campo etérico del cuerpo que me contiene a mí. Entonces vi que por la simple mezcla de ambos, la Abuela ya estaba actuando sobre mi conciencia... Gracias a ello entendí por qué la ocasión pasada en Guadalajara, su efecto comenzó antes de que yo la bebiera, en cuanto convoqué su ayuda para enfrentar lo que estaba sintiendo aquel día antes de comenzar la sesión. Comprendí que aquella segunda dosis contenida
en el vaso de plástico que aprisionaban mis manos en Tepoztlán, era
-al igual que el mío- un vehículo. Un vehículo elaborado a través de
la alquimia de dos plantas sagradas cuya combinación es capaz de anclar
y contener el noble y poderoso espíritu de la Abuela Ayahuasca.
Pensé también que eso se debe más a una
convención nuestra que a una necesidad intrínseca suya. Creo que ella
es lo suficientemente poderosa como para actuar con nosotros a distancia,
sin embargo, esta convención de actuar hasta que el líquido esté dentro
de nuestros cuerpos físicos o por lo menos dentro de nuestros campos
etéricos, es su forma de respetar nuestra voluntad, de aguardar nuestra
invitación a entrar, de convocar nuestra participación para realizar
una verdadera Comunión... Habiendo descubierto lo anterior, caí brevemente en uno de mis vericuetos mentales y estuve efectuando algunas especulaciones científicas para tratar de calcular si la calidad y la duración de la experiencia tenía alguna relación directa con el hecho de que la Abuela actuara sólo a través del campo etérico o en éste y en el cuerpo físico a la vez... Hasta que me di cuenta de lo que estaba haciendo: estaba platicando sola y al hacerlo me encontraba desperdiciando el tiempo en procurarme hipótesis plausibles en lugar de estar callada atendiendo a la enseñanza de la Realidad que estaba ocurriendo justo frente a mí, justo en mí. Pedí disculpas por la interrupción y un poco avergonzada, solicité de nuevo a mi cuerpo que me dejara moverlo para poder tomarme mi segunda dosis y estar en paz. Le expliqué que mi mente aún necesitaba más entrenamiento para estarse callada y que además, aún tenía rezagos de la creencia de que tener a la Abuela físicamente dentro y en mayor cantidad era mejor; por lo que, dadas las circunstancias, beber esa segunda dosis me ayudaría a continuar la experiencia sin tener la preocupación de que el efecto se acabara "antes de tiempo", como me sucedió en Guadalajara con una sola dosis. Después de atender a mi explicación, mi cuerpo me permitió recuperar el movimiento para hacer mi voluntad. Pero en cuando sonreí agradecida después de beberla, volvió a congelarse. Me sentía tan fascinada por estar en presencia de una inteligencia tan indulgente y capaz atender a mis requerimientos sin dejar por ello de ser firme y continuar con las lecciones necesarias, que mi alma se inundó de una inmensa gratitud. Embargada de ella le pedí al Espíritu Santo que me permitiera proseguir con mi entrenamiento. Justo en esos momentos, comencé a sentir mi rostro cada vez más rígido y contraído hasta que lo experimenté como una especie de máscara. Segundos después sentí que mi cuerpo era el cuerpo inmóvil de una mantis, y recordé que tenía una cita con ella.
El día anterior Siboney me llamó por la noche y me dijo mientras señalaba hacia un sitio específico en la pared: "Mira quien vino a visitarte... Seguro sabía que ibas a venir porque hace muchísimo que no vemos una por aquí." Me acerqué a saludarla y sentí que quería decirme algo, que quería transmitirme algo de alguna forma; pero como aún no confío plenamente en mi intuición y menos en lo que recibo fuera del efecto de alguna planta sagrada, le pedí que nos encontráramos al otro día en la sesión de ayahuasca. Me despedí de ella y me fui a dormir. Afortunadamente, por la mañana ya lo había olvidado y no hubo asomo de ansiedad que me impidiera el encuentro. Así pues, en esos momentos de la experiencia, mi vehículo fue por unos momentos el de la mantis que llegó a buscarme el día anterior. Sentí que estaba embarazada. En cuanto desvié mi atención de ese hecho, comprendí que había una poderosa razón por la cual la mantis me había dejado entrar en su vehículo justo en esos instantes en los que el mío se hallaba estacionado en la posición habitual en la que ellas estacionan el suyo, y justo cuando me encontraba implorando con gratitud al Espíritu Santo que me permitiera continuar con mi entrenamiento. Comprendí con absoluta claridad que allí estaba el mensaje que quería transmitirme: Era algo simbólico y no verbal: La postura me estaba enseñando la importancia y el imperativo de estar haciendo lo que había hecho justo unos momentos antes: orar para agradecer a Dios sus bendiciones y pedir que continuaran.
Resulta que a partir de mi reconciliación eucarística con Jesucristo, he regresado paulatinamente a mi abandonada costumbre infantil de orar con fervor. Pero cada que lo hacía, mi ego me interrumpía con pensamientos de inutilidad, con la sensación de estar desperdiciando el tiempo en lugar de responsabilizarme y emprender acciones concretas para crear o para cambiar yo misma aquello por lo que estaba orando. Gracias a la voluntad divina expresándose a través de mi Maestra mantis y gracias a este desafío planteado por mi ego, logré entender que una cosa no excluye la otra, que el hecho de solicitar algo a Dios, al Espíritu Santo, a Jesús o cualquier otro Maestro o entidad al servicio del Amor de Dios, no necesariamente significa que yo no tenga que hacer nada. A veces sí y a veces no, dependiendo de las circunstancias. Gracias a la transmisión de la mantis, lo cual es algo que no puedo explicar con palabras, de repente me quedó perfectamente esclarecida la profunda importancia de orar para pedir instrucciones; de orar para pedir por mí, por mis compañeros, por mi planeta; de orar para saber cuál es la voluntad de Dios y poder manifestarla en el plano físico, ya que para eso es que temporalmente estoy dentro de este asombroso y perfecto vehículo suyo que es mi cuerpo. Aprendí también que la oración individual tiene un poder sinérgico cuando se une a la oración de otros. Recordé que antes de comenzar la sesión, Juan dijo que haríamos algunos ejercicios de relajación corporal que finalmente no hicimos. En cuanto lo escuché, pensé que -enterado de mis problemas con la tensión acumulada en mi cuerpo- esos ejercicios estaban destinados a ayudarme a mí y a otros que pudiesen tener problemas para entrar a la experiencia por la misma causa. Entonces vi que esa preocupación traducida en el tipo de plegaria que Juan haya elevado solicitando ayuda tanto para mí como para todos los presentes, combinada con la plegaria en la que yo solicité ayuda para mí y para los demás, habían creado la sinergia que me estaba permitiendo recibir la enorme e invaluable concientización respecto a mi vehículo físico, que para mi sorpresa, apenas estaba comenzando... En
el resto de la experiencia, al hacer uso de la oración, ya fuera para
solicitar con gratitud o simplemente para agradecer algo, experimenté
que así elevada, la oración es una llave para llegar
a donde no puedo llegar sola y es a la vez, un tributo de amor y reconocimiento
a la grandeza y superioridad Divina que invariablemente escucha y responde. Este
reconocimiento me hizo sentir enorme alivio y confianza. Ahora veo que
puedo dejar de luchar, de esforzarme por
hacer un montón de cosas que aún no averiguo cómo se hacen y que en
realidad nadie me pide que averigüe, o que simplemente no es necesario
que yo haga puesto que hay cosas que Dios puede hacer infinitamente
mejor a través de otros canales... Finalmente estoy comenzando a comprender que hay cosas que sólo tengo que solicitar con fe y confianza y luego quedarme quieta en espera de la respuesta divina, ya que en definitiva no es posible invocar en vano a la inteligencia superior, al Espíritu Santo, o a cualquier elemento de la fuerza del Universo... De igual manera estoy entendiendo que esa respuesta divina puede manifestarse no sólo como una acción externa que ocurre milagrosamente, sin ninguna otra intervención de mi parte que la simple solicitud; ahora veo que también puede consistir en un conocimiento preciado, una instrucción de qué hacer o de cómo hacer determinada cosa en determinado momento, por lo que el acto de oración no es necesariamente pasivo, sino dinámico y comprometido. Comprometido con la voluntad divina,
porque si pides o preguntas con gratitud y confianza, lo que hagas,
y aun lo que dejes de hacer en consecuencia, es necesariamente resultado
de experimentar, escuchar o simplemente, entregar las cosas a la voluntad
superior descansando confiadamente en su infinita sabiduría. GRACIAS MANTIS. GRACIAS UNIVERSO, DIOS/DIOSA/TODO LO QUE ES. [En algún punto después de mi breve y crucial encuentro con la mantis, recuperé la movilidad y permanecí sentada o hincada, moviéndome y cambiando de postura sin notarlo pues estuve plenamente concentrada en las enseñanzas que recibí durante el resto de la experiencia.] Mi cuerpo: milagro andante Sentí el torrente de mi sangre viajando y distribuyéndose por mis venas hacia todos los órganos de mi cuerpo, invariablemente renovada, siempre con la misma fuerza y regularidad... de los pies a la cabeza, pasado por los brazos y el interior de cada uno de mis órganos. No sé por qué, pero estuve mucho tiempo detenida en el efecto de la sangre irrigando mi globo ocular derecho... hasta que comprendí el verdadero portento que significa el hecho de que toda esa febril actividad requerida para mantener el flujo constante de la sangre en cada rincón de mi cuerpo, no haya cesado ni un solo segundo desde que nací, y aún antes... desde que mis padres me concibieron y tuve la oportunidad de comenzar a crecer. Me estremecí al cobrar conciencia, por primera vez, de que mi existencia en este planeta está absolutamente subordinada a la voluntad divina que en cualquier momento puede detener el ritmo de mi corazón, y con ello, la irrigación sanguínea que mi cuerpo necesita para funcionar. Me estremecí en el profundo respeto
de descubrir mi cuerpo como el verdadero milagro andante de Dios que
es. Me estremecí al saber que cada sístole
y diástole son una prueba directa y contundente del incondicional y
poderoso Amor de Dios brindándome la vida día con día. Y entonces entendí que verdaderamente
Dios habita en mí y reside en mi corazón. También entendí que el amor es material. O mejor escrito: que el amor tiene también una expresión material. Uní mis manos frente a mi corazón y agradecí el privilegio de tener un cuerpo perfecto. Agradecí la oportunidad estar allí, descubriendo cómo son las cosas en Realidad. Y también pedí. Pedí al Espíritu Santo que no me permita olvidar todo esto que significa poder habitar un cuerpo con plena capacidad de movimiento y acción. Pedí que me lo recuerde continuamente. Menstruando en luna llena Desde hace unos años atrás, cuando acepté cabalmente el privilegio y la responsabilidad de la feminidad, mis erráticos ciclos se han ido regularizando paulatinamente, de tal suerte que ya no recuerdo ni los contratiempos ni dolores menstruales que tanto dificultaron mi adolescencia. Y ahora que he adoptado la costumbre de entregar mi sangre diluida en agua para fertilizar la tierra cada que tengo oportunidad, mágicamente mis ciclos han comenzado a coincidir con el plenilunio. Cuando estudiaba cultivo orgánico aprendí que la luna menguante hace que al agua de una planta baje y se concentre en sus raíces, mientras que la luna llena provoca que fluya de arriba a abajo y se disperse por todas las partes de la planta. Y en esos momentos comprobé que lo mismo pasaba conmigo al estar menstruando en luna llena: no había un flujo excesivo como ocurriría bajo los efectos menguantes, sino que mi sangre se hallaba equitativamente repartida por todo mi cuerpo y únicamente salía la indispensable. Entonces entendí, en una capa más de mi conciencia, que hay un orden supremo, que mi cuerpo depende de él, que cada día se encuentra en mayor sintonía con él, que mi cuerpo es perfecto tal como es; y que lo único que me provoca dolor, enfermedad, fealdad o desequilibrio, son mis pensamientos y los comandos emocionales negativos que éstos generan mediante la no aceptación, la resistencia, el rechazo, la oposición, la imposición... cuya fuente subyace en mi necesidad imperativa de juzgar todo lo que cruza por mi campo visual o mental y en mis escorpiónicos deseos de control... La
voluntad única de mi cuerpo En este punto se me ocurrió que sería bueno analizar qué otras lecciones he recibido de mi cuerpo físico a través de los disturbios o enfermedades que he sufrido para rastrear y localizar los pensamientos que las han originado, pero la verdad es además de la época de depresión y fatiga crónica producida por la culpabilidad almacenada, no encontré otra cosa, además de las eventuales toses y gripas que hace años que ya ni me dan. Mi cuerpo tiene un programa impresionante de fortaleza y resistencia a las enfermedades, así como una extraordinaria capacidad de desintoxicación, misma que me permitió aprovechar al máximo toda mi etapa de exploración intensiva con prácticamente todo tipo de drogas. Además posee una maravillosa y permanente habilidad para experimentar placer sexual y sensorial, nunca se ha fracturado ni un solo hueso y por si fuera poco: es atractivo y bellísimo cuando yo lo dejo ser como es y no estoy preocupada sintiéndome insuficientemente delgada o avergonzándome de él en alguna otra manera... Así es que mejor se me ocurrió convocar la atención de todas y cada una de las células de mi cuerpo para felicitarlas y agradecerles su desinteresada colaboración a lo largo de mi periodo de aprendizaje en lo que va de esta encarnación. Por primera vez estuve hablando con ellas como las auténticas amigas y colaboradoras concientes que son y no como las robóticas partículas funcionales que yo pensaba que eran. Desde
el centro de mi corazón les presenté mil disculpas por mi ignorancia
e inconciencia previas, les di mil gracias por la paciencia y solidaridad
que han demostrado conmigo y
finalmente les pregunté: "Ahora que somos amigas, que al fin estamos
en condiciones de hacer equipo juntas, díganme, ¿qué es lo que quieren?
¿qué necesitan de mí? ¿en qué puedo ayudarles para facilitar sus respectivas
tareas?" Yo estaba preparada para que me dijeran "ya no nos intoxiques princesa", "ponte a hacer ejercicio flojista", o para que me darían instrucciones sobre algo concreto que quisieran que comiera o dejara de comer. Pero nunca imaginé la sencillez de su unánime respuesta: "Lo único que necesitamos es que
seas feliz". Me quedé completamente anonada y cuando al fin logré agradecer la bondad y la sencillez de su única y magnánima petición hasta llorar de felicidad, sentí claramente que en ese preciso instante todas y cada una de mis células, mediante un efecto holográfico complejísimamente sencillo, estaban siendo felices y estaban disfrutando exactamente al mismo nivel de intensidad que yo!!!!!!!!!!! Y supe que en Realidad no necesitaban ninguna otra cosa más porque con esa extraordinaria energía de felicidad, tenían "combustible" suficiente para realizar sus labores y aún les sobraba "pila" para llevar a cabo todo el trabajo pendiente de limpieza y desobstrucción... He
de agradecer nuevamente a Dios y a la Abuela Ayahuasca que mi entrenamiento
sobre el milagro de mi amoroso vehículo físico haya sido de lo mejor
y de lo más efectivo, ya que como resultado de esta breve conversación,
incluso se me permitió experimentar un poco de todo el incomparable
poder que tendremos al aliarnos permanentemente; bueno, esto es, al
aliarme yo con él puesto que como al fin logré comprender, ¡¡¡mi
cuerpo ha estado aliado conmigo todo el tiempo!!! Él siempre ha comprendido que lo que es bueno para mí es bueno para él y viceversa, y estuvo esperando paciente y estoicamente ese momento en que finalmente me di cuenta de cómo son las cosas en Realidad. Y sé que seguirá esperando mientras yo abandono el son de olvidar lo que me conviene y recordar lo que no, y al fin termino por actuar permanentemente en conciencia... Dios
en mi corazón Volví a centrar mi atención en el tema de la sesión para profundizar en cómo es que Dios está en esa joya de loto que es mi corazón. Cerré mis manos frente a él y pedí experimentar otra dimensión de lo que eso significa. Volví a concentrarme en los latidos de mi corazón y de pronto comprendí que el amor incondicional (pleonasmo tan necesario) demostrado por mí cuerpo a través de la respuesta que me dio, era en verdad un producto de su sintonía con el ritmo que Dios provoca al habitar mi corazón y permitir mi existencia física. Entendí que mi cuerpo está hecho con partículas concientes que forman parte de la voluntad divina que es una sola y es la de amar procurando la felicidad, que para ser total debe ser unívocamente producto del más puro amor. FELICIDAD = AMOR Y
finalmente me cayó el veinte de que verdaderamente
no puede haber nada mejor ni nada más importante en la vida que llevar
a cabo la voluntad de Dios en la Tierra. Entendí que ninguno de mis
más pueriles o excelsos proyectos podrá nunca, ni remotamente, compararse
con la importancia del plan de Dios. Resulta que ya de regreso a México, después de mi reencuentro con Jesucristo durante mi cuarta comunión con la abuela ayahuasca en Barcelona, salí de casa de mis padres un domingo por la noche para irme a fumar marihuana al parque. Ese día me sentía tan feliz, tan tranquila y tan pacheca que después de más de diez años sin pararme por una iglesia, fui a dar la de San Judas Tadeo que está frente al parque. Llegué poco antes de la lectura del Evangelio según San Juan, justo el que narra el episodio de Jesús reclutando a los pescadores que se vuelven sus apóstoles. Lo cual -considerando mi larga ausencia de hija pródiga- tomé como una invitación personal producto de la más genuina sincronicidad. Pero como además andaba tan high, no sólo comulgué sin temor a no haberme confesado desde hace más de una década, sino que esperé al párroco para preguntarle qué tenía qué hacer para irme de misionera lo más pronto posible. Al otro día, cuando vi en mi mesa los folletos que me dio el sacerdote tan ilusionado por atestiguar el despertar de una joven vocación a raíz de su sermón, ya se me había pasado la euforia. Me acordé de mi príncipe catalán y mis demás asuntos pendientes en la vida y de nuevo renuncié a la insensatez de mi destemplada vocación para volver a la cordura de la cotidianeidad [cordura, cordón duro, cuerda dura, que palabra reveladora]. No obstante, en esos momentos de la experiencia, entendí mi vocación de una manera totalmente distinta. Entendí que para colaborar a que la voluntad de Dios se cumpla en la Tierra, no necesito abandonar todas las bendiciones que Él me ha dado; por el contrario, es precisamente en ellas en quienes me toca verter Su Amor y es por eso que me encuentro inmersa en ellas. Todo quedó tan absolutamente claro para mí en esos momentos... Ahora ya entendí porque la simplicidad de lo simple, como dice la mamá de Frida, es tan abrumadora. Entendí
que al aceptar el llamado
de Jesucristo en la eucaristía, que al
aceptar dejar de pescar peces para pescar humanos, la renuncia no es
renuncia, es un despertar; es dejar de hacer cosas menores para colaborar
en la Gran Obra; es tomar conciencia de la verdadera proporción de los
tipos de pesca. Es obtener el asenso supremo para trabajar directamente
a las órdenes de Dios pues en la Tierra no hay trabajo más importante
que ese: hacer cumplir Su voluntad en la Tierra: hacer venir Su Reino,
traer la felicidad del amor a la Tierra... Todo lo cual logré captar hasta esas
alturas de mi sexta comunión, cuando comprendí por fin que verdaderamente
no hay otra felicidad más que la felicidad que proviene del amor. No hay otra fuente de felicidad más
que el AMOR permanente e inagotable que es la energía universal con
que están hechas todas y cada una de las cosas de Dios en este mundo...
¡¡¡Comenzando por nuestros portentosos vehículos físicos!!! En esos instantes, libre de los dictatoriales
demandas de originalidad que minuto a minuto me impone mi ego,
el hecho de que mi cuerpo fuese uno entre millones,
no demeritaba en lo más mínimo su valor; por el contrario, aumentaba
espectacularmente el valor de la Tierra por la cual caminamos tantos
y tan perfectos vehículos divinos producto de la magia de Dios/Diosa/Todo
lo que Es. Nuevamente reuní mis manos frente al
corazón y lloré extasiada de gratitud por descubrir un poquito más de
la inconmensurable y embriagante Realidad. Y seguí derramando lágrimas
de alegría porque entendí que como trabajadora
de Dios lo único que tengo que hacer es Su voluntad en la Tierra. O
sea: amar y ser feliz porque el más puro amor es sinónimo inequívoco
de felicidad. ¡¡¡Qué gran trabajo, que enorme y sensacional
trabajo, el único que garantiza felicidad absoluta las 24 horas del
día: amar a todo y a todos provocando y obteniendo felicidad garantizada
al momento mismo de hacerlo!!! El
placer de ir al baño En esa ola de éxtasis me levanté para ir al baño. Y sentí un incomparable placer al dejar salir la orina. Descubrí entonces que la capacidad de experimentar placer que tiene mi cuerpo es todavía muchísimo mayor de la que hasta ahora he explorado... y la simple idea provocó que me mareara de puro placer. Luego, mientras disfrutaba el agua que lavaba mis manos, me miré en el espejo y por primera vez en la historia de mi vida, me encontré bellísima y perfecta, tal como soy... Y sentí la mayor alegría y gratitud de mi vida por ser tan joven y por todo el placer, la felicidad y el amor que me espera por descubrir y experimentar aún... Salí pensando que definitivamente ¡¡¡DIOS ME ADORA!!! El
honor de trabajar con Juan Ruiz Esta sexta comunión fue una comunión de lujo y fastuosidad de principio a fin. No sólo por el entorno, la compañía y la elegancia con la que finalmente logré recibir mis lecciones, sino porque todos los presentes tuvimos la oportunidad de contar con la asistencia personal de Juan, a quien intermitentemente observé y sentí mientras socorría a mis amigos Sophie y C. Esto no ocurre siempre. Por lo general tiene algún asistente y él sólo atiende las cosas que requieren atención especial y da sus vueltas de inspección y ocasionales apapachos, pero esta vez estaba solo e incluso nos tocó recibir de manos suyas a la Abuela Ayahuasca. En algún punto de mi experiencia escuché un sonido extraño y al abrir los ojos, lo vi haciendo algo raro para ayudar a C. Estuve un rato contemplándolo como el eficaz y eficiente pescador de hombres que es. Sentí todo el amor que impulsa su trabajo, la dedicación, la delicadeza, el caudal de conocimiento, experiencia, la vocación de servicio y toda la autoconfianza que requiere. Y lo amé con todo mi corazón. Lo amé respetuosa y profundamente. GRACIAS JUAN. Justo
en esos momentos se acercó a mí para preguntarme cómo
me iba. Le dije que estaba entendiendo muchas cosas y que lo amaba.
¡Y él me respondió lo mismo que mi cuerpo! "Que
seas feliz!" Y yo me quedé pensando: ¿Más?
¿Más feliz aún? Mi ambición de princiesa
guerrera se activó y pensé: Claro que sí, ¿por
qué no? Faltaba más... si el amor es gratuito, incondicional
e inagotable y hoay nuevamente está de excelso conmigo permitiéndome
sentirlo sin barreras, ¿para qué limitarse? Entonces uní mis manos y pedí amar así de intensamente a todos y cada uno de los allí presentes.
Juviel: un cisne blanco Abrí los ojos y vi a Laura. Mi ya de por sí amada maestra Laura. Cuando fui al baño, antes de regresar
a mi lugar, me topé con ella. Estaba llorando de pesar y culpa por no
estar todavía a la altura de sus espléndidas expectativas sobre
sí misma y sobre su deber hacia la Madre Tierra. Nos abrazamos por un momento y yo que venía en el canal de soy perfecta tal como soy y Dios me adora, no pude sino descubrir con alegría y plena certeza que lo mismo ocurría con ella y se lo dije. Ahora, mientras la observé ya más serena
y quieta muy sentadita en su lugar, comprendí profundamente la inmensidad
de esa fuerza interna suya que le ha permitido atravesar por tantas
y tan enormes dificultades a lo largo de toda su vida. Sentí toda la fuerza del amor que la impulsó a escribir su libro de Nutrición Consciente para ayudar a los demás; todo el amor, el compromiso y el esfuerzo diario que ha requerido para sostener e impulsar el trabajo de servicio y divulgación que representa su tienda Horus; y vi también todo su intenso amor de madre abnegadísima por los animales y por la misma madre Tierra. Y lloré de emoción por el privilegio tan enorme que ha sido estar a su lado estos cuatro últimos años en los que he podido verla cambiar tan radicalmente abandonando su inseguridad y trascendiendo paulatina e impecablemente sus limitaciones; y la vi trascender todas y cada una de ellas porque vi su mejor futuro, el futuro en el que Juviel revela toda su luz y el esplendor de su amor. La vi convertida en un cisne blanco inmaculado y refulgente, un cisne de cristal de luz blanca, enceguecedoramente prístina... Me incliné asombrada ante mi atisbo de
su Realidad y le supliqué directamente a Dios que haga todo lo posible
por ayudarla a abandonar la dolorosa ficción del sufrimiento lo más
rápido que se pueda. Le pedí también la oportunidad de ser Su instrumento
para ayudarla en lo que esté a mi alcance. Sentí que ese amor tan inusualmente fuerte que estaba experimentando por ella en esos momentos y me estaba haciendo tan feliz, provenía directamente de mi corazón. Esto es, que no estaba sintiendo sólo mi amor por ella amplificado, sino que estaba teniendo la oportunidad de experimentar una pequeña, pero para mí enorme fracción del amor que Dios siente hacia ella. Entonces me puse lista y enseguida volteé
a ver a C.
Entendiendo
a C Dentro de toda esta danza perpetua de recordar y olvidar que es mi vida, todavía se me olvida lo que quiero recordar y todavía recuerdo lo que quiero olvidar... y el resultado es que buena parte del tiempo, sigo reaccionando en vez de actuar... Esa mañana, por ejemplo, se me olvidó que aquello de lo que más huyo es lo que más pronto me asalta. Hace tiempo tuve un problema personal con C y desde entonces no lo había vuelto a ver. Cuando lo encontré por la mañana en casa de Marga y Joaquín, lo saludé como si nada hubiera pasado. Como no quería que su presencia perturbara mi experiencia, "amablemente" me ofrecí a señalarle dónde quedaban lugares disponibles para que se instalara lo más lejos posible de mí. Es más... recuerdo que hasta recorrí las cosas de Bony junto a mi lugar para asegurarme de que fuera ella quien estuviese a mi lado derecho ya que el flanco izquierdo estaba cubierto por mi amiga Sophie. Pues
nada. Resulta que a final de cuentas C estaba a mi derecha cuando ocupé
mi lugar. Pensé; Bueno, por enésima vez ya volví a regarla provocando
que me ocurra lo que temo, ni modo... lo mejor es olvidarme del asunto
ahora y no darle más combustible a esto para no empeorar la situación. Y efectivamente me olvidé por completo de C, hasta que, muy animada por lo que estaba sintiendo hacia Juviel, me lancé a juntar las manos frente a mi corazón para pedirle humildemente a Dios que me permitiera ver a C a través de Sus ojos y amarlo a través de Su Amor. Y fue algo de lo más hermoso... Simplemente abrí los ojos, lo miré por unos segundos, los volví a cerrar y enseguida lo amé profunda e incondicionalmente. Amé su sonrisa constante, su optimismo contagioso, su conciencia prácticamente ininterrumpida sobre el verdadero privilegio y la maravilla de estar vivos sobre este planeta, la valentía y la enorme autoconfianza que implica su trabajo de difundir los resultados de su contacto personal con extraterrestres... Y entendí sin ningún esfuerzo y sin ningún proceso mental de por medio, que lo que ocurrió entre nosotros era esperablemente obvio y lógico y no podría haber ocurrido de ninguna otra manera. Era obvio y lógico que al estar en contacto directo con tan altas frecuencias vibratorias, C se sintiera permanentemente rebosante de amor por todo lo que camina sobre este planeta. Y era obvio que yo iba a negarme a compartir la expresión física de su intenso amor debido a mis arraigados conceptos católicos respecto al matrimonio, mis creencias sobre el bien y el mal, y mi terror a la culpabilidad. Y eso sin contar que en aquellos momentos mi corazón pertenecía a un príncipe amigo suyo... Por lo que en medio de toda esa obviedad, mi "problema personal", mi incomodidad con él se desvaneció en el aire como la ficción inexistente que fue. Y estábamos tan conectadísimos durante esos momentos ¡¡¡que ambos abrimos los ojos para mirarnos en esos momentos!!! Él me tomó de la mano, me dio un beso en la mejilla y me dijo: "Gracias, muchísimas gracias por la lección que me diste." Y otras cosas más que atesoraré en el centro de mi corazón mientras viva. Y con este milagro, finalmente me sumergí por unos preciados instantes en el deleite de observar sin juicios, aquel remanso del que hablaban mis Runas y al que nunca antes había logrado acceder. Y es la mayor bendición que jamás haya experimentado: el alivio y el descanso absoluto de atestiguar los hechos y sus comprensibles consecuencias, sin calificación, sin reacción alguna, con una comprensión tan profunda que prescinde por completo de palabras... Animada por los cada vez más espectaculares resultados, giré hacia mi prueba final. Volteé a ver a mi querido y a la vez repudiado Maestro Omar. Las cosas no fueron tan fáciles e inmediatas con él. Sin embargo, logré penetrar a la médula de mi verdadero resentimiento hacia él: su "divorcio" de mi idolatrada Brenda y la culpabilidad que yo proyecté sobre ambos, pero especialmente en él. Lo cual me dio la llave para comenzar a abrir las puertas de mi propia jaula. Para explicar este enorme descubrimiento que es la clave más importante que he recibido en toda mi vida para comenzar a desestructurar efectivamente mi personalidad y trascender a mi ego, es necesario que primero efectúe aquí un indispensable recuento sintético de las situaciones previas a la ruptura de mis "padres espirituales"; mismas que finalmente logré ver a través de los ojos del Dios de mi corazón, esto es, desde la visión panorámica causa-consecuencia y no desde mi antiguo, inefectivo, martirizante y autosustentable enfoque culpa-castigo, que hasta este día había funcionado impecablemente como mi trampa maestra. Resulta que debido a mi sentimiento de culpabilidad infantil al haber cometido y disfrutado el peor de los pecados posibles, (ver cuarta comunión) desarrollé un complejo o trauma (no sé cuál sea el término correcto en sicología, aunque para mí es definitivamente una trampa maestra en el sentido más literal posible) estilo Juana de Arco: o sea, la necesidad imperiosa de hacer algo extraordinario para salvar al mundo y expiar así mi enorme culpabilidad. Esto, aunado a la sincera y extraordinaria vocación de servicio que heredé de mi abuela y en general de toda mi familia paterna, dieron como resultado que yo entrara a estudiar Ciencias Políticas bajo el firme propósito de conquistar el poder para cambiar las cosas desde allí. Mi abuela quería que yo estudiara Derecho para heredarme la desgastante aunque súper efectiva labor humanitaria de hormiga que ella practicaba con los desposeídos de la localidad mediante su Despacho Jurídico Gratuito y su Patronato Pro Cárcel Hospital. Ello sin contar con la procuración de servicios eucarísticos a los presos, labor que realizaba con sus queridos "hermanitos" franciscanos de la Ttercera Orden. Como siempre he sentido la inclinación de explorar los atajos antes que los caminos comunes y en el fondo soy muy ingenua, pensé que lo mejor era reformar todo el sistema político mexicano para acabar con todos los problemas de una vez, por lo que preferí estudiar Ciencias Políticas. Mi abuela, hija de un altruista médico que fue Diputado Federal Constituyente al término de la Revolución Mexicana, no sólo aprobó mi decisión, sino que se sintió súper orgullosa de mí y me brindó todo su apoyo. Sin embargo, después de militar en el sector juvenil del partido oficial, estudiar las teorías sobre el corruptísimo sistema político mexicano, viajar por diversos lugares del interior del país en calidad de observadora electoral de Alianza Cívica, sufrir de cerca el asesinato de un noble e ingenuo candidato presidencial, así como los estragos del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, se me esfumó toda la ingenuidad política. Además, por esas fechas me tocó vivir la muerte de mi abuela y la defunción de todos sus proyectos (incluyendo la dispersión póstuma de su amada e invaluable biblioteca), así como la desintegración de su familia enfrascada en pleitos por la herencia. Debido a la depresión, la desilusión y la culpa resultante por no haber estado al lado de mi abuela durante su agonía, por no poder cumplir con sus sencillas expectativas primarias y mucho menos con mis altísimas expectativas personales, me refugié en la literatura y el arte. Lo cual, visto a distancia, es lo más sensato que pude haber hecho, ya que resultó una alternativa idónea tanto para escapar de mis cada vez más incesantes pensamientos suicidas, como para dar salida a todo aquello que no tenía la capacidad, el valor o simplemente la posibilidad real de lograr, y sin embargo deseaba tanto hacer. Me puse a escribir-dibujar-sonorizar una novela multimedia con dos personajas que describían los aspectos disociados de mi personalidad en esos momentos: la Prófuga (una darky depresiva y autodevaluada) y la Santa (una ingenua empeñada en lograr misiones imposibles), quienes terminaban encontrando y siguiendo a una tercera personaja: Eleusis (una viajera experta en alucinógenos), que era la síntesis en la que yo aspiraba a convertirme. A mediados del 96, me encontraba enfrascada en la redacción de un capítulo donde mis personajas se unían a los Utopos, un grupo multidisciplinario de arquitectos, herbolarios, politólogos, chamanes, filósofos, licenciados, etc., quienes tenían la idea de fundar una ciudad alternativa en un lugar energéticamente propicio a las afueras de la cada vez más contaminada e insufrible Ciudad de México. Todos ellos compartían la idea de ensayar
una nueva forma de vida y de organización social que pondrían a prueba
fundando su propia ciudad. Justo cuando estaba en eso, llegó a buscarme Jean-Pierre, un amigo físico y filósofo al que no había visto en mucho tiempo. Venía acompañado de otro amigo suyo al que me presentó como "aprendiz de chamán". ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Querían proponerme que me uniera a ellos para fundar una ciudad bastante similar a la que yo estaba describiendo en algún capítulo de esa obra mía que ellos no conocían, llamada The dark side of Satélite y otras búsquedas!!!!!!!!!!!!!!!!!
(Lo más loco es que Spilberg les contestó en un fax que él también estaba en eso, pero que no se adelantaran, que las ciudades empezaban en el 2004 y que si no estaban con no sé que maestro, él no podía apoyarlos...). Yo sentía que mi obra se había escapado del monitor y estaba desarrollándose aún más vertiginosa y disparatadamente de lo que yo habría podido imaginar. El 21 de marzo del 97, mis amigos me invitaron a ir por primera vez a Tepoztlán a conocer a los miembros del Grupo Tepozcahuic (Ciudad de luz), quienes nada más, ni nada menos acababan de adquirir la parte central de los terrenos que nosotros pretendíamos comprar, ¡¡¡con la idea de iniciar un centro naturista para reunir el dinero necesario con el cual fundar una comunidad ecológica!!! Omar y Laura su esposa, junto con Brenda y Robert, su esposo; eran los iniciadores del proyecto. Brenda era una sudafricana blanca, maestra de yoga y canalizadora de un grupo de maestros extrafísicos que la habían disuadido de abandonar los Estados Unidos para instalarse en Tepoztlán y esperar la llegada del Maestro con el que trabajarían allí. Su esposo tenía un negocio bastante exitoso de arreglos florales para bodas y eventos especiales y aunque estaba lejos del ejemplo de espiritualidad que era Brenda, la apoyaba al cien por ciento. Omar y Lauri eran una pareja de Maestro y alumna insumisa, a quienes la ley de vibración unió con otra pareja en busca de un Maestro. Omar y Lauri, recién llegados de Miami vía Acapulco, eran naturópatas y se dedicaban a vender productos naturales, dar clases sobre nutrición consciente, comida internacional vegetariana y alta conciencia. Tenían ya un grupo de personas que los apoyaban y recibían sus enseñanzas. Ambas parejas fundaron el Centro de Alta Conciencia Tepozcahuic, en una casona propiedad de Robert y establecieron un Círculo de Fuerza en el terreno de la casa que alquilaba Omar. Este misterioso Círculo de Fuerza estaba compuesto por un Focal Point (FP) y un grupo de seis Grater Points (GPs) y sus respectivos Lesser Points (LPs), que en conjunto funcionaban como representantes de los siete chakras que se encuentran dentro del cuerpo físico. Omar (cuyo nombre armónico es Oshmar) fungía como FP, Brenda (Artimia Arian) como GP6, Laura (Juviel) como GP5, Robert como GP1, y otras personas del grupo a las que entonces no conocía, ocupaban el resto de las posiciones.
Abrumada por la evidencia de la sincronicidad, ese 21 de marzo del 97, la racional y científica investigadora de la conciencia que era yo, presenció una extraña ceremonia dentro de un Círculo de Fuerza cuyo significado no entendió. Sin embargo, su curiosidad, sed de novedad, saco de culpabilidad a expiar, e inagotable ingenuidad, la convencieron de unirse a ese grupo que afirmaba estar realineando y guiando energéticamente al planeta hacia la Cuarta Dimensión. Ese mismo día me ofrecí a traducir gratuitamente la autobiografía de Brenda al español y cuando terminé, como reconocimiento a mi "entrega" (que en esos momentos todavía era simple curiosidad), me invitaron a irme a vivir al Centro de Alta Conciencia en Tepoztlán. Para ello tuve que efectuar una serie de actos heroicos previos, como abandonar de un día para otro mi arraigado hábito de fumar diariamente una cajetilla de tabaco mentolado y suspender por tiempo indefinido mis experimentos con cualquier otro tipo de droga, regalar prácticamente todas mis pertenencias personales (incluyendo mi colección de más de 150 CDs de música densísisma y mi hasta entonces preciada biblioteca literario-politológica) y abandonar mi esmerado look "darky del chopo", esto fue: repintando de castaño oscuro mis mechones verde y azul pavorreal y vendiendo toda mi ropa negra (que era toda!) porque allí sólo se podía vestir de blanco o de colores pastel. En fin... el caso es que a finales de agosto del 97 me fui a vivir al Centro que está ubicado a un costado de la carretera que va hacia Amatlán Llegué a hacer un montón de cosas más que nunca había hecho y que, sin la euforia de poder participar al fin en la salvación del planeta, nunca antes habría soñado hacer, tales como tender mi propia cama y levantarme a las 5 y media de la mañana para darme una fricción de agua fría antes de subir a tomar mis clases de yoga con Martha (siendo que durante esa época odiaba cualquier actividad física y nunca salía de mi cama –que por supuesto rara vez tendía yo- antes de la 1 ó 2 de la tarde, pues me pasaba toda la noche en la computadora escribiendo o navegando en la red). El resto de mis actividades matutinas consistían en tratar de meditar y recibir mensajes de mis guías (cosas que nunca logré hacer, por cierto), junto con alguna de las siguientes posibilidades: a) barrer los tres pisos completos del centro, b) trapear los tres pisos completos del centro, c) ir de compras y regar las plantas, o d) hacer la comida y limpiar la cocina, Durante una semana al mes nos rotábamos esas tareas entre los cuatro miembros del grupo que vivíamos allí: Siboney (Amacuzac) que era la GP4, Juan (Asael) GP3, Martha (Isabel) GP2 y yo, quien después de demostrar más "entrega" (o sea: más avidez por tener acceso directo a las canalizaciones de Brenda), llegué a ocupar el puesto de LP6. Como mano derecha de Brenda, mis actividades por la tarde consistían en atender el Departamento Editorial que monté para editar caseramente los manuales de terapias de Omar, el libro de Nutrición Conciente de Lauri, y los dos de Brenda con sus respectivas traducciones: The Connection, La Conexión (su autobiografía) y Teachings of the Master, Las enseñanzas del Maestro (que sintetizaba lo que Brenda había aprendido de Omar junto con lo que ella había recibido para purificar y alinear los cuerpos físico, emocional y mental, comprender las Leyes Universales y la importancia de conectarnos con nuestro Ser Superior). Como mano derecha de Brenda, mis tareas más divertidas y esperadas consistían en platicar con ella para ver en qué podíamos ayudarnos mutuamente, decorar el Centro o transcribir y traducir las canalizaciones que ella recibía sobre diferentes temas, así como las instrucciones y consejos generales o específicos para los miembros del Círculo. Los sábados por la mañana teníamos clases de medicina natural con Omar y por la tarde nos tocaba ayudar en las consultas o conferencias que estuvieran programadas (cosas que por cierto me aburrían mucho). Los domingos libres los dedicaba a lavar mi ropa, asear mi cuarto, dibujar, tomar muy malas fotos de las extraordinarias flores e insectos de Tepoztlán, ir al pueblo a comer cosas prohibidas por el régimen de Nutrición Consciente, o cualquier otra cosa divertida que se me antojara. También disfrutaba mucho mi pequeño, austero y bellísimo cuartito, que bien podría haber sido una celda monástica, de no ser por la presencia de una manta psicodélica sobre mi cama, mi inseparable computadora y mi amado estéreo al que no pude renunciar porque yo sin música no quiero vivir. Fuera de los obligatorios -aunque cada vez más esporádicos- ataques de melancolía producto de mi eneagrama 4, yo vivía tan a gusto como nunca antes. Las rutinas eran los suficientemente flexibles como para no despertarme cuando no tenía ganas, podía escaparme a visitar a Omar en sus cultivos, quedarme platicando con Brenda y no hacer nada, irme a bailar danzas prehispánicas con la Gente de Tradición, o viajar a México para visitar a mi familia o ayudar a Robert cuando tenía eventos simultáneos con su negocio de las flores. La verdad es que esta princesa consentida que soy se la pasaba de lujo, extraordinariamente tranquila y segura de que al fin estaba cumpliendo su misión en la vida... dibujando a las mantis que ocasionalmente entraban a su cuarto a visitarla en sus preciados ratos libres y esperando por las noches los gritos de "¡Nave, nave!" cuando alguno veía las naves que suelen surcar los hermosos cielos estrellados de Amatlán (tierra de Quetzalcóatl)... especialmente cuando Brenda estaba cerca para recibir algún mensaje de ellos. Pero un buen día, los monstruos arianos de Omar y Robert, hasta entonces precariamente equilibrados por la libráica habilidad de Brenda, finalmente entraron en abierta confrontación. En aras del poder, el liderazgo, la verdad, la mejor opción, el destino, el plan divino, vaya uno a saber... el cuento llegó al clímax dramático que antecede al final. El caso es que ya de por sí había dos bandos formados desde hacía tiempo a los cuales la princesa no quería ver, ni ingresar, ni prestar mucha atención. Aunque, siguiendo las divinas enseñanzas de su heroína Brenda, a veces se empeñaba en conciliar. Resulta que Omar continuaba con la idea de hacer una especie de Spa naturista, mientras que Robert quería imponer la idea de convertir su terreno en un sitio con palmeras, cascadas y flamingos estilo Los Ángeles o Las Vegas y rentarlo para bodas y todo tipo de eventos especiales... lo cual, económicamente prometía ser más rentable de acuerdo a un bando, y conciencial y vibracionalmente inadecuado según el otro. Al mismo tiempo, Omar, con el apoyo incondicional de Siboney y el previsor-condicionado de Laurita, se había empeñado en comenzar a montar una tienda naturista llamada Horus y necesitaban del apoyo financiero que Robert no les estaba dando por no recuerdo qué motivo. Y para colmo, Brenda y Omar también se habían enfrascado en discutir si el servicio consistía en hacer lo que era necesario hacer aunque no te gustara, porque en realidad, si verdaderamente estabas para servir tenías que disfrutar cualquier cosa que hicieras (Omar); o en hacer lo que más te gustara hacer porque en eso consistían tu felicidad, tu equilibrio y tu misión (Brenda). Lo cierto es que la explosión de éstos y otros conflictos secundarios era el resultado de una serie ya muy larga de pequeñas desavenencias y enfrentamientos egóicos entre todos los seres de alta conciencia que conformábamos el Grupo Tepozcahuic (incluida yo, por supuesto), lo cual me parecía súper vergonzoso e indigno en aquellos momentos. El final de mi cuento en el Centro de Alta Conciencia Tepozcahuic, como era de esperarse, no fue uno feliz. Cuando regresé de las forzadas vacaciones que tomé en diciembre para huir de la batalla campal, me encontré con que la relación se había roto por completo y yo era la única que había quedado en medio. En enero del 98 Omar y Brenda esperaban que yo escogiera con cuál de los dos quedarme. Al principio no entendía nada y en medio de la maniquea visión de adolescente que aún tenía, consideré que su ruptura era el peor error posible y la más alta traición concebible, no únicamente contra mí como su "hija" (que por doloroso que fuese resultaba lo de menos), sino contra toda la raza humana, el planeta entero y todo y cada uno de los miembros del Círculo Superior (los maestros extrafísicos canalizados por Brenda) que tanto nos amaban y tanto hacían por ayudarnos a despertar para poder lograr nuestra misión... Yo estaba tan abatida, tan destrozada, tan desilusionada, tan triste y tan confundida, que, a pesar de la visión de serenidad que trataba de infundirme la experimentada Martha, no sabía qué hacer y lo único que se me ocurría era envolverme en otra misión imposible: tratar de reunirlos nuevamente o esperar a que milagrosamente todos recapacitaran. Con esa vana esperanza decidí no comprometerme con ningún bando y seguir frecuentando a ambos mientras decidía qué hacer conmigo misma. Para ello me fui a vivir sola a una preciosa casa que estaba geográficamente en medio de ambos, junto al río y con una vista impresionante hacia mi montaña favorita.
Por cierto: ¡GRACIAS DIOS POR CONSENTIRME TANTO! A medida que el tiempo pasaba y las cosas eran cada vez más irreconciliables, desistí de mis intentos y con la carga de otra dolorosa traición y unas cuantas culpas más para mi pesado costal, me dediqué a seguir mi propio camino y a asimilar las dolorosas pero -tal como las reconozco ahora- indispensables lecciones del divorcio de mis maestros. [Durante la experiencia no analicé ni repasé nada del recuento anterior que por cierto me ha servido enormidad para clarificarme muchas cosas sobre mí misma y lo que en realidad estoy haciendo aquí.] Cuando dirigí mi vista hacia Omar, no lo amé incondicionalmente de inmediato, tuve que pedir al Espíritu Santo que me permitiera experimentar el amor de Dios hacia él hasta que, no sé cómo porque no recuerdo el proceso si es que lo hubo, pero de pronto supe que había estado proyectando en él mi inasumida culpabilidad por haber "perdido el tiempo" y haberme "desviado temporalmente" de mi deber de arreglar mi Chakra 3 para poder salvar al mundo. Y aquí necesito hacer otro imprescindible flash back: Resulta que poco antes de mi primera unificación dentro del Círculo de Fuerza, aún no les "llegaba" mi nombre armónico ni a Brenda ni a Omar. Y escribo "llegaba" entre comillas, porque mi mente aún dudaba mucho de que no estuviese rodeada de una bola de charlatanes locos compartiendo mi delirio de salvadores planetarios. Unos dos días antes, mientras estaba yo bailando una danza prehispánica con mi grupo de danzantes en una escuela que está casi a los pies del Tepozteco, pedí a los dioses que me dejaran saber mi nombre armónico antes de recibirlo de Brenda o de Omar durante la Ceremonia de Unificación. Luego traté de hacer un silencio en mi mente, lo cual hasta la fecha sigue siendo una de mis misiones imposibles... El caso es que como no pude, dí por sentado que no me iban a contestar, me puse a especular cuál me gustaría a mí si yo pudiera escogerlo, y decidí que Karel o Karael. Por supuesto eso no se lo dije a nadie. Al otro día por la mañana, mientras reflexionaba si en verdad ya estaba lista para dejarlo todo y entregarme a servir a la humanidad, pensé que no; que en realidad sólo quería salvarlos para sentirme bien y ser la heroína que desde niña he soñado ser. Pensé que en verdad no quería mucho a los humanos, y menos a los tepoztecos que no me gustaban para nada por flojos, tercos, sucios, inconscientes, etc. Y también estaba culpándome porque mi motivación para ser LP de Brenda era la búsqueda del conocimiento per se y no la de servir realmente... El caso es que por la tarde estaba en el jardín platicándole a Brenda que me sentía muy insegura y ella me dijo: "¡Karael! ¡Ese es tu nombre armónico! Alguien tiene un mensaje para ti Karael. ¡Es Kali Char!" Kali Char era el maestro que el Círculo Superior había asignado para ayudarnos con la disciplina, así es que corrí súper asustada a traerle papel y pluma para que ella pudiera recibir lo siguiente:
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