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MIS
EXPERIENCIAS

CON LA ABUELA
AYAHUASCA

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JUGANDO A SER PRINCESA

Segunda Comunión con la Abuela Ayahuasca

(unos días después de la primera)

 

 

Preámbulo

Llegamos con la luna en Aries y el sol en Leo. Mejor preparados… ¡imposible! Je-je.

Tengo tanto que contar y estoy tan absolutamente feliz y poderosa que me gustaría brincar directo al final, lista para repartir majestuosos regalos de Amor. Sin embargo, seré magnánima conmigo misma y me otorgaré el regalo de comenzar por el principio.

Antes de comulgar con la abuela ayahuasca traté de entregar mis altas expectativas de ser recibida en el interior de una nave por diversos seres que me explicarían mil cosas que siempre he querido saber. También renuncié a la cita que había establecido con el mantis por si las dudas… Según yo, llegué lista para entrar y ser gratamente sorprendida ¡y lo fui! Sólo que antes tuve que hacer antesala y liberarme de bastantes lastres que he venido cargando desde que tengo memoria. Me liberé al rendirme y permitir que me liberaran, y eso es parte de lo que deseo relatar. Así es que continúo:

 

PRIMERA PARTE:

Encuentro con mi vacío

Esa tarde llegué a sentarme, a seguir las indicaciones de la ceremonia, a concentrarme en el deseo de establecer un contacto aún más estrecho con mi Ser y a dejarme sorprender.

De pronto escuché un zumbido en mi oído derecho y supe que la comunión estaba comenzando más rápido que la ocasión anterior.

Elegí concentrarme en la música. Había adoptado la misma posición marcial que Christian para ver si me sentía tan guerrera como lo veo a él. Como no tengo costumbre de hacerlo, mi pierna derecha que estaba debajo de la otra comenzó a dar lata. Pensé en cambiar de postura pero antes de emprender el movimiento sentí todo el cuerpo fuera de mi poder, mi rostro en especial estaba totalmente rígido y comprimido.

Me emocioné mucho, pensé que el mantis había acudido a la cita y estaba entrando en mí. Quise concentrarme en la música para aquietar mi emoción y no estorbar lo que estaba a punto de ocurrir. Mi pierna volvió a molestar, o más bien, yo volví a prestarle atención al dolor que ella emitía constantemente. Pensé que si conseguía llevar mi atención hacia otro lado, el dolor se reduciría hasta anularse al olvidarme del asunto.

Me concentré en la sensación de mi rostro y vi de nuevo la primera parte del recuerdo que conservo del mantis durante mi experiencia con floripondio. Lo vi muy quieto antes de comenzar a otorgarles la muerte a muchas palomitas. Esta vez comprendí al ver de nuevo la escena que su elegante economía de movimientos era un ahorro de energía. Se enfoca en lo que va a hacer, lo hace sin dudar un solo instante, con la plena confianza en su capacidad de hacer únicamente lo requerido y listo. Ni más, ni menos. Entonces hay energía restante que no se desperdicia en errar el golpe o en fallar el cálculo de aterrizaje… en permitir el espacio a la duda y convocar con ello la aparición de los acercamientos inexactos y los ataques fallidos en los que se van dispersando dosis variables de energía y confianza.

En ese análisis estaba y ya mi pierna se me había olvidado por completo cuando llegó Verónica y me dijo que me relajara, que disfrutara, que fuera también hacia la Madre, o algo así. En realidad no recuerdo lo que me dijo porque me molestó la interrupción, sólo recuerdo la interpretación que le di a su consejo y el sentimiento que me generé con ello.

Pensé que ella me estaba viendo muy tensa, que había visto que quería imitar a Christian y estaba forzándome en adoptar una postura que en realidad no estaba preparada para sostener porque en verdad no soy una guerrera como en realidad quisiera ser. Todo eso fue lo que "deduje" de la recomendación de Vero. Cambié de un canal a otro con absoluta facilidad y sin resistencia alguna. De pronto me sentí decepcionada ante mí misma y ante Vero que había descubierto la verdad… y pronto lo sabrían todos. Me estaba desilusionando no sólo a mí sino a todos los demás a quienes yo trataba de venderles la idea de mi especialidad y mi falsa auto confianza.

En cuestión de segundos me desmoroné por completo. Me sentí desolada, acorralada, sin saber qué hacer, dónde ocultarme…

Todo se volvió azul grisáceo y me encontré incapaz de abandonar ese sentimiento y esos colores. Me sentí totalmente incapaz de volver a encajar con la imagen de Princesa Guerrera que tanto me había gustado tener respecto a mi misma. Entonces pensé en Omar y me imaginé que eso era justamente lo que había estado sintiendo días antes. Recordé cuando estuve presenciando algún episodio de su para él tan dolorosa caída del pedestal de Maestro y sentí tanta pena por él que tuve miedo de tener que pasar por ello alguna vez como él me lo profetizaba. En ese episodio me pedía indulgencia y me pedía que aprendiera de él para cuando yo estuviese en las mismas circunstancias. Entonces pedí no tener que pasar por aquello, pero hay algo en mi programación que parece no ser capaz de leer el no. Simplemente no lo acepta, no lo comprende. En ese lenguaje no existe el no, sólo hay, como en la computadora bits de 0 y de 1. El 1 significa: algo y el 0: ausencia de algo. Y punto. No existe la exclusión, sólo la inclusión o la ausencia de inclusión y cuando pido no vivir algo, en realidad estoy ordenando que se me manifieste porque se interpreta como 1, no como 0 y se me da. Si no pienso en nada, esto equivale a 0, si pienso quiero esto o no quiero esto, ambas cosas equivalen a 1. O sea que me ocurren tanto las cosas que quiero, como las que temo experimentar.

Traté de salir del miedo de ese mundo azul enfrentándolo. Quise ver dónde exactamente estaba el miedo y recordé que el día anterior Omar solicitaba y requería con urgencia mi compañía para que yo le hablara y le regresara la seguridad que perdió en sí mismo. Yo había agradecido el haber subido al Tepozteco y no haber estado en mi casa para no recibir su visita, para no enfrentarlo, o más bien, para no enfrentarme al dolor que me producía verlo así y a la lástima que sentía por él. No me gusta sentir lástima. No me gusta tener que verme obligada a disimular o a mentir y decirle cosas que en realidad no siento para que él no se sienta peor. No me gusta tener que asegurarle que sí, que sí lo sigo considerando como el gran Maestro que siempre ha dicho ser y que yo he observado en ocasiones. Vi como venía a entregarme el poder de hacerlo feliz, de darle la confianza que necesitaba.

La pierna regresó con toda la intensidad del dolor que me provocaba y sin más consideraciones cambié de posición. A buen santo se encomienda Omar, pensé y me sentí totalmente reducida e  impotente. Sentí lástima por ambos, intentos fallidos de Maestro y de Princesa guerrera. Intenté al menos sentir compasión como salida de ese sentimiento de desamparo, impotencia, descrédito, lástima, asco… pero no sentía nada positivo, nada indulgente.

Pensé que la única posibilidad de regresar a la seguridad de mi reconfortante imagen la había perdido con el cambio de postura. Había renunciado a ser guerrera y se me había vedado la sensación de bienestar, confianza y poder que surgían por el simple hecho de sostener esa imagen.

Me abandoné a la debacle. No pude sostener ni una postura corporal, cómo iba a sostener una imagen. Qué vergüenza. Adiós Princesa guerrera. Abrí los ojos y sentí un gran vacío.

Lo reconocí como el vacío recurrente que me ha aparecido en diferentes circunstancias de mi vida. Cuando me deprimo y me cierro sólo veo ese vacío y lo siento como un compañero permanente.

Pensé, OK. Voy a enfrentar el vacío para transformarlo en compasión. A toda costa quería experimentar compasión, porque como ya he mencionado, me parece un sentimiento aceptable.

Traje a mi mente escenas de mi memoria en las que he experimentado ese vacío: frente a mi madre llorando por mí, pidiéndome un amor y una aceptación que en esos momentos no sentía por ella. Luego me vi acostada en la cama de un hotel teniendo que fumar tabaco para recubrir la falta, el vacío de haber hecho el amor sin que el amor hubiese estado presente. Me vi frente a mi amiga Frida tan dispuesta a solicitar mi atención y mi compañía cuando yo no sentía ese nivel de intensidad hacia ella. Me vi sufriendo en las Estacas, pidiéndole a una estrella fugaz que me dejara recobrar el amor que en esos momentos ya no sentía por el novio que tenía a mi lado y me besaba el cuello. Y vi varias escenas en donde mis padres, mis hermanos, mis tíos, mis amigos y admiradores me han ofrecido siempre lo mejor, lo más caro, lo más preciado y no pocas veces a costa de su propio beneficio. Y sentí que todo era absolutamente inmerecido porque yo no podía amarlos con la misma intensidad… porque yo no podía o simplemente no quería corresponder sus regalos… y porque en ocasiones no podía brindarles la atención y el tiempo que me solicitaban.

Recordé por ejemplo a Lauri regalándome un perfume que me encanta. Su enorme aprecio por mí estaba contenido en esa botella y me sentí totalmente inmerecedora.

Me sentí vacía, insensible, incapaz de dar amor. Cínicamente culpable de esos delitos, le hablé a Verónica y le dije que tenía problemas. Me preguntó "¿Dónde estás?" Le contesté que en un salón de clases, porque ahí quería estar, en clase con mi mantis; y porque me daba vergüenza decirle dónde estaba realmente, fuera de clases [aparentemente], desconectada de mi ser y sentenciada a quedarme así como cadena perpetua por falta de amor. Vero me recomendó que regresara a mi Ser, que orara, que pidiera ayuda, que preguntara sobre el impedimento. Y lo intenté, pero me sentía totalmente indigna de ser ayudada porque sentía que yo no estaba haciendo mi parte, no estaba trabajando, no me estaba esforzando, no estaba prestando ningún servicio a la humanidad ni a mi misma.

Recordé de nuevo a Omar y su desesperanza, enseguida escuché a Lauri llorando, y reviví la escena en que los vi una vez llorando de impotencia, ellos sí llenos de amor el uno por el otro pero sin saber como recibir el del otro. Me sentí en un auténtico valle de lágrimas, mucho más absurdo que aterrador por lo innecesario de todo ese dolor.

Hasta ese punto aún conservaba la vana ilusión de regresar con el mantis para volver y relatarle a la grabadora y a mis compañeros cómo fue que el mantis me había enseñado esto o aquello y hacer como si nunca hubiese reencontrado mi vacío en este viaje. Pero en ese punto ya de plano perdí toda esperanza de regresar a mi Ser y mejor me di por vencida. Llamé de nuevo a Vero y me arriesgué a la sinceridad de descubrirme y confiarle que estaba mal. Como no quise explicarle todo, sólo le dije que no podía sentir compasión frente a lo que veía. Ella llamó a Juan y él me abrió una posibilidad, una gran puerta de escape al decirme que no tenía porqué sentir compasión, que podía simplemente observar.

Y eso hice. Estuve observando mi falta de amor y compasión hasta liberarme de la culpa de no poder experimentarlos. Así soy. Triste pero cierto, pensé. Y ya más calmada recordé lo que me había dicho Vero. Oré y pregunté por qué. ¿Por qué no siento amor, ni compasión? Nadie respondió. Pedí entonces una audiencia con la Abuela Ayahuasca, con Kali-Char, con mi ángel Rashil, con Águila Dorada o con quien tuviera para mi alguna respuesta. Sentí que lo pedí con humildad y con urgencia, y no obstante, seguía sin escuchar nada. Todo seguía siendo un paisaje metálico, gris azulado y desolador.

No había ninguna respuesta, estaba sola y aislada, pensando que quizá debía pedir perdón o hacer algo antes de que pudieran prestarme ayuda. Sentí que ya llevaba demasiado tiempo perdida, que podría terminar el efecto y yo podría regresar a la realidad en esas desastrosas condiciones ¡y sin haber visto a mi precioso mantis para acabarla de hundir!

Necesitaba más tiempo para salir de allí con una experiencia positiva, necesitaba tiempo al menos para buscar qué es lo que estaba fallando para que en caso de fracasar, pudiera llevarme por lo menos el consuelo de haber hecho el intento, de haber peleado la batalla.

Juan se acercó a preguntarme cómo estaba. Le dije: "Estoy viendo mis peores miedos"; y en un arranque de valor le pedí más tiempo, o sea, más ayahuasca.

Habiendo escuchado lo difícil que es conseguirla, esta vez me había prometido comulgar con una sola dosis. Me sentía un poco culpable por no haber reunido el dinero completo del curso y no me sentía merecedora de una ración mayor que la que recibieron los que sí habían pagado todo. En fin, el caso es que tuve que saltar por eso para pedir más. Juan me la otorgó junto con la recomendación de cambiar de postura.

SEGUNDA PARTE:

Permitiendo el rescate

Ofrecí mi respetos y mi gratitud por tan inmerecida oportunidad, solicité ayuda una vez más a mi Ser y a todos mis maestros, la bebí y ya sin guardar ningún tipo de apariencia, me acosté como niña y casi enseguida comencé a llorar por mí y por todos mis compañeros. Alguien me dio un pañuelo y un abrazo.

Después de llorar seguía sintiéndome aislada y encapsulada en mi mundo azul-frío y recordé una frase de Grof sobre la noche oscura de la fe. Antes de comenzar la sesión tomé uno de los libros de Juan y lo abrí al azar preguntando si había alguna recomendación de Grof para mí en esos momentos previos. No pude leer el pasaje completo porque Omar estaba a mi lado, me estaba hablando, diciéndome lo que ya conté, que aprendiera de él en su etapa de Maestro caído para cuando yo estuviese en las mismas circunstancias. Me parecía una falta de amor, respeto y sensibilidad dejarlo hablando solo para bucear en lo que me interesaba. Le presté atención y efectivamente procuré aprender de lo que me estaba diciendo. A pesar de ello logré retener que Grof hablaba de la noche oscura de la fe como de un parto difícil, a la vez iniciático y purificador. Como un pasaje de entrada hacia el camino de la iluminación. Hablaba precisamente de una angustia intensa, de un terror por sentirte incapaz de salir de donde estás. Hablaba de experimentar una auténtica trampa sin salida, una trampa de orden místico.

Conforme lo leía pensé que yo ya había pasado esa prueba porque reconocí al instante todo lo que describía. Lo había experimentado antes de llegar a vivir a Tepoztlán, en el primer y único malviaje aterrador que he tenido (fumando marihuana), cuando sentí que yo era Dios; pero no que yo era como Dios, sino que Dios era como yo, tan limitado, falible, despreciable y diminuto como me sentía yo en aquellos momentos. Regresé del viaje con toda la angustia posible y con todo el miedo que era capaz de concebir. Me tomó bastante tiempo olvidarlo y recuperarme, pero finalmente lo hice y ahora puedo reírme de ello. Por eso es que pensé que ya había superado esa prueba; pero en esos momentos vi claramente que no, o al menos no lo suficiente como para tener fe en que Dios y los maestros extrafísicos no son tan mezquinos como yo lo he sido conmigo misma. Bueno esto lo pienso ahora que lo escribo. En esos momentos sólo me cayó el veinte de que necesitaba tener fe en que recibiría la ayuda que estaba pidiendo.

Me rendí, me relajé un poco y de inmediato comprendí que la ayuda estaba al alcance de mi mano. Simplemente estaban esperando a que yo estuviese dispuesta a aceptarla. Pensé que lo más seguro es que no tuviese que hacer nada para merecerla, porque eso sería un poco como cobrarme el favor antes de hacérmelo. Supuse entonces que lo único que me separaba de ellos eran mis propias resistencias y mi falta de fe, cosas que sólo yo podía vencer para abrirme a recibir ayuda.

Esta vez acudí específicamente a Águila Dorada. Le pedí que me llevara en sus alas hacia mi Ser. Subí, oré y di las gracias por la ayuda que al fin estaba dispuesta a recibir. Me concentré en la música y conforme sentí que iba subiendo, fue apareciendo el color. La música creaba paisajes geométricos coloridos en mi imaginación y yo comencé a tranquilizarme y a experimentar dentro de mis cuerpos luz sonora y armónica que iba cambiando mi estado de ánimo. Me emocioné, me abrí a ella y dejé que fuera llenando todo el vacío que había venido cargando.

De pronto comencé a sentirme mareada y a experimentar una sensación de sí pero falta algo, mezclada con un eco de dolor y extrañeza que no me gustó para nada, porque no correspondía al estado de plenitud que tengo asociado con el amor. Pensé que estaba realmente desacostumbrada a sentir amor en todas esas zonas que durante tanto tiempo mantuve vacías; supuse que era normal que me sintiese así y decidí continuar, dejarme ir con el primer amor que estaba llegando a mí. Pensé que al igual que con la ayuda, tenía que abrirme y confiar y tener fe en que todo se pondría cada vez mejor.

Experimenté un vértigo muy complejo… multidimensional es lo único que se me ocurre para describirlo porque no era algo que estuviese localizado únicamente en mi cuerpo físico sino en todo mi alrededor y yo podía sentirlo todo a la vez. Sentí que yo regulaba la cantidad y la velocidad en que la luz sonora iba entrando a mí. En cualquier momento podía decir ya basta, ya tengo suficiente. Y estuve a punto de hacerlo porque me sentí muy mareada e incluso me dieron ganas de abrir los ojos y volver a la realidad, pero tuve la certeza de que toda mi vida había estado esperando la llegada de lo que estaba ocurriéndome en esos momentos y debía ser valiente y continuar. Recordé brevemente algunas de mis experiencias con otras plantas de poder y vi que ya había aprendido a sortear estados físico-emocionales similares; de hecho en esos momentos sentí que toda mi investigación empírica con los diversos psicoactivos que he probado, había sido un intuitivo entrenamiento previo para esos momentos.

Logré hacer que el malestar físico aminorara poco a poco hasta desaparecer y me sentí mejor. El subeibaja emocional aún continuaba cuando tuve uno de mis conocidos ataques de ambición. Pensé que si yo era capaz de regular cuánto amor quería experimentar en esa ocasión, cuánto amor podía albergar, cuánto amor estaba dispuesta a recibir, ¿para qué esperar, para qué dosificarlo? Pedí todo. Pedí experimentar ¡TODO EL AMOR! Después me recriminé mi ambición como siempre había venido haciéndolo. Me pregunté que de qué méritos gozaba para recibirlo TODO, además ni siquiera sabía si estaba lista o no para recibirlo. Entonces me contesté, bueno, no tengo méritos y no sé si estoy lista o no, sólo sé que tengo esta ambición de experimentar TODO EL AMOR ahorita mismo y estoy siendo sincera al expresarla. Y si el amor está de buenas y quiere darme lo que pida, pues bueno, que se me de todo porque en verdad estoy dispuesta a recibirlo TODO.

Yo seguía en hombros de Águila Dorada, elevándome y experimentando repentinos miedos frente a la intensidad de lo que estaba observando y sintiendo, hasta que entendí que cada cambio podía ser visto como uno de los múltiples aspectos del amor y entonces los acepté a todos, los dejé entrar a todos.

Así estuve un rato más, dejándome llevar y abandonándome a lo que de entrada resultaba inconcordante o desagradable hasta que, poco a poco, todo comenzó a ser placentero Sin darme cuenta comencé a experimentar una sensación de amor y plenitud, hasta esos momentos completamente desconocida para mí.

Finalmente me sentí en la libertad de abrirme por completo, para lo cual cambié mi postura corporal. Me senté de nuevo recargada contra la pared y con las manos extendidas. Y en adelante cambie de postura cada vez que se me antojó hacerlo para sentirme más abierta, más permeable, más… iluminada.

Pensé que si quería experimentar TODO EL AMOR, debía de abrirme TODA, absolutamente TODA. Y lo hice con una confianza y una fe absolutas. Bajo la certeza de que de ahí en adelante todo iba a ser mejor, no sólo en esos momentos sino en toda mi vida. ¡Y ya estaba siendo enormemente maravilloso!

No tengo ningún parámetro anterior a esta experiencia con el cual contrastar la magnitud del amor y el bienestar que experimenté en aumento desde esos momentos hasta el final de la sesión. Simplemente experimenté algo totalmente nuevo, algo que nunca antes había sentido y sé que ni siquiera habría podido llegar a concebirlo anteriormente.

Me dejé disfrutar de la luz del amor y dejé que la luz del amor me disfrutara. Supe que a la fuente de amor, tal como a cada una de sus ondas-partículas, les encanta hacer disfrutar; disfrutan haciendo disfrutar. Agradecí y bendije su presencia en todos mis cuerpos.

Fui más ambiciosa y deseé disfrutarla siempre y en todo momento y la vi cristalizándose en mi corazón para funcionar como un atractor de más de sí misma en cuanto yo lo pidiera. Comencé a llorar de felicidad como no recuerdo haberlo hecho nunca. De pronto tuve la certeza de que eso era tener abierto el chakra 4. Supe que la luz me había hecho el tremendo regalo de abrírmelo gratis, sin que yo tuviese que vivir para servir a costa de mi propia felicidad, como me decía Omar, ni trabajar como voluntaria en Kosovo o en horfanatorios indúes al estilo de la Madre Teresa, como me sugería Brenda para que al fin, después de años de mucho sufrimiento y trabajo voluntario entre la más abyecta pobreza, tristeza y desesperanza, lograra sentir compasión y comenzara a sentir finalmente lo que es el amor por toda la humanidad.

Sentí que esas eran vías muy loables y valiosas, pero no eran las únicas. Vi que el amor era tan, pero tan ABSOLUTAMENTE INCONDICIONAL que era capaz de otorgar esa clase de regalos tan enormes como una apertura automática y gratuita del chakra 4, a cualquiera y en un segundo, sin pensarlo, sin pedir, ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡SIN ESPERAR ABSOLUTAMENTE NADA A CAMBIO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

El regalo estaba otorgado y dependía únicamente de mí decidir si quería regresar y conservarlo abierto o si volvía a cerrarme nuevamente. Además, supe que esta otra vía también era válida, pero además era más rápida y más divertida. Me sentía tan ilimitadamente llena de amor, que estaba segura de poder curar y servir voluntariamente a todo el mundo ¡pero sin sufrir, sin esforzarme tanto! por el contrario, ¡disfrutando el servicio!

DISFRUTAR y SERVIR habían sido para mí términos poco menos que auto excluyentes, ¡y de repente parecían poco menos que hermanos gemelos!

El Amor, contra todas mis creencias anteriores, es algo GRATUITO Y DISPONIBLE. Es verdaderamente una fuente de energía inagotable ¡¡¡y lo mejor de todo es que no hay que hacer absolutamente nada para merecerlo!!! No hay que trabajar por él, no hay que conquistarlo, no hay que esperarlo. SÓLO BASTA CON PEDIRLO Y DEJARLO ENTRAR. Así de simple y sencillo.

Me maravillé y seguí llorando de felicidad mientras contemplaba mi vida en retrospectiva. Pude observar la disposición incondicional del amor, permanente e inagotable para darme lo que yo pidiera en el momento en el que yo lo solicitara y aún antes de que si quiera lo pensara. Aún antes de que pudiese atreverme a experimentarlo como lo estaba sintiendo en esos momentos, antes de que me hubiese otorgado a mí misma la capacidad de aceptarlo abriéndome a él. Siempre estuvo allí y nunca le importaron mis rechazos. Siempre estuvo rodeándome y entregándoseme a través de mi familia, de mis amigos, de toda mi buena suerte, de toda la abundancia material y espiritual de la que disfruté desde que llegué al planeta. ¡Y nunca le ha importado si yo correspondo o no, si he sido capaz de amar a los que me aman o no, si he sido capaz de retribuir lo que se me otorga o no!

En esos momentos la palabra INCONDICIONALIDAD se llenó de significado.

Una cosa es la idea y otra cosa es la experiencia. Yo estaba viviendo la experiencia y observando por primera vez qué tan incondicionalmente he sido amada y seguiría siéndolo aún en el remotísimo caso de que regresara, me volviera a cerrar y nunca pudiese llegar a dar amor. Aunque esa posibilidad en realidad era inexistente en esos momentos porque ahora sí ya tenía amor en todos mis cuerpos y por si fuese poco, tenía instalado un generador inagotable en mi corazón para otorgar a otros todo, absolutamente todo lo que me solicitaran porque en realidad a mí no me costaba nada y había tanto y se sentía tan bien que simplemente era imposible no compartirlo. No había razón para no regalarlo tan magnífica, espléndida, desinteresada y magnánimamente como el amor se regala a sí mismo.

Además comprendí que yo ya sabía como generarlo y transmitirlo. De repente tuve acceso a todas las escenas positivas de mi vida que había excluido de mi recuento del vacío, que en realidad eran proporcionalmente muchas más. Vi muchas escenas de mí misma sintiendo amor ante muchas gentes, ante Omar y ante Lauri, ante mis padres, mis hermanos, mis familiares, mis amigos, mis novios y otros hombres que no lograron aceptarlo cuando se los ofrecí. Algunas veces logré ofrecerlo puro, pero la mayoría de las ocasiones, especialmente con los hombres que no lo recibieron, había estado contaminado con la urgente solicitud de su retribución.

Vi en cuestión de momentos tantos casos en los que sí sentí amor hacia otros, que de hecho tuve escenas para resarcir a todos aquellos con quienes me sentía en deuda en la primera parte del viaje. Contemplé lo que por alguna razón poco antes había estado fuera de mi alcance y al contemplarlo, vi además una pequeñísima muestra de todas las posibilidades que tendré de seguir experimentándolo ¡y cada vez con mayor intensidad!

Supe con toda claridad que la única limitación para experimentar el amor y el placer que hay a mi alrededor soy yo misma. Soy yo quien había estado regulando el gozo que me permitía disfrutar, no sólo durante esta ascensión, sino afuera en la vida física. Y en cuanto lo vi, tuve la enorme idea de darme mil otras cosas más que me había estado negando. Comprendí que siempre había sido demasiado severa y crítica conmigo misma, además de tacaña conmigo misma al no dejarme disfrutar muchísimas cosas. Quizá por eso decidí dármelo todo en esos mismísimos momentos: todo lo que siempre he deseado y todo lo que se me fue ocurriendo en el momento.

Comencé regalándome un cuerpo bellísimo, más dinero, más viajes… y antes de poder pedir más, me detuve a reprocharme de nuevo, esta vez que estaba siendo demasiado materialista; pero afortunadamente recordé que esta nueva versión de mí, había venido precisamente a romper todas y cada una de las estructuras y creencias limitantes que mi primera versión no logró desmantelar. Estaba totalmente exaltada y repleta de felicidad y dije sí ¿y qué? puedo otorgarme eso y todo lo demás que quiera pedir. Los deseos no se van a acabar, no necesito pensar en guardar parte de mis deseos para los demás; puedo pedir TODOS LOS QUE QUIERA PARA MÍ y aparte TODOS LOS QUE QUIERA PARA LOS DEMÁS. Todo es inagotable, no estoy quitándole nada a nadie. Al igual que yo, los demás también pueden tener TODO EL AMOR y todas las cosas que deseen simultáneamente.

Me sentí como auténtica Princesa por atreverme a solicitar todo lo que se me ocurriera y por dármelo -por primera vez en mi vida- incondicionalmente. Quise experimentar qué se siente ser una Princesa ilimitada y me lo concedí.

TERCERA PARTE:

Jugando a ser Princesa

Me visualicé bajando a mi Palacio, me relajé, me puse cómoda y me dispuse a disfrutar otorgándome toda clase de regalos mientras mi cuerpo recibía una purificación y un servicio completos que yo misma pedí y me otorgué.

Sentí que con la luz del Amor había bajado más de mi Ser, para integrarse a mi personaje de Karina y enseñarme a romper aún más limitaciones.

Enseguida me vi como auténtica Princesa Guerrera, muy eufórica y feliz de haber logrado la hazaña de bajar aún más de mí misma al plano terrestre. Y lo celebré metiéndome a los pits para experimentar un merecidísimo y necesario servicio general. A lo largo del resto de la experiencia que apenas estaba comenzando, diferentes partes de mi cuerpo físico en las que había memorias negativas resistentes al paso del amor, comenzaron a dolerme. Seguí con mi trabajo de Princesa especialista en romper limitaciones mientras cambiaba de postura y permitía que la bañera de energía en la que me encontraba desactivara los patrones innecesarios y destruyera todo los bloqueos que en el mundo físico me han impedido disfrutar del regalo incondicional del amor.

Cuando terminé de pedir y otorgarme todos los regalos materiales que se me ocurrieron, fui todavía más ambiciosa y pedí comenzar a experimentarlos de una vez.

Visualicé el cuerpo que tengo, pero libre de las imperfecciones que alguna vez me han avergonzado, hasta que lo encontré perfecto y me sentí muy satisfecha y ambicioné conservarlo para regresar con él de la experiencia… pensé que era imposible y recordé que no, que nada es imposible y que esta gloriosa Princesa que soy ya encontraría la manera de bajarlo a la realidad física. Y lo haría de la manera más fácil y rápida posible porque nada ni nadie me impedía hacerlo; y sabiendo eso, ya nunca más me volvería a exigir sacrificios; por el contrario, de inmediato me regalé la posibilidad material de tener el mejor cuerpo posible de la manera más fácil y rápida posible. Lo primero que se me ocurrió pedir fue: haciendo sólo treinta minutos diarios de ejercicio y nada de dietas. Y me reí, y pensé, ¡no, aún más fácil! Y me enseñé que esa manera más fácil consistía en mantener un simple estado mental-emocional: bastaba con bajar y retener esa imagen visual que ya me había regalado y luego hacer que la materia se adaptara a la visualización mental y ya no a la imagen del espejo y supe que eso lo lograría considerándome y sintiéndome todo el día delgada y bellísima. Lloré y me reí mucho al ver que en realidad las cosas eran así de simples y sencillas. Y no tenía que volver a complicarme la vida con problemas inexistentes, como la culpa o las ideas ajenas sobre cómo son el amor y las otras cosas materiales, sobre cómo se deben merecer u obtener mediante la lucha y el sacrificio.

Como Princesa ilimitada me agradecí profundamente y me reconocí el gran valor de no haber dejado de ser ambiciosa a pesar de la culpa y las ideas ajenas; de no haber dejado de dudar nunca que las cosas siempre pueden ser más fáciles y rápidas; de seguir buscando siempre los caminos más cortos y disfrutables a pesar de las circunstancias y de todos los que aún no ven que cada limitación tiene un punto de quiebra.

Como la recién desatada Princesa ambiciosa que estaba feliz de ser, me complacía buscando una limitación para romperla otorgándome con ello un nuevo regalo. ¿Dinero fácil? Un trabajo interesante, en donde haga sólo lo que siempre me ha gustado hacer y súper bien remunerado. Sí, pero además la lotería. Me regalé el mayor premio de la lotería y una actividad diaria que me fascinara. Y supe que después de todo, me los merecía, por el simple hecho de ser lo suficientemente ambiciosa para desearlos, lo suficientemente valiente para pedirlos y lo suficientemente magnánima para otorgármelos.

Y pedí que Laura y Omar y Siboney y todos mis amigos presentes y ausentes y todos mis familiares y todo el mundo descubriera que las cosas son en realidad así de simples.

Quise aprovechar el tiempo otorgándome más regalos con la plena confianza y seguridad de que ya encontraría la manera de bajarlos al plano físico más tarde. De hecho pensé que manifestar en el plano físico todo lo que creara en esa realidad ilimitada, sería el mejor y más divertido reto; regresar y buscar, intentar, idear métodos, probar, fallar, buscar dónde estuvo la falla, volver a idear otra cosa, volver a probarla, realizar los ajustes necesarios... todo esto me parecía increíblemente emocionante, súper excitante... como una apuesta irresistible.

Pero también estaba increíblemente feliz de sentirme en el mundo de la ilimitación y vi que esos eran momentos de jugar y disfrutar abriéndome el mayor número de posibilidades. Y no sólo a mí, sino a los demás, porque extrañamente estaba compartiéndolo todo. Cada que hacía algo por mí, o que me otorgaba algún regalo, enseguida pedía que los demás también lo experimentaran o también lo tuvieran. El "extrañamente" es de ahora que lo escribo, entonces era una cosa tan obvia que ni siquiera se me ocurrió cuestionarla, ni admirarla, vaya, ni si quiera reparé en ello. El querer compartir todo con los demás, el querer que ellos también sintieran, vieran y experimentaran todo aquello que tanto placer y felicidad me estaba causando, era algo incuestionablemente lógico, era una consecuencia natural, como una reacción secundaria del efecto del Amor.

Entre las cosas más ambiciosas que recuerdo haber pedido están las siguientes:

 

* Kits completos para jugar a la Princesa o al Príncipe para todos los humanos.
* Los mejores Maestros para lograr la iluminación de la manera más fácil y rápida posible.
* Un despertar masivo, simple, fácil y simultáneo para toda la Tierra y sus habitantes, y un boleto para presenciar tan milagroso acontecimiento interestelar.
* Otro boleto para hacer el amor con Dios.
* El regalo de encontrar a mi Otra Parte y la capacidad de gozarlo y lo mismo para todos los humanos que quieran atreverse a vivir esa experiencia.

Después de un buen rato de pedir tantas cosas materiales y espirituales y de verme como auténtica Princesa jugando a hacer mi voluntad al otorgármelas, de pronto deseé no ser la única Princesa; deseé estar en un juego en el que el resto de los jugadores, en vez de actuar como súbditos que atestiguaran mi felicidad, fueran en realidad Príncipes, Princesas, Reyes y Reinas. Pensé que sería infinitamente más divertido y maravilloso tener la oportunidad de interactuar con toda la belleza y complejidad de tantas personas jugando sus propios juegos. Entonces abrí los ojos y vi a Christian y él me vio, me abrazó y me trató como una auténtica Princesa y pensé que en verdad las cosas habían sido así desde siempre, y que era yo quien hasta esos momentos estaba despertando a la realidad. Desperté en el momento en que tuve el deseo de que así fuera y con ello franqueé las puertas a esa realidad previamente existente de la que sólo había estado auto-marginada. Supe que Christian lo sabía, quizá lo había descubierto desde hace tiempo, y me sentí como bienvenida al caso, y me reí y me emocioné muchísimo de que la vida pudiese ser así de increíblemente disfrutable.

Entonces observé a cada uno de los presentes, comenzando por Juan y Vero, a quienes vi como un Rey y una Reina absolutamente bondadosos, otorgándonos a todos los presentes el inconmensurable regalo de poder experimentar la comunión con todo el amor que es la esencia de nuestro Ser. Vi a Márgara y a Joaquín como los Reyes anfitriones, brindándonos con infinito amor todas las facilidades y comodidades necesarias para hacer posible ese milagro que estaba viviendo en compañía de otros Príncipes y Princesas, Reyes y Reinas, como Omar y Laura quienes a pesar de la adversidad, continúan bregando consigo mismos para abrirnos nuevas posibilidades a quienes venimos detrás de ellos.

Les reconocí diferentes cosas a cada uno de los presentes, aún a aquellos cuyas historias no conocía y le agradecí a Dios el increíble regalo de nuestra co-existencia en estas coordenadas espacio-temporales. Después pensé en mi tía Angélica a quien siempre he admirado tanto y la vi totalmente Reina desde hace ya mucho tiempo, jugando un juego común con mi tío Alfonso en el que ambos hacen su voluntad y se divierten ayudando a los demás a través de sus multitudinarios cursos, de sus viajes, de su mutuo amor... Y vi a Jean-Pierre tan Príncipe construyendo sus propios juguetes: su carro, ilusión permanente; su auditorio y su estudio de grabación particular, su propia obra musical y su propio CD; las locas y enormes bocinas que inventó, sus propias revelaciones hechas libros; su sueño de la 3-D y la energía libre... y todos los detalles de su inverosímil y divertida vida... Y por fin reconocí y valoré cabalmente el juego sin juguetes de Xavier, su acuariano desapego, su errar constante, el verdadero sentido de su libertad, su dominio físico sobre las olas, las cimas de las montañas, sus novias plantas, sus amigos hongos, insectos, híkuris...

Vi que desde hace muchos años, desde el comienzo de mi vida seguramente, he estado rodeada de un linaje verdaderamente interesante de personajes admirables jugando sus propios juegos, inventando sus propios juguetes o desechándolos, pero siempre desafiando lo ordinario y abriendo nuevas posibilidades para dar cabida a lo increado...

Después de esta enorme revelación de la realidad preexistente en la que reconocí el linaje de todos los presentes y algunos ausentes, cerré de nuevo los ojos y continué llorando de placer y agradecimiento.

Después de un rato de incomparable felicidad extática regresé a mi juego de Princesa ilimitada.

CUARTA PARTE:

Mi Otra Parte

El amor, la sexualidad y el encontrar a mi Otra Parte son cosas que siempre me han preocupado y varios de mis deseos estuvieron relacionados con ello.

Vi las ambiguas pero abiertas posibilidades con Xavier, mi Príncipe actual, y deseé que hiciéramos el amor con todo el amor que nos habíamos estado negando hasta entonces por no saber cómo dejarlo fluir a través de nuestras respectivas mentes y cuerpos, y me lo concedí; y luego, en otro arranque de ambición, pensé que para qué esperar si de hecho podía experimentarlo en esos momentos... ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Y lo hice y en verdad fue maravillosamente extático!!!!!!!!!! El simplemente hecho de mirarnos a los ojos y de reconocer que estábamos juntos nos producía un placer tan enorme, que nos llenaba por completo... GRACIAS DIOS.

Hay algo que me cuesta un poco de trabajo confesar, pero me parece que es importante escribirlo para esclarecerlo. Después de comprender que el amor es incondicional e ilimitado y tenemos la capacidad de dejarlo fluir por nuestros cuerpos si nos abrimos a ello; y más que nada, después de haber podido amar a Xavier y de haber podido dejarme amar por él tan maravillosa e incondicionalmente como nunca antes en la vida física habíamos podido hacerlo, estaba tan emocionada... que simplemente me era imposible no desear compartir el regalo de ese gran descubrimiento con los demás.

Antes de confesar lo que hice a continuación, necesito aclarar que en ese estado de ilimitación absoluta en el que me encontraba, las cosas se veían y se sentían completamente distintas a como las había visto y sentido antes. -Y el hecho de que haya tenido que hacer esta aclaración/confesión, revela que ahora que lo escribo, mi perspectiva es de nuevo diferente. Es mucho menos limitada respecto al punto original de partida, pero me temo que también es mucho menos abierta que la comprensión que alcancé durante la experiencia... y aún no sé si para bien o para mal, porque la ilimitación, la falta de barreras que experimenté en la libertad del Ser, no puede ser –o al menos aún no es compatible con los hechos de esta restringida vida física.

Bueno, el caso es que les regalé vales por una noche de amor incondicional conmigo a varios amigos y admiradores. Vi que la mayoría de ellos no se atrevieron a cobrarlos, pero a mis preferidos les otorgué el regalo adicional de la valentía para canjearlos. Y es que en esas circunstancias, los regalos eran irremediablemente dobles, si le regalaba a Orestes, por ejemplo, la posibilidad de hacer realidad su deseo confeso de hacer el amor conmigo, en realidad me estaba regalando a mí misma la posibilidad de verlo increíblemente feliz al experimentar por primera vez cómo se siente el amor incondicional penetrando en todas las partes previamente cerradas de su cuerpo. Sé, porque conozco la historia de Orestes, que él no tiene la menor idea de lo enorme que puede ser la manifestación del amor fluyendo irrestrictamente, tal como yo tampoco la tenía antes de ese día, puesto que como mencioné con anterioridad, ni siquiera tenía parámetros para concebir algo similar... Entonces, el hecho de que Orestes, después de tantos sufrimientos y tribulaciones por los que ha pasado, encontrara en mí el remanso de sentirse completamente aceptado tal cual es e incondicionalmente amado, era en poco una cuestión de justicia y en mucho una cuestión de placer y auténtico amor compartido.

Pero estoy desvirtuando los hechos... esta es una justificación que hago ahora. En realidad, en esos momentos, no había necesidad de justificar ni de explicar nada, el asunto de mis vales era perfectamente lógico, natural, consecuente e incuestionable... y más que nada: disfrutable.

La entrega de vales no fue lineal. En realidad, nada de lo que estoy relatando desde que comencé a jugar a la Princesa ilimitada fue lineal, estaba tan emocionada que saltaba de una cosa a otra con la mayor libertad... de repente estaba platicando con mi amiga Frida y explicándole cómo funcionaba el kit de Princesa que le acababa de entregar, y de repente estaba jugaba un extraño juego algorítmico-tridimensional con mi amigo Jean-Pierre después de regalarle la capacidad de dejar de peonizarse, luego me veía a mi misma como una increíble joya azul, y enseguida pensaba: 'quiero encontrar a mi Otra Parte', y me decía: '¡Concedido!' Y luego pasaba al despertar del número crítico de seres encarnados para conseguir la iluminación súbita del planeta y le regalaba al planeta la posibilidad de que ocurriera, y me regalaba un boleto para asistir a ello, y me iba a comentarlo con mi tía, la Reina Angélica, y le daba las gracias porque al fin entendía que sólo una Reina puede otorgar la clase de regalos que ella me ha otorgado y de los que hasta entonces también me había sentía un poco inmerecedora... y hablando de merecimientos, ya me merecía encontrar a mi Otra Parte, pero de inmediato saltaba a otra cosa, conciente de que estaba rehuyendo el tema.

Parte importante de mi placer al regalarme y regalarle a otros tantas cosas, consistía en romper mis antiguas limitaciones en cuanto a lo que es posible y no es posible hacer. De hecho procuraba enfocarme en las áreas ante las cuales normalmente cambiaba de tema por encontrarlas complicadas, ya que en esos momentos me causaba mucho placer abordarlas y desactivar mis miedos frente a ellas. El único tema al que le saqué la vuelta en más de tres ocasiones fue al encuentro con mi Otra Parte. Pero al fin me detuve a considerar el asunto. Me di cuenta de que una parte de mí quería encontrarlo ya y otra parte quería retrasar el encuentro por miedo. ¿Cuál es el miedo? Me pregunté. Y lo primero que se me ocurrió contestarme fue: 'Que se acabe la diversión de estar sola haciendo mi santa voluntad, con plena libertad y sin responsabilidades compartidas. Entonces pensé que quizá esa era sólo otra creencia limitante y podría ser transformada.' Podía encontrar a mi Otra Parte y seguir haciendo mi santa voluntad, con plena libertad... En cuanto a las responsabilidades... de pronto y vistas de frente ya no me parecía necesario eludirlas porque por primera vez en la vida me estaba sintiendo capaz de cumplirlas, no sólo con facilidad sino con alegría. Entonces pensé: Sí, definitivamente ya estoy lista, pero volví a cambiar de tema... Hasta que regalé otro vale a alguien que no se atrevió a cobrarlo, y por un momento pensé que quizá Dios podría estar haciendo eso mismo que estaba haciendo yo, eso de dar vales... y quizá nadie se atrevía a cobrar un vale de amor incondicional con Dios porque resultaba sacrílego o demasiado ambicioso... ¡mi especialidad!

Le prometí a Dios que yo sí canjearía mi vale por una noche con él  y de repente se me ocurrió que en eso precisamente consistía encontrar a mi Otra Parte, en tener el valor de canjear mi vale con Dios a través de mi Otra Parte... en atreverme a dejar que Dios me amara y se manifestara a través de él... Y para él sería lo mismo si yo dejaba fluir la energía femenina de Dios a través de mí. Y entonces quise saber más sobre lo que sería reencontrar a mi Otra Parte y quise experimentarlo en esos momentos... y estuve en brazos de alguien a quien no quise o no me atreví a mirar. Pensé que aún no deseaba saber quién era. Deseé que esa fuera la más enorme y grata sorpresa de mi vida, un aliciente para regresar al mundo físico y buscarlo y permitir que me encontrara y vivir el encuentro sin expectativas, como algo realmente nuevo y único. Ahora pienso que quizá tuve miedo, pero lo disfracé muy bien y de cualquier manera, me alegro de que así haya sido.

Mientras nos abrazábamos, le prometí a mi Otra Parte que estaría abierta a él, que lo aceptaría fuese quien fuese, si ya lo conocía o si estaba a punto de conocerlo... aún si faltaban años para que lo conociera. Sentí que encontrarlo significaría regresar finalmente a mi hogar y poder descansar y platicar sobre las extrañas y maravillosas cosas que vi y aprendí, sobre los distintos lugares y los sorprendentes Príncipes, Princesas, Reyes y Reinas que conocí. Y podría escuchar y disfrutar con auténtico deleite y felicidad el recuento de las cosas que vivió mi Otra Parte lejos de mí...

La posesividad y los celos deben ser subproductos del ego, porque en la ilimitación del amor incondicional que estaba sintiendo, supe que bendeciría a todas las Princesas que le hubiesen proporcionado placer y felicidad a mi Otra Parte y me deleitaría escuchando sus diversas aventuras... cosa poco menos que inconcebible para mi escorpioniana mente antes de haber experimentado el invaluable e irretribuible regalo del Amor incondicional.

Pensé que reencontrar a mi Otra Parte implicaría pasar de la categoría de Princesa a la de Reina. Supondría dejar de jugar sola, asomándome o compartiendo ocasionalmente los juegos de otros, para comenzar un juego completamente nuevo, un juego mutuamente complementario, estructurado por ambos en todos sus detalles; gracias a los respectivos y renovados bagajes vivenciales de cada uno de los dos; gracias a las nuevas dotes espirituales, intelectuales, artísticas, físicas, materiales... que traeríamos de nuestros respectivas viajes. Pensé que si la eternidad es eterna, esto de vivir algunas vidas separados es perfecto, pero sentí que ya tenía ganas de reencontrarlo y deseé que fuera pronto.

Pero también quise poder volver a partir en cuanto sintiera la necesidad de hacerlo y quise poder estar con otros Príncipes de vez en cuando si ese era mi auténtico deseo. Para mí era importante asegurarme de esto porque así vencía mi miedo a encerrarme en la jaula de oro que se me antoja es el amor y la vida en pareja. Plantearlo y establecerlo no era nada discordante, eso también era lógico, natural, permisible y aceptado con una sonrisa indulgente de mi parte.

Todos y todo eran indulgentes y amorosos conmigo en esos momentos, incluso yo misma, cosa poco común. Rashil mi ángel estaba embelesado viéndome tan feliz, hermosa y poderosa como nunca antes lo había sido. Y viéndolo mirarme, de repente me vi a mi misma como un bellísimo ángel, flotando sobre la cuna de un niño que también me miraba embelesado. Yo estaba embelesada conmigo misma, y he de confesar que nunca antes lo había estado, nunca antes me había aceptado, ni me había amado incondicionalmente a mi misma como estaba haciéndolo en esos momentos.

Amarme incondicionalmente fue el último regalo que me otorgué y por extensión, les otorgué expresamente a todas las parejas que quisieran vivir la experiencia de reencontar a su Otra Parte en este planeta.

Sentí que esa clase de regalos sólo puede darlos una auténtica Princesa tan llena de amor que ha bajado a compartirlo con quienes aún no saben cómo pueden obtenerlo... y me maravillé de que si yo podía ser así de magnánima, cuan grande no debía ser la magnanimidad de Dios.

Volví a llorar de felicidad.

 

QUINTA PARTE:

YO SOY

Pensé que en unos momentos más, en cuanto me pasaran la grabadora para relatar las primeras impresiones de esta mi Segunda Comunión con la Incondicional y cada vez más Portentosa Ayahuasca, no tendría palabras para expresar todo lo que había estado experimentando, pero fui indulgente conmigo misma, me regalé el don de la elocuencia oral y pensé que mientras lo bajaba, diría lo poco o mucho que pudiese frente a la grabadora, y me contentaría con escribirlo todo de la manera más detallada posible. Supe que para eso me había otorgado dos años en la Escuela de Escritores.

Enseguida Pensé que podía diseñarlo en la computadora como hacía antes con mis relatos vivenciales, y supe que para eso me había otorgado la oportunidad de aprender algo de diseño gráfico; pensé que también podría hacer un bello dibujo para la portada, pues para eso me regalé otra temporada en la Escuela de Pintura... y vi el folleto terminado y de repente me di cuenta de los enormes regalos que he estado otorgándome durante toda mi vida, aun sin haberlos apreciado como tales: comprendí que la licenciatura que no ejerzo, junto con todos los incesantes cambios de carreras, de ocupación, de pasatiempos y de intereses que otros han calificado como síntomas inequívocos de desorientación vocacional y evidente locura, en realidad conforman un excelente repertorio de herramientas para jugar a materializar lo que se me ocurra.

Hice un breve recuento de muchos aspectos de mi vida que a través de la claridad de la luz que todavía estaba experimentando, cobraban sentido por primera vez y armaban el rompecabezas de mi carta natal y de mi análisis numerológico. Hasta entonces no había comprendido cabalmente varias de estas cosas y debo consignar que todo lo que comprendí en esta parte, lo hice de manera preponderantemente visual y sensorial, y no mental y sensorialmente como ocurrió con el resto de la experiencia. Estuve utilizando los referentes numerológicos y la simbología astrológica que son otras de las herramientas que me he otorgado para jugar en esta encarnación.

Estaba feliz de haber construido el personaje que soy, y de estar dejando de vivirlo y sufrirlo en automático para comenzar a vivirlo y disfrutarlo en conciencia. Entonces vinculé esto con mi viaje anterior, cuando sentí que al fin había llegado el piloto de la nave que soy... y pensé de nuevo "que soy" y enseguida "YO SOY"... y lo repetí como si nunca antes hubiese comprendido el significado de esas dos palabras. Y así era. De pronto sentí que al decirlo estaba efectuando una magia muy poderosa, estaba estableciendo las coordenadas espacio-temporales en las que mi Otra Parte podía localizarme; y no sólo él, sino que estaba anunciándole a muchos otros jugadores concientes que ya estaba aquí, que por fin había llegado al juego y estaba emocionada, dispuesta y ansiosa por comenzar a jugar.

Durante toda la experiencia entendí muchas cosas que he creído que sabía y de las cuales he desconfiado por parecer imposibles y resultar impopulares, pero en esos momentos en los que logré armar visualmente algunas partes del rompecabezas que soy, me regresé el derecho de confiar en mí misma y en mis poderosas intuiciones, que como comprendí, en realidad son recuerdos de mi estado ilimitado. Y tuve la certeza de que pueden hacerse presentes en mí de nuevo, aquí en la tierra.

Sentí que estaba realizando muy bien mi trabajo, que estaba desafiando las creencias que vine a desafiar, que estaba bajando a mis cuerpos la luz que tenía que bajar y que estaba generando las oportunidades que me tocaba generar.

Me sentí con el derecho inalienable a no volver a dudar de mi linaje de Princesa y ese fue el mejor regalo que Dios y los magnánimos maestros físicos y extrafísicos allí presentes, pudieron haberme otorgado. ¿O aún hay más? Je-je.

Ahora sé, desde adentro, desde el Ser, que en verdad soy una Princesa aprendiendo a ser Guerrera. Ya no me importa que alguien llegue a ponerlo en tela de juicio. Ya no puedo entregarle el poder a nadie sobre mi identidad. Ya no puedo dudar de mí. Y ya no necesito que otros me lo confirmen o me lo reconozcan. Y lo más importante es que como ya tengo la plena certeza y conciencia de que lo soy, yo misma ya no puedo volver a dudar de mi.

He sentido lo verdaderamente incondicional que es el amor y he adquirido el derecho inalienable de saberme Princesa en entrenamiento de Guerrera.

MUCHÍSIMAS GRACIAS DIOS POR TAN ENORMES REGALOS.

Permíteme ahora tener la humildad y la fuerza necesarias para continuar con mi camino espiritual. Ayúdame a resistir, comprender y seducir a mi ego para conseguir la liberación inicial.

 

 

Esta es la imagen escaneada del dibujo que hice para representar las vivencias que tuve durante
mi segunda experiencia con ayahuasca. Tiene integradas las tres runas que saqué antes de la sesión
al preguntar qué podría esperar de ella: Nauthiz invertida (dolor) como situación previa,
Raido (un viaje) como reto y Manaz (el Ser) como nueva situación una vez superado el reto.

Título: "Jugando a ser Princesa"
Técnica: Acuarela y lápices de color sobre papel
Dimensiones: 28 x 22 cm
Autora: Karina Malpica

 

 

 

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