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MIS
EXPERIENCIAS

CON LA ABUELA
AYAHUASCA

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COMPRENSIÓN Y DESPEDIDA

Decimosexta Comunión

(cinco meses después de la decimoquinta)

 

 

Preámbulo

Llegué a esta decimosexta experiencia en medio de uno de las mayores crisis emocionales de mi vida, debido a que acababa de separarme de mi esposo hacía apenas unos días y me sentía fatal. Físicamente tuve un cólico menstrual que por la tarde había sido terrible. Una amiga me trató con moksha y se me alivió bastante, pero aún no desaparecía por completo cuando llegué a la masía donde tuvo lugar la experiencia. Además no podía oír nada del lado izquierdo. En el avión de Santiago a Barcelona se me taparon los ídos, como es normal a veces, debido a la altura. Pero lo que no fue normal es que al tomar tierra sólo se me destapó el oído derecho. O sea que nunca antes había entrado a una experiencia en tan malas condiciones...

Esta vez la abuelita ayahuasca no me llegó de manos de Juan ni de mis nuevos amigos ayahuasqueros, sino de un viejo y querido amigo a quien hacía años que no veía. En cierta amorosa forma siento que es como mi guardián, ya que no es la primera vez que aparece en mi vida justo cuando estoy en problemas y siempre me brinda un apoyo muy paternal, un faro de luz en medio de la tormenta. Gracias querido maestro zen.

 

Separación

Después de tomar una buena dosis, solicité a la abuelita ayahuasca y a mis guías que me ayudaran a sanar y a comprender por qué había creado esta dolorosa experiencia en mi vida. También les pedí que me ayudaran a recuperar mi salud física que tan evidentemente estaba demostrando el dolor que no estaba expresando por completo, no tanto por reprimirlo, sino más bien por cuestiones circunstanciales.

En aquellos momentos, lo que yo sabía es que desde que le dije a Joanra que ya me sentía lista para tener un hijo y le pedí que comenzáramos ya a planearlo, las cosas empezaron a ir mal entre nosotros. De alguna forma me lo esperaba... Cuando le conté a mi tía Angélica acerca de la constelación que me hizo la abuela ayahuasca en la comunión anterior, en la que decidí darme la oportunidad de ser madre y pasar la vida, mi tía me dijo que ahora Joanra también tendría que tomar esa decisión o nuestra pareja se rompería.

Joanra me pidió que le diera tres meses de “vacaciones” para pensar las cosas con calma y ver si realmente ya se sentía preparado para ser padre. Me dijo que yo mientras aprovechara para hacer varios viajes de trabajo que hace tiempo quería realizar y que no hacía para evitar tener problemas con él y yo acepté de buena gana ante las perspectivas de tener un respiro de libertad.

Resulta que desde que me comprometí con mis talleres, estoy teniendo éxito y me invitan a varios lugares de España, México e incluso me han propuesto ir a Argentina. Yo sólo he aceptado pocas de esas invitaciones, básicamente aquellas en las que pude ir a hacer mi taller y regresar empleando sólo un fin de semana, o sea básicamente dentro de España y sólo un par de veces salí a trabajar a Zúrich y a un pueblito francés cerca de Orange. A México he ido poco, sólo en diciembre del año pasado y otra vez en mayo debido a cuestiones familiares y aproveché ambos viajes para dar talleres y en ambos sí me fui más de dos semanas. El resto del tiempo lo he pasado en casa con Joanra en Santiago procurando no salir más de una o máximo dos veces al mes. Sin embargo ninguno de los dos hemos estado contentos porque cada que me iba, él decía que se sentía abandonado y descuidado por mí. Antes de cada viaje, cuando aún estaba en casa con él, se quejaba anticipadamente, y cuando regresaba sus reproches eran cada vez mayores. Aunque esto me ponía muy tensa y me desgastaba, yo seguí viajando porque consideré que era un problema suyo, algo que él tenía que resolver, igual que yo resolví el tema de mi independencia económica gracias a su ayuda. Pensé que realmente le estaba haciendo un favor al viajar y dejarlo solo unos días para que se enfrentara con sus miedos a la soledad y al abandono, así es que continué yéndome a hacer mi trabajo, que además me encanta...

Me he sentido tan dividida entre la necesidad de continuar con mi trabajo y mi necesidad de estar con Joanra para que no sufra y estemos en paz, que incluso perí un vuelo a México. Estaba segura de que salía a las tres de la tarde y a las doce de la mañana cuando vi mi reserva me di cuenta de que ya hacía dos horas que había salido. Tuve que comprar otro billete para irme al día siguiente pues ya tenía muchos compromisos establecidos y no quise cancelarlos...

Pues bien, el caso es que cuando me pidió que nos separáramos tres meses, hasta me alegré pensando que al fin podría ir a Argentina o pasarme más tiempo en México con mi familia tranquilamente. O las dos cosas... Pero luego Joanra me preguntó si esas vacaciones podrían ser totales, o sea, que si yo regresaría con él después de esos tres meses en caso de que él conociera a “alguien” y tuviera relaciones sexuales con ella. Inmediata y escorpiónicamente le dije que no, que en tal caso los tres meses de vacaciones se convertirían en vacaciones permanentes. Y como la cosa estaba tan tensa, decidí comenzar ya mismo los tres meses. Metí mis cosas en cuatro cajas y me fui a casa de una amiga los pocos días que me quedaban antes de venirme a Barcelona donde tenía ya programado un taller.

Lo que no sabía cuando me marché de casa es que ya había conocido a “alguien” por internet y planeaba encontrarse con ella físicamente. De hecho la vio justo el día en que yo estaba empacando mis cosas en las cajas. Aquella noche no apareció por casa y al otro día cuando regresó, me dijo que se había quedado con una amiga común que es enfermera porque se le hacía muy triste verme empacando. Yo me despedí de él y me fui con mi amiga que ya estaba esperándome en su coche. Pero resulta que ya estando en casa de ella, nuestra amiga enfermera me llamó al móvil y terminé enterándome de que no era cierto que Joanra había estado en su casa.

En aquellos momentos, cuando me estaba comenzando a hacer efecto la ayahuasca, al pensar esto, le di las gracias a mi oído izquierdo ya que precisamente él fue el receptor de estas malas noticias y estaba manifestando mi dolor por escuchar algo que no quisiera haber escuchado. De otra forma podría estar allí contenta de comenzar mis vacaciones en lugar de estar allí sufriendo por el fin de mi matrimonio... y con un cólico que estaba retomando su intensidad manifestando que mi feminidad realmente estaba experimentando un fuerte dolor de pérdida.

Me puse a llorar en silencio, como he estado haciendo estos días ya que en casa de mis amigas y con todo el trabajo que he tenido, no he podido desahogarme a mis anchas.

 

Paz mental y una sonrisa

Así llorando empecé a hacer un sueño lúdico para contactar con mi Ser Superior y pedirle que me explicara qué estaba pasando, para qué, cuál era el propósito de todo esto... Si es que había alguno. O al menos que me dijera qué hice mal, por qué creé esta realidad tan terrible y dolorosa. Me visualicé a mí misma tal como estaba, ofuscada y llorando. Entonces marqué el número de teléfono de KARAEL. Me puse el auricular en el lado derecho, para ver si con sus explicaciones se me destapaba el oído, pero nadie me respondía, en mi cabeza sólo sonaba el tono insistente de llamada... Hasta que mi querido amigo y protector, como el eficiente y elegante guía de la sesión que fue, sincrónicamente dijo la primera frase certera de las pocas que pronunció en voz alta durante la noche a manera de llamadas para enfocar nuestra atención, para retomar la senda correcta de nuestro trabajo interior. Dijo: “Paz mental y una sonrisa.” Así es que dejé de llorar, sonreí y traté de situar mi mente en la paz para poder sintinizarme en la banda de frecuencia adecuada para escuchar la respuesta de mi Ser Superior.

Me enfoqué en la música y simplemente me dejé elevar por ella conforme la disfrutaba. Cuando ya me sentí lo sufucientemente pacificada, sonreí y volví a marcar mi teléfono onírico. Entonces escuché en el auricular: “Estoy detrás de ti”. Dentro de mi visualización me volteé y vi una esfera de luz azul con el centro dorado, Me sumergí en ella buscando consuelo. Y regresé al vientre de mi madre. Esa fue mi sensación por breves momentos, luego me visualicé en una sesión de planeación. Me costó trabajo tomar la decisión de arriesgarme de nuevo a encarnar, pero en cuanto lo hice, fue como si se abriera una convocatoria energética en busca de una pareja de padres que me dieran amor y estabilidad para nutrir y fortalecer mi espíritu para que pudiera encarar los retos que me había impuesto para esta vida. Estaba demasiado debilitada como para escoger una pareja que no me quisiera tanto como necesitaba para animarme a bajar. Y vi aparecer a mi padre, lo visualicé como en las imágenes de las estatuas de Vercingetorix, un guerrero fuerte con barba, bigote y cabello largo. Sentí de golpe todo su amor al ofrecerse a ser mi padre. Y con el mismo e intenso amor acepté de inmediato, con gratitud y entusiasmo su ofrecimiento.

 

Los amantes

Me dejé sentir todo el amor y la admiración que le tengo y de pronto reviví una escena en la que ese amor se detuvo. ¡Y también tenía que ver con un teléfono! Era una escena de mi adolescencia. Descolgué el teléfono para llamarle a mi novio y escuché a mi padre conversando con una mujer desconocida... Sonaba tan cariñoso hablándole en susurros... Colgué enseguida en pleno shock. Mi padre tenía una amante. Seguro que entonces también me quedé sorda durante algunos días, no lo recuerdo, pero en todo caso a esa edad aún no relacionaba la enfermedad con los estados emocionales.

Mi padre fue tan poco discreto es su affaire que eventualmente mi madre también terminó por enterarse o se enteró antes que yo. No lo sé. El caso es que una noche mis hermanos y yo los oímos discutiendo en la escalera. Mi mamá estaba llorando y le puso un ultimatum, le dijo lo típico: Ella o yo. Mi papá le dijo que la quería, que no la dejaría marcharse y bajó tras ella. Continuaron discutiendo en el piso de abajo y ya no nos enteramos del resto. Nos quedamos en el silencio del chock. Todos lo escuchamos, pero nadie dijo nada durante años. Pensé que todos estaban dormidos y sólo yo los había escuchado. Hasta años después nos dimos cuenta que los cuatro pensábamos lo mismo y guardamos silencio para no inquietar a los demás... Todo lo que vimos después fue que mi mamá tomó la decisión de quedarse con mi papá y luchar por él, se arreglaba más, se puso más guapa, y sobre todo se aparecía más seguido en los actos públicos de mi guapo padre que en ese entonces estaba justo en el apogeo de su carrera política.

El asunto pasó como un vendaval. Cada uno en silencio lo vivió a su manera y proyectó sus propias consideraciones. Yo me sentía personalmente ofendida por la conducta de mi padre y allí comenzó a caer de mi pedestal. Esto no se lo perdoné hasta que lo experimenté en carne propia y lo entendí.

Fue en la universidad, yo apenas iba a cumplir los veinte y él ya había cumplido cuarenta. Era el profesor más guapo de la carrera, todo un dandy, a decir de Marco, mi mejor amigo en aquella época. Daba mi materia favorita y yo lo seduje. Me convertí en su alumna favorita. Me sentaba hasta adelante, respondía todo de forma brillante y por supuesto usaba las minifaldas más mínis que tenía y mordía la goma de mi lapiz mientras sabía que me estaba mirando durante los exámenes.

Como profesor titular e investigador, tenía un cubículo en “el bunker”, el edificio de los investigadores. Allí estábamos al terminar el curso. Me dijo con sinceridad que tenía una mujer y dos hijos a los que quería mucho y me invitó a comer. Nunca más volvió a mencionar a su familia. Yo acepté su invitación que terminó en un hotel al que acudimos puntualmente todos los viernes durante todo un semestre, después de desayunar o comer en en Sanborns. Aprendí mucho con él, en todos los aspectos. Ya que siempre me llevaba libros, los suyos y otros que consideraba necesarios para complementar mi formación. Uno de ellos fue “Estudios sobre el amor” de Ortega y Gasset. Fuimos amantes en el sentido más amplio de la palabra.

En muchos aspectos ha sido la relación más perfecta que he tenido hasta ahora. Sin complicaciones, sin un sólo conflicto y llena de mutuo amor y admiración. Además, terminó en su cúspide. La terminé yo por un ataque de culpabilidad. Resulta que en Navidad fui con mi papá a comprar regalos a un centro comercial y allí estaba él, también con sus hijos. Afortunadamente nunca vi a su mujer. Hasta entonces fingí que no existían y realmente conseguí no pensar nunca en ellos, hasta que nos topamos allí de frente y él me saludó. Le presenté a mi papá y estuvieron hablando algo de política muy contentos, incluso se despidieron con un abrazo de Navidad... Allí comprendí a mi padre. Supe que realmente era posible amar a dos personas a la vez. Los quise mucho a los dos. Y recuperé la sensatez. En nuestra próxima cita le leí una carta muy conmovedora donde le explicaba que una relación tan perfecta no podía aspirar a una cumbre más alta y era mejor dejar allí las cosas para conservar intacto ese recuerdo durante el resto de nuestra vida. Y así ha sido para mí y estoy segura que para él también. Él estuvo de acuerdo. Los dos lloramos. En enero que volvimos a vernos. Yo estaba leyendo en la hierba y él se acercó a darme un periódico que hablaba sobre las estadísticas de la alta separación de los amantes en Navidades y sus altos niveles de reconciliación en enero... Me hizo mucha gracia, pero me mantuve firme en la certeza de que era lo mejor para todos.

 

Las engañadas

En mi viaje lloré por la sutil belleza de aquella gran lección olvidada y de nuevo asimilada. Entonces regresé al momento en que mi madre se ofreció para serlo y enseguida corrí a abrazarla porque después de recapitular aquello, era evidente que ahora yo me había montado esta pesadilla para comprenderla y reconciliarme con ella.

En mi particular interpretación de los hechos del affair de mi padre, también estaba enojada con ella por no dejarlo. Mis enjuiciadoras conclusiones me llevaron a interpretar que se quedó con él porque nunca fue económicamente independiente y no sabría cómo mantenerse a sí misma y atender a cuatro hijos al mismo tiempo. O sea que según yo, había luchado por mi padre y lo había perdonado porque no tuvo otro remedio. Pensaba que al dejar a Joanra yo estaba dando un paso más que ella. Estaba demostrándole que yo sí estaba en condiciones de hacer lo que ella no pudo porque era la primera en mi linaje materno que había logrado aprender a ganarse la vida por sí misma y ahora podría darme este lujo y esta oportunidad que ellas no tuvieron de ser libre e independizarme de un falible hombre engañador...

Su alma también me abrazó y me dejó llorar mi ingenuidad como días después lo hicimos en el plano físico. Realmente nunca se me había ocurrido que luchó por él porque en verdad lo amaba. Estaba experimentando con ella esa terrible sensación de amar, de sentirse humillada, inmerecedora del amor, herida y profundamente resentida, todo al mismo tiempo. Uff, qué duro fue...

 

Cámara lumínica

En este punto solicité a los Emisarios Pleyadianos de Luz con quienes estoy trabajando desde hace unos meses a través del libro de Amorah Quan Yin (Manual de ejercicios pleyadianos), que me metieran por favor en la Cámara Lumínica de Transfiguración Cuántica para liberar del dolor a mis cuerpos físico y emocional.

Después de leer el libro puedes pedir que un equipo pleyadiano trabaje en tus cuerpos sutiles para despejar la plantilla Ka, que según sus términos prepara tu campo energético para poder soportar la energía crística y permitir que tu Ser Superior encarne más plenamente en tu sistema. Llevo seis meses trabajando con ellos y he vivido cosas espectaculares en las cámaras. A veces noto con claridad cuando trabajan conmigo por las sensaciones corporales que me provocan, hormigueos, pulsaciones y sensaciones que no sé localizar. Pero lo que más me gusta de todo es la espectacular Cámara Lumínica de los Sueños. Me han regalado algunos sueños lúcidos más fantásticos e inolvidables de mi vida.

Durante la sesión de ayahuasca solicité que me metieran a una cámara para liberar obstrucciones. Es una cámara especial, es la única en la que tienes que visualizar un entramado cúbico cubriendo tu cuerpo y sostener la imagen unos minutos en tu mente para que ellos la puedan fijar y continuar con el trabajo.

Por supuesto la sincrónica música de mi amigo guardián fue el mejor soundtrack posible.

Puso una serie de canciones de una mujer cantando versos de Santa Teresa. Al escuchar la de “Muero porque no muero” se despejaron muchas capas de dolor de mi cuerpo asociadas con el miedo a estar en la tierra y sentirme prisionera de un cuerpo físico, tan como describe la santa.

Luego hubo otra que despejó profundas heridas de mi corazón que me ocasionan tanto miedo a abrirme completamente al amor. No recuerdo la letra de ésta. Pero sé que con ella como fondo y con otra cuyo estribillo dice algo así de “Mi amado es para mí y yo soy para mi amado”, finalmente me permití sentir la profundidad del dolor de pérdida por Joanra que seguro en esos momentos estaría amando a otra que no era yo...

Lloré mucho, pero ahora había una parte de mí que estaba contenta por haber comprendido el sentido y el propósito de mi tránsito por estas situaciones. Estaba muy en contacto con la semilla del amor a mis padres que se sembró cuando escuché aquella llamada subvrepticia de mi padre y sómo se ha ido desplegando a lo largo de mi vida uniéndome más a ellos y al núcleo de la experiencia humana con todos sus matices y complejidades.

Desde ese amor dejé ir a Joanra hacia su libertad y hacia las experiencias que tenga qué vivir dándole las gracias por amarme tanto que se prestó a hacerme este daño. Y reconociendo que también por amor yo me presté a recibirlo.

Un día que nos estábamos peleando le dije que invocáramos sueños a ver qué karma teníamos el uno con el otro. Por la mañana le pregunté qué soñó y me dijo que nada, que había tenido un sueño erótico con otra mujer... Los dos nos reímos porque pensamos que él no había hecho su tarea... aunque en vista de lo visto, la hizo genial, tenía el cometido kármico de serme infiel. Yo en cambio soñé que un hombre desconocido quería hacerle daño a alguien que era mi amigo y como no podía localizarlo, me tomó a mí cautiva y me hizo un tajo en el brazo con un cuchillo. Yo tenía mucho miedo y sentía mucho dolor pero de alguna forma sabía que tenía que dejar que me lo hiciera porque a partir de eso él iba a aprender algo importante y me quedaba quieta hasta que llegaban por él dos mujeres y se lo llevaban; después se convertía en una mujer y quería quedarse conmigo pero yo le decía que se fuera con quienes se la estaban llevando porque yo tenía cosas que planear. Entonces me vi con Griselle, una de mis primas, que estaba probándome un sombrero y algo de vestuario para una representación que haría. En la última escena entraba con unos hombres a un bar, uno de ellos se ponía violento y rompía unos platos. El dueño reclamaba y yo para zanjar el asunto e irnos en paz, le pagaba los platos.... Vaya, vaya con nuestros reveladores sueños que en su momento ninguno de los dos comprendimos, pero seguimos al pie de la letra.

 

Dejándonos en libertad

En esos momentos de la experiencia, con muchísimo amor convoqué a las sabias almas de nuestras respectivas abuelas y lo encomendé con ellas pidiendo que compartieran con nosotros toda su fuerza y sabiduría para la siguiente parte de nuestros respectivos caminos, sean cuales sean.

Pensé que no sabía si terminaría siguiendo a mi madre también en esto, pero lo que sí me queda claro es que quiero vivir una relación más libre, donde no me sienta dividida entre mi trabajo y mi matrimonio. Quiero disfrutar de una vida sexual apasionante y quiero tener un hijo. Y también tengo claro que ahora deseo vivir la experiencia de tener una pareja que se interese más por lo que hago y sobre todo, que lea con interés mis relatos de la abuela ayahuasca... jeje. Cosa que Joanra nunca se ha dignado a hacer. De hecho en aquellos momentos, me dirigí a su alma y le puse como única condición para regresar con él, en caso de que me buscara, que hubiera leído este relato que colgaré en internet junto con los otros. Será el password para saber que aún tenemos alguna oportunidad juntos.

En caso de que vuelva a buscarme sin mencionar en ningún momento que ha leído este relato y me diga textualmente: “El password para regresar contigo es la decimosexta comunión con la abuela ayahuasca”, lo nuestro está definitivamente terminado y no tiene forma de revivirse.

Cuando pensé esto del password me dio mucha risa pero me di cuenta con prístina certeza que en realidad no tenemos prácticamente ninguna oportunidad de volver porque esta vez no me conformaré con menos que experimentar el amor que deseo tal como lo deseo y si no, más vale sola que mal acompañada...

Entonces me despedí de Skay, el Ser Superior de Joanra, con muchísimo amor por todo lo que hemos vivido juntos durante estos maravillosos años y esta vez lloré lágrimas de gratitud, aceptación y asombro ante la oportunidad de habernos compartido mutuamente durante el tiempo en que estuvimos juntos.

Por último, me armé de valor, regresé a la luz azul de Karael y le pedí a mi Ser Superior que hiciera venir a mí todas las experiencias que necesite vivir para amarme tanto a mí misma que en verdad pueda atraer a mi campo de experiencia la relación de pareja que estoy deseando. Y pedí que fuera lo más rápido posible. Lo pedí, temerosa y sabedora de que me acababa de meter en un berenjenal peligroso pero estoy dispuesta a que venga lo que tenga que venir y rezaré para tener la fortaleza para superarlo.

Al final de la experiencia no había ni rastros del cólico y de nuevo escuchaba perfectamente con los dos oídos. Ni siquiera me di cuenta en qué momento recuperé la audición... pero todos mis amigos me dijeron que estaba radiante porque seguro que nunca se me había notado tanto la diferencia entre un antes y un después de la abuelita.

 

 

 

 

Esta es la imagen escaneada del dibujo que use para representar las experiencias que
tuve durante mi decimosexta experiencia con ayahuasca:

Título: "Dolor de pérdida "
Técnica: Acuarela y tinta colores sobre papel
Dimensiones: 32 x 24 cm
Autora: Karina Malpica

 

 

 

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