Peyote y San Pedro 
 

 

CONTENIDO
Datos generales
- Origen - Etimología y denominaciones
Química
- Identificación - Composición - Formas de adulteración
Farmacología - Mecanismos de acción y formas de empleo - Usos terapéuticos -
Dosificación - Efectos fisiológicos y psicológicos - Potencial de dependencia
¿Qué hacer en caso de emergencia?
Hechos interesantes
- Régimen legal actual
El Santo Oficio contra la planta que hace que los ojos se maravillen

A la caza del peyote

Viaje a la Sierra Tarahumara
Las tribus norteamericanas y la fundación de la Native American Peyote Church

Testimonios de la Iglesia Nativa Americana

Aldous Huxley abre las puertas de la percepción al movimineto psiquedélico
El turbulento infinito de Henri Michaux
Las certeras apreciaciones de Octavio Paz respecto a la prohibición de los enteógenos

Las experiencias de Carlos Castaneda con "Mescalito"

Las experiencias de Ann Shulguin con peyote y Alexander Shulguin con mezcalina

Las expediciones de ecoturismo a la zona huichola o los "Peyote tours"

Las peregrinaciones de los "seudojipis de Coyoacán" a la zona de Real de Catorce

Aventuras de un amigo en el desierto mexicano
Las experiencias de un miembro del Foro de Chamanismo Esencial

Algunas recomendaciones para el consumo no ritual del peyote

Esencias Chamánicas de México: Peyote
Mi experiencia personal
Fuentes de consulta

 
 

DATOS GENERALES

Origen

El peyote (Lophophora wiliamsii), "la planta que hace que los ojos se maravillen", según la describió un autor francés, es una cactácea de origen americano que crece en las regiones desérticas de Norteamérica, sobre todo en la sierra que corre entre Nayarit y San Luis Potosí. De acuerdo a las estimaciones de uno de los primeros cronistas españoles, fray Bernardino de Sahagún, los toltecas y los chichimecas conocían el peyote por lo menos dos milenios antes de la llegada de los europeos al continente americano. El etnólogo Carl Lumholtz estima que en realidad se remonta a más de tres mil años de antigüedad ya que un símbolo utilizado por los tarahumaras en la ceremonia del peyote aparece en tallas rituales que datan de esa fecha preservadas en rocas volcánicas.

Los primeros testimonios escritos sobre este cacto sagrado pertenecen a Sahagún: "Hay otra hierba como tunas de tierra, se llama peyotl, es blanca, se encuentra en el norte del país; los que la comen o beben, ven visiones espantosas o irrisibles: dura esta intoxicación de dos a tras días y después de quita; es común manjar de los chichimecas, pues los mantiene y les da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed, ni hambre y dicen que los guarda de todo peligro." (22)

El consumo del peyote ha subsistido en norteamérica a pesar de la llegada de los Europeos y la imposición de sus creencias y costumbres. Los pueblos que lo emplean ancestralmente con fines rituales (coras, tarahumaras, tepehuanis, huicholes y varias tribus estadounidenses), se comportan ante él con temor reverencial. Consideran que los hace entrar en contacto con fuentes divinas y suponen que si no se han "purificado" previamente, los dioses les harán sufrir tremendos castigos.

Por su parte el San Pedro (Trichocereus pachanoi) es un cactus columnar que puede llegar a ser gigantesco, crece en México, Bolivia, Ecuador y Perú. En estos dos últimos países se utiliza dentro de rituales chamánicos.

Etimología y denominaciones

El nombre más común del peyote viene de la voz náhuatl peyotl; los tarahumaras lo llaman ciguri; los tepehuanis, kamaba; los huicholes, hikuri; los coras, hualari; y los comanches, wokow. Al peyote seco se le conoce también como botón de peyote.

Se cree que el nombre de San Pedro hace referencia a las propiedes enteogénicas del cactus, pues lleva el nombre del santo cristiano que precisamente guarda las puertas del Cielo. En centroamérica el San Pedro recibe también los nombres de "aguacolla" o "gigantón".

QUÍMICA

Identificación

El peyote crece en conjuntos llamados "manchas", al abrigo de arbustos o plantas con púas que lo protejan de las heladas y de los depredadores. Es un cacto pequeño de color verde grisáceo cuyas raíces en forma de cono se hunden profundamente en la tierra. Su crecimiento es muy lento. Requieren más de15 años para llegar a la madurez. Normalmente tiene un diámetro de 2 a 15 cm.

El peyote puede tener entre 5 y 13 meristemas (gajos). A los que tienen cinco se les conoce como "estrellas". Se supone que son los más buscados debido a sus poderosas concentraciones psicoactivas.

Imágen escaneada del libro "Plantas de los dioses"
Lophophora wiliamsii

 


Lophophora wiliamsii

Sus flores, blancas con una aureola rosácea, miden cerca de 2,5 cm. Se recoge antes del tiempo de lluvias que antecede a la floración cortándose al raz del suelo (para que de la raíz brote una nueva cabeza). Cuando se seca, se encoge y adquiere un color gris oscuro, entonces se le conoce como "botón de peyote".

Imágen escaneada del Especial 2000 de la revista Cáñamo

Lophophora wiliamsii

Imagen escaneada del Especial 2000 de la revista "Cáñamo"
Trichocereus pachanoi

El San Pedro es un cactus columnar, largo y de crecimiento rápido.

Cada año se eleva aproximádamente un metro y su diámetro aumenta alrededor de 12 centímetros.

San pedros de venta en un mercado mexicano
San Pedros en un mercado mexicano

La mezcalina pura tiene el aspecto de pequeños cristales de color blanco y sabor muy amargo.

Composición
El peyote es una planta rica en alcaloides. A la fecha se han aislado más de 50, entre ellos: peyotina, anhalina, anhaloidina, anhalinina, anhalonina y lofoforina. El más importante de ellos es la mezcalina.

Fue aislada en 1896 por el farmacólogo Artur Heffter. Se le llamó así porque fue extraída del peyote seco que según los científicos europeos de la época se conocía como botón de mezcal.

El San Pedro es la tercera cactácea con mayor concentración de mezcalina después del peyote y la variedad Trichocereus peruvianus que es más difícil de encontrar.

La mezcalina es un alcaloide sumamente estable. Se ha detectado en antiguas muestras de un entierro mexicano que data de hace 1000 años. (17)

Formas de adulteración

No existen. Sin embargo algunos otros cactos se han hecho pasar por peyote para engañar a los consumidores novatos, especialmente el Pelecyphora aselliformis y el Ariocarpus retusus llamados por los indígenas de México peyotillos o falsos peyotes.

La mezcalina pura es muy difícil de conseguir porque tanto la prohibición como sus altos costos de manufactura han hecho que prácticamente no exista en el mercado. El farmacólogo Jonathan Ott dice que la mezcalina, más que ninguna otra droga, ha sido suplantada en el mercado ilícito, principalmente por LSD. Dice que "Es altamente improbable que más de unas pocas decenas de miles de personas hayan ingerido auténtica mezcalina en su forma pura". (17)

 

FARMACOLOGÍA

Mecanismo de acción y formas de empleo
En estado natural los gajos del peyote se mastican solos o en compañía de algún líquido, preferentemente jugos cítricos pues su sabor es bastante amargo. Cuando el cacto se deshidrata retiene la mezcalina indefinidamente y puede reducirse a polvo para prepararse en té o añadirse a un jugo de fruta.

El San Pedro se consume en polvo debido a la consistencia poco agradable del cactus y la amargura de su sabor. Además las mayores concentraciones de mezcalina se hallan en la piel verde del cactus, que se pela cuidadosamente y se seca a bajas temperaturas para después reducirse a polvo. Hay reportes de que también se utiliza como componente de una bebida llamada "cimora" hecha con el cocimiento de sus tallos y el de otras plantas, probablemente Daturas de efectos propiamente alucinógenos.

La mezcalina pura se administra por vía oral o intravenosa.

Los efectos del peyote o del San Pedro ingeridos crudos o secos, al igual que el de la mezcalina por vía oral, comienzan entre los 60 y 90 minutos después de la ingestión y duran entre 7 y 10 horas. Los efectos de la mezcalina inyectada comienzan entre los 10 y los 20 minutos.

La mezcalina posee casi la misma estructura química que la noradrenalina, por lo que actúa instalándose en los receptores de esta droga cerebral ocasionando alteraciones en la conciencia y en la percepción, principalmente a nivel visual. Aunque gran parte de los efectos de estas cactáceas se deben a la mezcalina, otros alcaloides contribuyen a que la experiencia con peyote o San Pedro sea diferente a la de la mezcalina pura; la peyotina, por ejemplo, presenta efectos narcóticos cuando se consume de forma aislada.

Usos terapéuticos

En su estudio etnobotánico de la Nueva España, Francisco Hernández, médico personal del rey Felipe II de España, aseguró que "proporciona alivio cuando se aplica machacado en las articulaciones doloridas." En la actualidad varias personas con conocimientos herbolarios suelen macerarlo en alcohol y utilizarlo como remedio contra el reumatismo. (1) Los indígenas norteamericanos afirman que "si el peyote se usa correctamente, todas las demás medicinas son superfluas." (25)

Se ha demostrado que el extracto de peyote tiene actividad antibiótica, justificando su uso para tratar heridas y como analgésico. (17)

Dosificación

Las dosis bajas son de 1 a 2 cabezas de peyote; las medias de 3 a 6; y las altas de 7 a 10 cabezas. No hay reportes sobre dosis letales. Algunos peyoteros comanches se jactan de ingerir hasta 12 peyotes secos en una sesión.

Respecto al San Pedro, se calcula que la superficie de 30 cm de piel seca del cacto reducido a polvo constituye una dosis media. También puede ingerirse como decocción siendo la dosis media de un vaso. La corteza verde de 40 cm de cactus fresco (se desprecia la médula), se pone a hervir con una corteza de naranja, canela y clavo durante 4-5 horas.

Las dosis bajas de mezcalina pura van de 150 a 200 mg; las medias de 300 a 500 mg; y las altas de 800 a 1,000 mg. En este caso tampoco se han reportado la existencia de una dosis letal.

Efectos psicológicos y fisiológicos

Ludwig Lewin, el primer farmacólogo que estudió los alcaloides del peyote aseguró tras varias ingestiones:

No hay en el mundo una planta que provoque en el cerebro modificaciones funcionales tan prodigiosas. Aunque las procure solamente bajo la forma de fantasmas sensoriales, o por la concentración de la más pura vida interior, esto acontece bajo formas tan particulares, tan insospechadas, que quien es su objeto se siente transportado a un mundo nuevo de sensibilidad e inteligencia. Comprendemos que el viejo indio de México haya visto en esta planta la encarnación vegetal de una divinidad. (25)

Para Schultes y Hoffman, según establecen en Plantas de los Dioses, el más espectacular de los múltiples efectos del peyote es

el juego caleidoscópico de visiones coloridas de indescriptible belleza […] se perciben destellos y centelleos de colores, cuya intensidad y pureza desafían cualquier descripción. Frecuentemente las visiones llevan una secuencia que va de figuras geométricas a objetos extraños y grotescos, cuyas características varían de un individuo a otro. (22)

Richar Heffern, por su parte, ofrece en Secrets of the Mind altering plants of Mexico (12) una detallada descripción respecto a los efectos que opera el buen cacto sobre la conciencia:

Quería que mi primera experiencia con peyote fuera perfecta en cada detalle, así es que la planeé tan cuidadosamente como pude. Mi acompañante y yo decidimos dormir la mayor parte del día para estar alerta por la noche… deliberadamente escogimos una noche de luna llena para no necesitar luz artificial… Aproximadamente una hora antes del atardecer ingerimos cada uno el equivalente a 500 miligramos de mescalina. Alrededor de 40 minutos después... caminé cuesta abajo hasta llegar a un nopal y de pronto tuve la extraña sensación de que sería muy descortés pasar junto a la planta sin saludarla. En esos momentos, la planta era tan importante como yo. Ambos - la planta y yo - estábamos en esta tierra juntos, y además de este hecho, me embargaba el sentimiento de que existía un vínculo entre nosotros. Estábamos "en esto" juntos… Durante toda la experiencia, hubo un pronunciado regocijo. Sentía que estaba parado más erectamente que de costumbre; sentía un gran orgullo por ser una criatura viviente. En esos momentos, la conciencia de estar vivo me parecía suficiente para ser completamente feliz. Al mismo tiempo, parecía que me quedaba muy poco "ego"; sentía que era una pequeña parte de un todo mucho más grande. Estaba en la tierra para vivir, para experimentar, para aprender. El mundo alrededor mío era un gran lugar sagrado - un lugar que debía ser reverenciado y respetado. Ahora que lo veo a distancia... me pregunto si las cosas habrían sido diferentes de haber estado rodeado de un ambiente urbano en el que prevalecieran las cosas hechas por el hombre… De alguna manera, sentí un gran desamparo. Me sentí como un niño en un mundo extraño, poco familiar pero fascinante. Sentí que estaba aprendiendo todo de nuevo, por así decirlo… La cresta de la experiencia pareció venir después de las cuatro horas, aunque era muy difícil estar conciente del paso del tiempo. En algún punto, parecía que en verdad podía sentir la rotación de la tierra sobre su propio eje, un fenómeno que ocurre constantemente, aunque la vida parece insensible a esta clase de movimiento. Era una noche de neblina, y la niebla parecía tomar la forma de un dragón enorme, iluminado por la luna… En algún punto indiscernible, una suerte de retrospectiva se convirtió en el aspecto dominante de la experiencia. Era como si mi mente estuviera tratando muy duro, en otro nivel, de encontrar el significado de la experiencia completa. Tenía un conocimiento intuitivo de que la experiencia tenía un gran significado y yo no estaba siendo capaz de captar la totalidad de su significado… En los días que siguieron, pensé muchas veces en todo lo que había pasado, ya que lleva algo de tiempo comprenderlo todo. (12)

El siguiente relato es de un viajero anónimo que tomó 300 mg de mezcalina pura administrado en forma oral:

Me habría gustado, y estaba esperando, tener un día de excitación visual, pero parece que fui incapaz de escapar al auto-análisis… Aprendí muchas cosas acerca de mí mismo y de mi trabajo interior… Comencé a cobrar conciencia de un punto, una brillante luz blanca, que parecía ser por donde Dios estaba entrando, y era inconcebiblemente maravilloso percibirla y estar cerca de ella. Uno deseaba con todo el corazón que se aproximara. Pude entender por qué la gente se sienta y medita durante horas sólo con la esperanza de que esta poca de luz los contacte. Supliqué que continuara acercándose. Pero no lo hizo. Se desvaneció y no regresó en esa forma particular durante el resto del día. Escuchando el Requiem de Mozart encontré magníficas crestas de belleza y gloria. El mundo estaba tan lejos de Dios, y nada era más importante que volver a entrar en contacto con Él. Pero vi como creamos el fiasco nuclear para amenazar la existencia del planeta, como si fuera sólo a través de la amenaza de la aniquilación completa como la gente podría despertar y comenzar a preocuparse por los demás… Un efecto remarcable de esta droga es la extrema empatía que se siente por todas las cosas pequeñas; una piedra, una flor, un insecto. Creo que sería imposible dañar a alguien -cometer un acto dañino o doloroso sobre alguien o algo está más allá de las capacidades de uno. Ni siquiera se puede cortar una flor… Terminé la experiencia sintiendo que había pasado por muchas cosas, que había logrado algo importante. Me sentía maravillosamente, libre y despejado. (23)

Antonio Escohotado (6) advierte que el malviaje no está descartado. Asegura que la personalidad autoritaria, la paranoica, la marcadamente depresiva u obsesiva, la pusilánime y la muy ambivalente tienden a asimilar mal todos o algunos momentos de la excursión psíquica.

A nivel físico, tras la ingestión aumenta el ritmo cardiaco y respiratorio, las pupilas se dilatan y ocasionalmente se experimentan náuseas y vómito debido al sabor amargo del cacto. Puede presentarse también un dolor de cabeza pasajero. No hay reportes sobre daños ocasionados por el consumo prolongado de peyote.

Potencial de dependencia

La tolerancia es prácticamente nula si las dosis se espacian un mes como mínimo. Sólo tras años o décadas de administraciones mensuales o quincenales, la dosis puede doblarse o triplicarse. No hay indicios de que el consumo de peyote genere adicción física o psicológica.

 

¿Qué hacer en caso de emergencia?

Una sobredosis ocasiona arritmias peligrosas por lo que debe considerarse como urgencia médica. Los efectos de un mal viaje pueden ser suavizados con 20 mg de diacepam (Valium®) o suspenderse con 50 mg de clorpromazina (Largactil®) o haloperidol (Haldol®).

 

HECHOS INTERESANTES

Régimen legal actual

El cultivo del peyote está prohibido; su principal alcaloide, la mezcalina pertenece a la Lista I. En la práctica esto significa que si no eres un indígena norteamericano perteneciente a la Native American Peyote Church, institución protegida por el derecho a la libertad de culto, no puedes cultivar, comerciar o consumir peyote en territorio estadounidense. En el caso de México, aunque no hay excepciones legislativas formales, el gobierno se muestra tolerante únicamente con ciertos grupos indígenas que pueden recogerlo y consumirlo en lugares de difícil acceso propios de su geografía teológica. El resto de la población está sujeta a la aplicación de la ley (o a la extorsión).

En el caso de la legislación mexicana en materia de drogas, de acuerdo a las Tablas de penas previstas en el artículo 195 bis del Código Penal para el Distrito Federal en materia común y para toda la República en materia federal, portar menos de 2.5 gramos de mezcalina se considera como consumo personal y no se aplica ninguna sanción, según el artículo 199 del mismo código. Una cantidad mayor se considera como tráfico y sí está sujeta a penalización, dependiendo de la cantidad (consultar las tablas). Una dosis media de mezcalina consignada en esta página de Las drogas tal cual... es de 500 a 800 mg, así es que el margen es bastante amplio.

 

El Santo Oficio contra la planta que hace que los ojos se maravillen

Aunque el ceremonial del peyotl fue proscrito por una instrucción del Santo Oficio español en 1638, su represión fue cada vez más extrema porque no se podía extirpar. El Padre Andrés Pérez de Rivas, jesuita del siglo XVII, denunciaba a sus superiores que los indígenas de Sinaloa consumían el cacto regular y clandestinamente. En 1760, más de un siglo después de la prohibición cristiana, ciertos manuales para la confesión de los conversos incluían preguntas como estas:

¿Has comido carne de hombre? ¿Has comido peyote? ¿Eres tú adivino? ¿Has anunciado eventos futuros mediante la lectura de augurios, interpretando sueños o trazando figuras en el agua? ¿Has adornado con guirnaldas de flores los sitios donde hay ídolos? ¿Has chupado la sangre de otros? ¿Has caminado durante la noche convocando la ayuda de los demonios? ¿Has bebido peyote o se lo has dado a beber a otros para descubrir secretos o el lugar donde se encuentran objetos perdidos o robados? (22)

 

A la caza del peyote

Los huicholes identifican al peyote con el venado y emprenden una auténtica cacería anual para obtener hikuri. Estas peregrinaciones culminan en Wirikuta, una región cercana a Real de Catorce en San Luis Potosí. En la geografía huichola Wirikuta es el centro del mundo, el lugar de los dioses antepasados, el sitio donde se origina la vida sagrada de la tribu. Hasta no hace mucho sus antepasados caminaban unos 300 kilómetros para llegar allí. Aunque actualmente buena parte del trayecto la hacen en vehículos, el viaje sigue siendo largo y pesado.

En 1960 un grupo de antropólogos recibió autorización de los huicholes para acompañarlos en algunos de sus viajes. Gracias a ello sabemos que un experimentado mara'akame o chamán, que está en contacto con Tatewari (Nuestro Abuelo Fuego) es quien guía el viaje. Tatewari, conocido también como Hikuri, el dios peyote, es la deidad huichola de mayor antigüedad. Tatewari condujo la primera peregrinación del peyote a Wirikuta y los participantes siguen sus pasos a fin de "encontrar su vida".

La preparación para emprender la cacería incluye la confesión y la purificación rituales. Al llegar ante las sagradas montañas de Wirikuta, los peregrinos reciben un baño ritual y realizan plegarias en favor de la fertilidad y la lluvia; posteriormente el chamán inicia una serie de prácticas ceremoniales, relata historias sobre la antigua tradición del peyote, invoca protección para lo que ha de venir y conduce a los participantes hasta los "umbrales cósmicos" donde sólo él puede ver las huellas del venado. Cuando localiza el peyote, lanza una flecha que va a dar al cacto. Entonces se lleva a cabo una ofrenda y todos buscan más peyote y llenan varias canastas para compartirlo con los que se quedaron en casa y para vendérselo a coras y tarahumaras que, aunque usan el peyote, no suelen ir en su búsqueda. Por la noche tiene lugar el rito a través del cual los cazadores del peyote entran en contacto con las Primeras Gentes. Se colocan cuatro flechas apuntando hacia los cuatro puntos cardinales y justo a la media noche se enciende una fogata.

El chamán bendice tabaco tocándolo con plumas antes de distribuirlo entre los participantes. Después de fumar tabaco, cada uno ingieren entre 8 y 13 gajos de hikuri. Todos encienden velas y murmuran plegarias mientras el chamán se comunica con los elementos y maneja kupuri (fuerza de energía vital). Se inicia entonces "el peligroso tránsito hacia el otro mundo". Este paso consta de dos etapas: "la primera es el puente hacia las nubes estruendosas y la segunda, la separación de las nubes. Esto no representa un lugar en la Tierra sino que pertenece a la "geografía de la mente"; para los participantes, pasar de una etapa a otra es un evento lleno de emoción… la cacería del peyote es un regreso a Wirikuta, al paraíso, al arquetípico principio y final de un pasado mitológico." (22)

Un chamán huichol busca entrar en contacto con la divinidad a fin de obtener visiones del pasado que le permitan adquirir conocimiento para orientar su vida y ayudar a los demás. Su meta última es un clarísimo ejemplo de sabiduría: dejar de contactar a la divinidad a través del peyote, toda vez que aprenda a quedarse con él en su interior.

A sus más de ochenta años un renombrado chamán huichol, Don José Matsúwa, le confió a su aprendiz Prem Das: "El camino del mara'akame [chamán] nunca termina. Yo soy un viejo y sin embargo sigo siendo un nunutsi [bebé] frente al misterio del mundo." Ramón Medina Silva, otro chamán huichol entrevistado por la antropóloga Barbara Myerhoff, dice: "Todos nuestros símbolos, el venado, el peyote, el maíz de cinco colores, todos los que has visto ahí en Wirikuta, cuando vamos a cazar el peyote, son bellos. Y son bellos porque son verdaderos." (22)

 

Viaje a la Sierra Tarahumara

Entre los tarahumaras, la danza del peyote puede realizarse en cualquier época del año, por motivos de salud o prosperidad de la tribu. En ocasiones se incorpora a otras fiestas ya establecidas. La parte principal de la ceremonia consiste en una serie de bailes y rezos precedidos y seguidos por un día de ayuno. Se realiza en un área despejada donde se colocan leños de roble y pino orientados en dirección este-oeste para posteriormente encender una fogata. El guía es secundado por varias mujeres encargadas de moler el cacto fresco en metates. El guía se ubica al oeste del fuego, frente a él hay un pequeño hoyo en el que se coloca el peyote cubierto con una jícara que sirve como caja de resonancia de un raspador. El peyote está bajo la caja de resonancia "porque le gusta el sonido". Las canciones que se entonan durante la ingestión alaban al peyote por la protección que brinda a la tribu.

Los rituales curativos son bastante distintos. El chamán tarahumara cura al amanecer. Después de haber ingerido peyote y bailado buena parte de la noche, termina la danza con tres golpes seco. Todos los asistentes que han estado haciendo lo mismo, se detienen. El chamán se yergue acompañado por un joven asistente y camina en círculo bendiciendo con agua la frente de todos los participantes. Entonces toca tres veces al enfermo con su bastón mientras golpea el suelo también tres veces. El polvo que se levanta es considerado un poderoso dador de vida y se recupera para uso medicinal. El rito culmina cuando el chamán envía al espíritu del peyote de vuelta a su lugar, para ello abre sus brazos al incipiente sol y golpea tres veces el suelo con sus pies: "Una vez que el espíritu del peyote ha concedido sus bendiciones, se convierte en una bola y vuela de regreso a su refugio." (2)

Tras algún tiempo en contacto con su cultura y sus tradiciones, el poeta francés Antonin Artaud consiguió ser invitado sus ceremonias. Tiempo después consignaría sus experiencias en Viaje al país de los tarahumaras. Allí relata que antes de probar el peyote en medio de un ritual de sanación bastante elaborado, escuchó en boca de uno de sus anfitriones esta sencilla y magnífica recomendación:

El que verdaderamente ha bebido ciguri, HOMBRE y no FANTASMA indeterminado, sabe cómo están hechas las cosas y no puede ya perder la razón porque es Dios el que está en sus nervios y desde allí lo conduce. Pero beber ciguri es justamente no exceder la dosis porque ciguri es lo infinito, y el misterio de la acción terapéutica de los remedios está ligado a la proporción que nuestro organismo absorbe. (2)

 

Las tribus norteamericanas y la fundación de la Native American Peyote Church

Son más de 40 las tribus de indígenas que en diversas partes de Estados Unidos y Canadá emplean el peyote con fines religiosos. Parece ser que los kiowas y los comanches fueron los primeros en introducir el uso sacramental de este cacto después de haber visitado a los indígenas del Norte de México. Como es bien sabido, los indígenas de Estados Unidos se han visto obligados a vivir en reservaciones desde la última mitad del siglo XIX y gran parte de su herencia cultural ha desaparecido.

Se cuenta que antes de este inevitable desastre, varios líderes indios, especialmente los de las tribus ubicadas en Oklahoma, empezaron a propagar en forma activa "un nuevo culto del peyote que se adapta a las necesidades de los grupos indígenas más avanzados de los Estados Unidos." (22) La exitosa propagación del culto generó una fuerte oposición entre los misioneros y los grupos locales del gobierno. La ferocidad de esa oposición alentó a los gobiernos locales a promulgar legislaciones represivas. Como bien observa Brau: "los propagadores del Peyote Cult, al incitar a buscar a la divinidad en el interior de sí mismo, no podían sino ganarse los anatemas de los defensores de una religión oficial, que identifica las leyes de Dios con las del Estado para justificar la perennidad de una sociedad expansionista." (4)

Con la intención de protegerse, cerca de cincuenta tribus se unieron en 1918 para fundar la Native American Peyote Church, cuya meta es "Proteger y promover la creencia en el Todopoderoso, estimulando la moralidad, la sobriedad, la industriosidad y el correcto vivir, mediante un uso sacramental del peyote." En la actualidad se afirma que sus miembros sobrepasan los 250,000 y han conseguido que el gobierno más poderoso del mundo les reconozca su derecho a consumir peyote como una extensión del derecho a la libertad de culto que protege la Constitución estadounidense. Gracias a ello, los miembros de esta iglesia pueden cultivarlo, adquirirlo y distribuirlo legalmente.

Las ceremonias religiosas varían de una tribu a otra, entre los comanches de Oklahoma, por ejemplo, el culto se celebra en un tipi especial cuya puerta está orientada hacia el Este. En el interior hay un altar rudimentario hecho con arcilla en forma de media luna con las puntas mirando también hacia el Este. El chamán del culto es el Roadman (Hombre del Camino) o el Kapana karigwapi (Jefe Sentado del Oeste), que recibe ayuda del Kotowapi, (Guardían del Fuego) y el Tiroyawapi (Jefe del Cedro). Los instrumentos rituales están constituidos por una serie de tambores metálicos, calabazas que contienen grava y un silbato de madera o de hueso de águila. La ceremonia comienza al ponerse el sol. El jefe entra al tipi y se sienta al Oeste. Los demás participantes entran después de él, se orientan hacia el Sur y se trasladan de izquierda a derecha hasta encontrar un lugar desocupado. El Guardián del fuego lo mantiene ardiendo entre el altar de arcilla y la puerta. Tras el canto de introducción a la ceremonia, se suceden los demás cánticos acompañados por los tambores y la calabaza, instrumentos que van pasándose de mano en mano en el sentido de las agujas del reloj. Lo mismo ocurre con los mezcal-buttons que se consumen desde la apertura de la ceremonia hasta la media noche.

Las plegarias y cánticos terminan al amanecer, hora en que los participantes comparten un sustancioso desayuno antes de disgregarse para ir a cumplir sus respectivas obligaciones "con el alma en paz, y jubilosos de haber sentido entrar en sí a la divinidad." (4)

El antopólogo Weston Labarre, autor de El culto al peyote, piensa que "Acaso los aficionados al peyote hagan suya la frase del jefe comanche Quanah Parker, que alude a la superioridad del culto del peyote sobre el cristianismo: El hombre blanco va a la iglesia y habla de Jesús; pero el indio va a su tipi y habla a Jesús." (15)

 

Testimonios de la Iglesia Nativa Americana

Reuben Snake y Huston Smith compilaron el libro One nation under God: The triumph of the Native American Church (Santa Fe, Clear Light Publishers, 1996) que se originó con la finalidad política de ayudar a conseguir el derecho al uso sacramental del peyote, derecho que el Congreso aprobó antes de que el libro llegara a la imprenta, por lo que dicha publicación finalmente se convirtió en una celebración de la victoria de los nativos americanos y un testimonio del impresionante movimiento que promovieron para conseguir su meta.

En un libro posterior, La percepción divina: el significado religioso de las substancias enteógens (29), Huston Smith cuenta que su contribución al libro que realizó con Snake consistió en entrevistar a miembros de la Iglesia Nativa Americana (INA) acerca de lo que significaba para ellos dicha iglesia para mostrar cómo la fe que generan los enteógenos puede alcanzar proporciones que han requerido cierta institucionalización, aunque sólo sea de forma descentralizada y congregacionista como en el caso de la INA.

Estos son algunos de los testimonios que Smith reprodujo allí:

Voy a cumplir noventa y cuatro años, de modo que si quieren un ejemplo de alguien que haya tomado peyote toda su vida, creo que yo soy ese... Mi gente lo usa y encuentra guía espiritual. Cuando me siento en el tipi y comparto la medicina, me concentro y pienso cuánto deseo ser bendecido y en quién quiero rezar. El mundo exterior desaparece. Me siento humilde y los buenos pensamientos que acuden a mi mente me ayudan.
[Truman Dailey, oto de Mussouri]

Esto es todo lo que sé. Cuando empecé a ingerir esta medicina empecé a verlo todo. Ya no discutía con nadie. Ya no enfadaba con nadie. Eso es todo. Cuando empecé a tomar esta medicina empecé a pensar siempre en el Gran Espíritu, cada día.
[Una menomini de setenta años]

He vivido una vida de sobriedad durante veintitrés años. No fumo como solía hacer. No bebo alcohol ni consumo ningún tipo de droga, por la vida que llevo ahora en la iglesia nativa americana. Esto es lo que ha hecho por mí, por mi familia y parientes de ambos lados: mis cuñados winnebago, mis parientes sioux, mis familiares menomini, los creek, seminola, ottawa y iowa, mi gente que está en casa en Oklahoma.
[Johny White Cloud, oto de Missouri]

Cuando tomé peyote por primera vez me puse muy mal. Parecía como si hubiera vomitado varias botellas de whisky, varios rollos de tabaco y dos bulldogs. Esta acumulación de porquería representaba todos los pecados que había cometido. Con su expulsión me volví puro y limpio ante los ojos de Dios y sabía que si continuaba tomando peyote seguiría en esa condición. Me transformé en un hombre nuevo.
[Un winnebago]

Con los años el peyote me ha enseñado muchas cosas, aunque en realidad ha sido Dios quien lo ha hecho através de él.
[Andy Kozard, kiowa]

El jefe Peyote nos dice que nuestras reuniones son para hacer que seamos mejores indios, que seamos amigos y que dejemos de luchar. Cuando comemos peyote sentimos un cálido resplandor hacia los demás en nuestros corazones, como si ellos fueran nuestros hermanos.
[Ralph Kochampanaskin]

Mi corazón estaba lleno de pensamientos asesinos cuando tomé peyote pot primera vez. Quería matar a mi hermano y a mi hermana. Todos mis pensamientos se centraban en pelear. Algún espíritu del mal me había apresado. Hasta quería matarme a mí mismo. Cuando tomé esta medicina todo cambió. Empecé a querer a mi hermano y a mi hermana, a quienes quería matar. Esto es lo que la medicina ha hecho por mí.
[John Rave]

Nunca he visto colores ni he experimentado alucinaciones de ningún tipo cuando he tomado peyote. Lo que siento es que estoy sentada al lado mismo de Dios Creador. Me comunico con Él. Por supuesto no está físicamente, pero espiritualmente puedo sentir que está cerca de mí. Y cualquier cosa que pido en mis rezos siento que me oye... Parte de la experiencia de estar cerca de Dios es que la medicina te saca las cosas malas que llevas dentro. Si tienes malos pensamientos o si estás bajo de estado de ánimo, generalmente lo verás todo claro. De este modo, si no vives bien tu vida, el peyote te purifica. Te ayuda a limpiar tu espíritu...
[Patricia Mousetail Rusell, chayene del sur]

El peyote es mi Biblia. Sé lo que he de hacer y lo que no he de hacer. Cuando tomo ese peyote, me siento humilde y respetuoso en todo momento. El peyote no es como un narcótico. Cuando lo comes, tu mente se enfoca en el Gran Espíritu.
[Larry Etsitty, navajo]
(29)

 

Aldous Huxley abre las puertas de la percepción al movimiento psiquedélico

Louis Lewin publicó en 1924 Phantastica un libro acerca de las drogas psicoactivas que hoy conocemos como enteógenos o visionarios para las cuales Lewin acuñó el término "phantastica". En este libro había un capítulo dedicado al peyote. La versión en inglés se publicó en Londres en 1931. Aldous Huxley, filósofo y escritor inglés, autor de Un mundo feliz, leyó la traducción de Phantastica y su entusiasmo por lo allí referido lo condujo a experimentar con la mezcalina en 1953 bajo la guía del psiquiatra canadiense Humprey Osmond.

Sus experiencias quedaron inmortalizadas en un ensayo que pronto se volvería un clásico: Las puertas de la percepción, publicado un año después.

Tras explicar detalladamente su experiencia, Huxley reflexionaba acerca de la ancestral necesidad humana de tomar "vacaciones químicas" para escapar de la propia personalidad y el ambiente hostil o aburrido en el que la gente habita comunmente: "alcohol y 'píldoras buenas' en el moderno Occidente, alcohol y opio en el Este, hachís en el mundo musulmán, alcohol y marihuana en América central, alcohol y coca en los Andes, alcohol y barbitúricos en las regiones más modernas". (13)

En su opinión, ya que éstos no son hechos exepcionales sino comunes en nuestras sociedades, le parecía mejor que las vacaciones químicas se realizaran con drogas como la mezcalina para sacar algún provecho de la experiencia. A sus ojos, "la mayoría de los usuarios de mezcalina experimentan sólo la parte paredisiaca de la esquizofrenia" y el alcaloide "sólo trae el infierno y el purgatorio a aquellos que han tenido enfermedades recientes, o que sufren de depresiones cíclicas o ansiedad crónica".

Huxley sostenía que era posible alcanzar a través de los estados místicos un conocimiento cósmico y más rico de lo que el hombre, con sus simples circuitos cerebrales, era capaz de conseguir y creyó encontrar en la mezcalina lo que buscaba: una llave para la ampliación del conocimiento y la conciencia.

Esto es lo que concluyó en Las puertas de la percepción, cuyas ideas influyeron a toda una generación que se lanzó a experimentar por su cuenta y riesgo:

No soy tan tonto como para igualar lo que pasa bajo los efectos de la influencia de la mezcalina o cualquier otra droga, preparada o preparable en el futuro, con la realización del fin y el propósito último de la vida humana: la iluminación, la Visión Beatífica. Todo lo que estoy sugiriendo es que la experiencia con mezcalina es lo que los teólogos católicos llaman "una gracia gratuita", no necesariamente la salvación, pero una ayuda potencial que hay que aceptar agradecidamente, si está disponible. Ser sacudido fuera de las raíces de la percepción ordinaria, que se le enseñen a uno durante unas pocas horas sin tiempo el mundo interior y el mundo exterior -no como aparecen a un animal obsesionado con la supervivencia o a un humano obsesionado con las palabras y los conceptos, sino como son aprehendidos, directa e incondicionalmente, por la Gran Mente- es una experiencia de inestimable valor para todos y especialmente para los intelectuales. (13)

Después de escribir este ensayo, Huxley probó la LSD, lo que supuso una experiencia aún más profunda para él y consideró que con esta droga podría alcanzarse una inteligencia mayor, más capacidad de amar y más espiritualidad, por lo que tras publicar un segundo ensayo, Cielo e infierno, donde relataba sus nuevas experiencias y profundizaba en sus anteriores reflexiones, se convirtió en el líder de una revolución cultural que penetró numerosos ámbitos sociales (ver más al respecto en LSD).

 

El turbulento infinito de Henri Michaux

En El infinito turbulento y otros libros que aún no han sido traducidos al español como Misérable miracle y Les grandes épreuves de l'espirit, el poeta belga Henri Michaux, relata sus experimentos con entéogenos. L'infini turbulent (1957) está casi enteramente dedicado a dar cuenta de sus excursiones psíquicas con diferentes dosis de mezcalina pura. Sobre sus efectos describe ingeniosamente:

Si, vueltos particularmente sensibles, captáramos, en lugar del la del diapasón, cada una de las cuatrocientas treintaicinco vibraciones dobles, que lo constituyen en apretado haz, habría más sensibilidad pero ya no oiríamos el la. Lo hubiésemos perdido. De este modo noto miles de unidades íntimas en las que no reconozco nada, aunque quizás su conjunto sea lo que se me antoja más habitual, más cotidiano, más corriente y quizá más mío. (16)

Michaux sufrió experiencias aterradoras y beatíficas que lo llevaron a asegurar que la mezcalina

contamina de ángel al hombre… provoca un estado absolutamente fuera de lo corriente, cuya experiencia sólo han conocido los místicos, esos drogados del ayuno, de las vigilias, de las oraciones prolongadas, agotadoras (aunque por eso mismo clarividentes) y unos cuantos locos, sin que ni unos ni otros hayan hablado totalmente, los primeros por discreción y miedo de causar daño atrayendo hacia lo que debe ser evitado, y los segundos por una insuficiencia de atención y de don verbal. (16)

Habida cuenta de sus experimentos, Michaux decidió otorgarle a la mezcalina los siguientes adjetivos "aceleradora, repetidora, agitadora, acentuadora, alteradora de todo sueño, interruptora, demostradora de la discontinuidad... corriente alterna."

   

Las certeras apreciaciones de Octavio Paz respecto a la prohibición de los enteógenos

El poeta y escritor mexicano Octavio Paz utilizó esta última descripción de Henry Michaux como título para una colección de ensayos en los que aborda el tema de las drogas visionarias: "Conocimiento, drogas, inspiración"; "Henri Michaux"; "Gracia, ascetismo, méritos"; "Paraísos"; y "El banquete y el ermitaño".

Justo en este último ensayo de Corriente alterna Paz resume certeramente el meollo del asunto respecto a la prohibición de los enteógenos:

Son un desafío a las ideas de actividad, utilidad, progreso, trabajo y demás nociones que justifican nuestro diario ir y venir. El alcoholismo es una infracción a las reglas sociales; todos la toleran porque es una violación que las confirma. Su caso es análogo al de la prostitución. Ni el borracho ni la prostituta ponen en duda las reglas que quebrantan. Sus actos son un disturbio, una alteración del orden, no una crítica. En cambio, el recurso a los alucinógenos implica una negación de los valores sociales y es una tentativa, quimérica sin duda, por escapar de este mundo y colocarse al margen de la sociedad. [...] Puede entenderse ahora la verdadera razón de la condenación y su severidad: la autoridad no obra como si reprimiese una práctica reprobable o un delito sino una disidencia. Puesto que es una disidencia que se propaga, la prohibición asume la forma de un combate contra un contagio del espíritu, contra una opinión. La autoridad manifiesta un celo ideológico: persigue una herejía, no un crimen. (18)

   

Las experiencias de Carlos Castaneda con "Mescalito"

En el verano de 1960, Carlos Castaneda, un estudiante de antropología de la Universaidad de los Ángeles California, aprovecha sus vacaciones en México para visitar el norte del país. Casteneda encuentra un chamán llamado Don Juan y a lo largo de aproximádamente diez años de experiencias comunes, escribe sus cuatro primeros libros que tienen un éxito comercial sin precedentes y provocan importantes polémicas culturales: The teachings of Don Juan (Laas enseñanzas de Don Juan), 1968; A separate reality (Una realidad aparte), 1971; Journey to Ixtlan (Viaje a ixtlán), 1972; y Tales of  power (Relatos de poder), 1974. La primera versión en español de los mismos la realiza el Fondo de Cultura Económica en México entre 1975 y 1976 e incluye un prólogo de Octavio Paz.

En el primer tomo, el joven antropólogo sale en busca de un informante y va a dar con un brujo que le propone iniciarse en el universo de la brujería, es decir, hacerse su discípulo. El antropólogo acepta sin renunciar a sus objetivos científicos. En este primer libro, al tiempo en que relata experiencias verdaderamente fantásticas, intenta analizarlas sistemáticamente desde su posición de observador exterior amurallado en la antropología. El libro causa un fuerte impacto, tanto en el campo de la antropología como en el de la psicología experimental encabezada en Harvard por Timothy Leary, misma que cobra una influencia capital entre los hippies de la época, quienes no casualmente se pretendían "indios-blancos" por oposición a sus progenitores beat, a los que se calificó de "negros-blancos".

El aprendiz de brujo o "guerrero", según la terminología que usa Castaneda, debe "aprender a ver", es decir, a ver otra realidad desbordando la limitada capacidad de la percepción cotidiana.

Para este fin entran en juego la serie de enteógenos por cuya experiencia debe pasar el guerrero iniciado: Concretamente, el peyote (Lophophora williamsi) a cuyo espíritu se alude como "Mezcalito"; la "yerba del diablo" o toloache (Datura inoxia); y el hongo llamado "Humito" (Psilocibe mexicana o alguna otra variedad de hongos psicoactivos).

 

De acuerdo con José Luis Jiménez-Frontín en su ensayo "El desafío de Carlos Castaneda", entre mayor sea la resistencia al abandono de la percepción ordinaria mayor será la cantidad de enteógenos necesaria para aprender la lección:

A mayor resistencia a la aceptación de las nuevas realidades desveladas por las nuevas percepciones de la experiencia alucinada, mayor será el número de dichas experiencias, necesarias para el desmoronamiento de las antiguas 'descripciones del mundo' del aprendiz. Un círculo vicioso en el que, como le ocurre a Castaneda, puede irrumpir el primer enemigo: el miedo. Pero pueden ocurrir también otras cosas: la ruina física o mental del aprendiz o su encadenamiento por adicción a este tipo de experiencias. Un auténtico círculo vicioso, porque nadie que no sea un auténtico 'guerrero' puede osar introducirse en el mundo al otro lado del espejo y salir indemne: Mescalito mata, destruye a los intrusos y arroja a los débiles a los submundos de la locura o de la esclavitud. Pero los auténticos guerreros son, precisamente, quienes menos necesidad tendrán de la reiteración de tales experiencias y menos riesgos correrán por tanto. ¡Luego no se trataba, en último extremo, de una mística alucinógena, una mística del juego de la experiencia por la experiencia! (14)

En efecto, tal como lo confirma el propio Don Juan, dicha ingestión no constituye un fin en sí misma, sino el medio más elemental y transitorio para que el iniciado pueda experimentar la alteración de las percepciones y, de ser posible, acceder a la vivencia de "la otra realidad". En este proceso, o "senda de sabiduría" hay cuatro enemigos que persiguen al iniciado o "guerrero": en primer lugar el miedo, miedo a la experiencia misma de la otra realidad y a la pérdida del antiguo ego, un miedo capaz de paralizar el proceso desde sus inicios; una vez superado este enemigo, aparece el poder, un poder que es real pero que debilita al que se deja atrapar en sus redes, al que se convierte en esclavo de sus propias artes (para Don Juan el brujo que practica la magia negra no es más que un pobre, miserable "aprendiz de brujo"); superada la tentación del poder, acecha el enemigo de la clarividencia, el más peligroso espejismo, sólo superable con humildad y más clarividencia; llega por fin el último y más peligroso enemigo: la vejez, la decrepitud, el debilitamiento, la tentación del abandono, la "jubilación" en suma.

Desde la óptica pedagógica de Don Juan, el consumo de enteógenos es un medio entre otros; no obstante, desde la óptica del consumidor hippie de los sesenta se le ve como el único medio posible y, sin contexto alguno, se busca en la experiencia reiterada el sentido mismo de la existencia. Para muchas personas esto es visto como una profanación, para Jiménez-Fortín, más que profanación, se trata de una "adoración del sacramento".

En el segundo tomo, Una realidad aparte, Castaneda empieza a perfilar su ruptura con la antropología. Abandona definitivamente su papel de observador externo y esta vez narra sus experiencias desde la pura óptica de la experiencia personal; proceso que lleva hasta sus últimas consecuencias en los siguientes volúmenes. La reacción de los antropólogos es fulminantemente negativa y para desconcierto de la mística hippie, en los dos últimos libros, Castaneda rompe con la experimentación enteogénica para adentrarse cada vez en mayores complejidades. Sus narraciones dejan cada vez más claro que se trata de un proceso sin fin en el que las plantas sagradas son sólo un primer peldaño.

   

Las experiencias de Ann Shulguin con peyote y Alexander Shulguin con mezcalina

En los voluminosos libros PHIKAL y THIKAL, escritos por los esposos Shulguin, Alexander que es químico, enseña cómo sintetizar varias drogas psicoactivas, muchas de las cuales ha diseñado él mismo, y su esposa Ann que es terapeuta, enseña cómo utilizar algunas estas drogas en el contexto de la psicoterapia. Asimismo ambos exponen sus experiencias personales con distintas drogas y refieren muchas anécdotas interesantes relacionadas con el uso apropiado de las mismas (ver más al respecto en Cartografía de la experiencia psicoactiva).

La primera sustancia psicoactiva que ambos probaron, antes de conocerse, fue la mezcalina. Alexander en forma pura y Ann contenida en botones de peyote. Por caprichos de la sincronicidad, fue el mismo psicólogo, Sam Golding, quien le facilitó a Alexander la mezcalina y a Ann los botones de peyote y asistió a ambos en sus respectivos viajes varios años antes de que ellos se conocieran.

En abril de 1960, después de leer los trabajos del antropólogo Weston la Barre acerca del culto del peyote en México, algunos artículos técnicos respecto a la mezcalina y los libros de Huxley y Michaux, Alexander Shulguin tomó 400 miligramos de sulfato de mezcalina, mismos que según él, cambiarían el curso de su vida. En las páginas de PIHKAL relata este primer viaje:

[...] la esencia de la experiencia fue esta: Vi un mundo que se presentaba a sí mismo en múltiples disfraces. Estaba maravillado con el color que, para mí, no tenía precedente, ya que nunca había estado particularmente interesado en el mundo del color. El arcoiris siempre me había proveído de todos los tonos a los que podía responder. Aquí, de pronto, tuve cientos de matices de color que eran nuevos para mí, y los cuales nunca, incluso hoy día, he olvidado.

Este mundo era maravilloso también en su detalle. Podía ver las estructuras íntimas de una abeja metiendo algo en un saco de su pata trasera para llevárselo a su panal y estaba completamente en paz con la cercanía de la abeja a mi cara.

El mundo era una maravilla de penetraciones psicológicas interpretativas [...] Más que cualquier otra cosa, el mundo me sorprendía en todo lo que veía, como si fuese un niño [...] Como la piedra de toque que trae a la memoria la presencia de un sueño, esta experiencia reafirmó un milagro de excitación que había conocido en mi niñez pero que presurosamente olvidé.

La más imponente percepción de ese día fue que esta sorprendente remembranza hubiese sido traida por una fracción de un gramo de un sólido blanco, y sin embargo, de ninguna manera se podía argumentar que estos recuerdos hayan estado contenidos dentro del sólido blanco. Todo lo que había recordado vino de las profundidades de mi memoria y de mi psique.

Entendí que nuestro universo entero está contenido en la mente y en el espíritu. Podemos escoger no tener acceso a ello, podemos incluso negar su existencia, pero de hecho está adentro de nosotros, y hay químicos que pueden catalizar su disponibilidad.

Ahora es materia de historia que decidí dedicar devotamente todas las energías y habilidades que pudiera poseer para develar la naturaleza de esas herramientas de auto-exposición. Se ha dicho que la sabiduría es la habilidad de entender a otros; es el entendimiento de uno mismo lo que es la iluminación.

Había encontrado mi camino de aprendizaje. (23)

Alexander Shulguin se dedicó a partir de entonces a estudiar, sintetizar y probar principalmente sustancias cuya estructura química es similar a la mezcalina y la amfetamina, las llamadas feniletilaminas. El título de su primer libro PHIKAL, es un acrónimo de Fentilaminas que He Conocido y Amado (Phenethylamines I Have Known And Love) y THIKAL de Triptaminas.

Por su parte, Ann Shulguin relata que cuando el psicólogo Sam Goldwing le preguntó qué droga le gustaría probar como introducción al mundo de los psiquedélicos, también a principios de la década de los sesenta, ella penso:

Ya que había leído el bello recuento de Huxley acerca de su experimento con mezcalina, así como la amarga historia de Andre Michaux, le dije a Sam que me parecía que el cactus del peyote, ya que después de todo había sido usada durante siglos por miles de personas, lo cual que era un antecedente bastante impresionante, y realmente me encantaría probar. Añadí que no estaba segura acerca de las diferencias entre la mezcalina contenida en el peyote y la mezcalina sintetizada en el laboratorio, pero estaba lista para tomar cualquiera que pudiera conseguir. (23)

Sam consiguió 14 botones de peyote, así es que Ann y él tomaron 7 botones cada uno, pulverizados y mezclados con jugo de naranja. Su viaje inició cuando ella comenzó a ver un halo de luz alrededor de los muebles de su habitación en California, Estados Unidos. Luego ambos salieron a caminar hacia un parque, visitaron un acuario, el planetario, un jardín japonés y por último un restaurante italiano antes de regresar a casa de Ann. Este es un extracto de su largo y detallado recuento que he traducido para compartirlo aquí porque me parece fascinante:

Tenía una certeza absoluta de que lo que iba a ocurrir este día iba a cambiar mi vida de forma que ni siquiera podía comenzar a imaginar. Y sabía que estaba lista. [...] me miré en el espejo [...] Pensé para mí misma con la sensaciónde haber tropezado con algo verdaderamente importante: este es un buen ser humano; esta persona a la que estoy viendo es un tesoro. Todos sus fallos y fracasos no le quitan su calidez y su habilidad de preocuparse y amar, allí está. Vi los ojos reflejados a punto de llorar, y sentí un estallido de admiración por tal simpatía hacia mí misma. [...] no estoy exactamente acostumbrada a so. Supongo que la mayoría de las personas no lo están.
[...] Estaba mirando alrededor mientras caminaba por la acera, los edificios, los postes de luz; todo parecía emitir una luz sutil. Pasamos por un pequeño jardín en el cual los pequeños arbustos parecían presentarse a sí mismos, reclamando nuestra atención, nuestro reconocimiento. Les sonreí y les dije Hola [... ] unas cuadras despuésme di cuenta de que estaba caminando con pasos largos fácil y rítmicamente, y de alguna manera encajaba con todo alrededor de mí. Me estaba sintiendo completamente a tono, y todo lo que veía [...] era música. Al ser quienes somos, al sentir lo que sentimos, al movernos como nos movemos, todos estamos creando una silenciosa música [...]

Vi -con ojos de Van Gog- energía moviéndose hacia arriba del tronco [de un roble] por cada rama, estallando en pequeñas explosiones en forma de hojas; un árbol masivamente quieto y aún así vivo, en movimiento continuo, urgente. Supe que lo que estaba viendo era real; sólo había olvidado cómo verlo. [...] Levanté mi mano derecha inmovilizada de asombro. Era mi querida, fuerte mano cuadradaa de pianista que estoy acostumbrada a ver, pero su superficie entera era una masa de infinitos pequeños puntos en un movimiento increíblemente rápido. Supe lo que estaba viendo [...] Todo es energía, energía que asume formas de hierbas y conejos y cuerpos humanos y rocas, pero nos movemos en un mundo que hemos aprendido a ver estable, quieto, sólido. Me pregunté ¿a qué edad comenzamos a desenfocar este otro nivel de realidad? Debe ser muy temprano.

"¿Te importaría compartir algunos pensamientos?" me di cuenta de que Sam estaba siendo muy considerado, queriendo saber lo que estaba pasando, y aún así determinado a no entrometerse más de lo necesario. Sentí una oleada de calidez por este querido, obstinado, brillante rebelde, este hombre tan extraño, que se había tomado tantas molestias para abrir estas puertas para mí. Lo miré a los ojos y dije, "Gracias Sam. Muchas gracias por darme este día." Él pestañeó, se frotó vigorosamente la naríz, murmurando que el día todavía no se acababa; que aún faltaba mucho.

[...] Una certeza se esparció desde las plantas de mis pies, hacia mis piernas y el resto de mí, que la Tierra en la que estaba caminando es en realidad un cuerpo, un cuerpo vivo, que es una cosa sensitiva, con algún tipo de conciencia que aún no podía comprender, y que verdaderamente era La Madre. [...] Surgió en mí entonces la certeza de que toda la vida en este planeta está conectada en algún nivel inconciente; que cualquier cosa que sea sentida por cada uno de nosotros, la experimenta, de alguna manera que no puedo definir, todo lo demás que vive.

[...] recordé algunas frases que he leído en libros y artículos acerca de experiencias psiquedélicas, frases como "Todo está bien tal como está", y otras igualmente enfurecedoras, "Yo estoy bien, tú estás bien", que siempre me habían sonado insoportablemente fatuas y auto-satisfactorias. Frecuentemente pensaba enojada que los autores se habían olvidado convenientemente de los bebés en los botes de basura de Calcuta, la pena, el dolor, la soledad y el resto del planeta lleno de miserias. [...] Ahora - ahora tenía que retirar todo aquello, todo ese resentimiento, porque estaba comenzando a entender. [...] supe que todo en el mundo estaba haciendo exactamente lo que se suponía que debía estar haciendo; que el universo estaba en curso, y que había una Mente en algún lugar que sabía todo lo que pasaba porque era todo lo que estaba pasando, y que, ya sea que yo lo entendiera con mi intelecto o no, todo estaba bien. Simplemente lo sabía y sabía que trataría de comprenderlo más tarde, pero que ahora tenía que absorber la verdad acerca de eso...

[...] Sabía que podía entonarme con cualquiera que pudiera ver: todo lo que tenía que hacer era alcanzar con mi mente a una persona en particular y abrirme por dentro, para que lo que ellos eran y lo que ellos sentían pudiera alcanzarme. Soólo tenía que estar abierta, sin hacer ninguna evaluación o juicio, para experimentar ansiedad, cansancio, impaciencia, o contento.

Me examiné a mí misma y sentí mi cuerpo tarareando de nuevo y supe que enmedio de mi pecho había un radiante centro de energía, y otro justo arriba de mi ombligo, y que probablemente eran lo que los maestros espirituales de la India llamaban chakras. No podía recordar cuantos se supone que eran; cinco o siete, tal vez. De cualquier manera ciertamente estaba conciente de dos de ellos. [...]

Mi espina dorsal entera había sido activada; era un canal vivo de energía moviéndose entre la corona de mi cabeza y la base de mi espina. La intensidad era casi intolerable. Conforme continúe bajando por el lodozo camino, la carga de energía en mi espalda pareció transformarse de alguna manera, y me di cuenta de que estaba sintiendo algo por todo mi cuerpo que, si lo hubiese experimentado en mis genitales, podría haber sido reconocible como un orgasmo. No estaba confinado a los genitales para nada, pero ciertamente era un orgasmo que subía y bajaba por la espina, lo sentía en el pecho y estómago y piernas, en la cabeza, la garganta y vejiga. Estaba caminando sola como una persona ordinaria, experimentando el orgasmo total sin tener los ojos cerrados, sin ninguna pérdida de control o habilidad para pensar [...] La energía orgásmica continuó fluyendo a través de mí, cuerpo y mente. Noté que estaba en completo control de lo que decía, lo que hacía, y no podía recordar ningún momento en mi vida en el que mi proceso de pensamiento hubiera sido más agudo o más claro. Tenía absoluta confianza en mi propio juicio. [...]

El estado orgásmico estaba desvaneciéndose dulce y gradualmente, hasta un nivel de energía con menor presión y menor intencidad de la que había tenido antes. Existía y me movía en un campo de luz, y había un flujo estable, como una nota musical continua, por debajo, que sólo podía ser llamada éxtasis -una conexión con aquel aspecto de la Gran Mente, el Gran Espíritu, que era amor y felicidad y sonriente afirmación. [...] me senté en mi cama y lloré. Pensé en todo aquello por lo que había pasado, todo el dolor y la penalidades, toda la soledad y los sitios oscuros- todos ellos quedaban balanceados, pagados, contestados por este solo, extraordinario, bendito día.

Fui a mi librero, encontré Las puertas de la percepción de Huxley y, en el íntimo silencio de las primeras horas de la mañana, lo releí y lloré de nuevo, enviando amor y gratitud al autor por haber encontrado las palabras. Después apagué la lámpara y miré a través de la oscuridad aquella bella, divertida, tremendamente amorosa parte de Dios que era, le agradecí con todo mi ser, y me quedé dormida. (23)

Ann Shulguin retomó sus experimentaciones con psicoactivos varios años después y se convirtió en una eficaz terapeuta con la ayuda de psicoactivos como MDMA, 2-CB y su querida mezcalina, hasta que la prohibición y su necesidad de escribir acerca de sus experiencias la obligaron a tomar un descanso (ver más al respecto en Espiritualidad y terapias).

   

Las expediciones de ecoturismo a la zona huichola o los "Peyote tours"

En la década de 1980-1990 se podía encontrar en revistas como Magical Blend Magazine y Shaman's drum, anuncios de compañías de "ecoturismo" que ofrecían visitas a los "lugares de poder" huicholes y estudios de "avanzadas técnicas chamánicas de curación" con chamanes huicholes. En el número de otoño de 1986 de la revista Shaman's drum había tres anuncios de "peyote tours", y también había una carta a los directores de la revista escrita por la señora Valadez, artista y esposa de un huichol, quien se quejaba de que los occidentales que participaban en estos viajes ponían en peligro a los huicholes que los guiaban, ya que los soldados que patruyan el desierto podían verlos en compañía de "americanos", y ellos no saben nada acerca de las "búsquedas espirituales" y creen que los extranjeros vienen aquí por "droga" y acusan a los huicholes de vender drogas a los "jipis gringos", poniendo en peligro la subsistencia de sus rituales y tradiciones en el desierto. (17)

Preocupado por estas cuestiones, pero también por el peligro de extinción del peyote cuyo crecimiento es tan lento, Jonathan Ott expone en su Pharmacoteon:

Debido a que el péyotl tiene un rango tan restringido, y el cactus requiere más de una década para madurar, el abastecimiento es naturalmente limitado. Debido al CITES [Convenio del registro internacional de especies en peligro de extinción] es ilegal traficar con cualquier especie de cactus silvestre, aunque la venta de material cultivado está permitida. [...] Sugiero que la "Native American Peyote Church" y la "Peyote Way Church of God" establezcan jardines de Trichocereus peruvianus en los Estados Unidos, como medio de asegurar un abastecimiento renovable, seguro y continuo de cactus sacramental para sus ritos, y quitar así la presión de la extinción de los remanentes silvestres del cactus peyótl en Texas. Tal vez los chamanes sudamericanos del San Pedro pudieran ser invitados a asistir en una integración sintética de las mitologías del San Pedro y el péyotl. (17)

Las peregrinaciones de los "seudojipis de Coyoacán" a la zona de Real de Catorce

En la ciudad de San Luis habitan varios etnólogos y antropólogos dedicados al estudio de los coras y los huicholes que están bastante preocupados por la supervivencia de sus costumbres. Entre ellos, el antropólogo Joaquín Muñoz a quien entrevisté en 1997 en la Ciudad de San Luis Potosí, México. Él cree que los principales depredadores del peyote que crece en la Sierra Potosina no son los huicholes y mucho menos los venados, sino "los seudojipis de Coyoacán"; esto es para él: jóvenes habitante de la zona metropolitana de la Ciudad de México "que sin ningún respeto o conocimiento sobre las tradiciones de los huicholes, vienen a meterse peyote sólo para ver qué se siente".

A pesar de ello admite que el cacto aún no está en peligro de extinción porque "el peyote sabe como protegerse a sí mismo: crece en manchas [o sea en grandes conjuntos] y se esconde al abrigo de plantas espinosas que lo protegen de las miradas de todos sus depredadores." Muñoz reconoce además que si bien es cierto que en la zona cercana a Wirikuta ya no hay peyote que depredar, debido al "fenómeno del seudojipi coyoacanense que organiza peregrinaciones a Real de Catorce", las manchas han ido emigrando hacia lugares menos accesibles cuya ubicación exacta no quiso proporcionar para evitar la proliferación del mencionado fenómeno.

Los jóvenes capitalinos que con o sin conocimiento respecto a las tradiciones indígenas se atreven a traspasar la Huasteca Potosina en pos de una experiencia psicoactiva, sufren -además del menosprecio de los antropólogos- la intimidación y la extorsión del personal judicial parapetado en los múltiples retenes que hay en el corredor San Luis-Real de Catorce.

Aventuras de un amigo en el desierto mexicano

En 1999, entrevisté a tres amigos, Isabel (de Puerto Rico), Miguel (español) y X (mexicano) acerca de sus experiencias con plantas psicoactivas en México. X era el único de los tres que había probado el peyote y le hice algunas preguntas al respecto. Lo que sigue es parte de esa entrevista:

Karina:  Cuando fui a hacer una investigación a San Luis, estuve platicando con unos antropólogos, y uno de ellos, [...] me dio todo un perfil del neojipi de Coyoacán y para él era un chavo que tenía entre diecisiete y veintisiete o treinta años, que vivía en la zona urbana del Distrito Federal, que no tenía cultura alguna, ni respeto por las tradiciones del México antiguo, y que estaba buscando ávidamente experiencias nuevas sin ningún tipo de conciencia, incluso ni siquiera ecológica ¿no? Digamos, tú que estás en el parámetro de edad correspondiente a ese fenómeno, ¿hay algo que te libre de caer en esa categoría de neo-jipi de Coyoacán?

X: Bueno, no lo había visto desde ese punto de vista, vaya, pero algo que me libra de eso es que nunca he vivido en el Distrito Federal. He vivido en Tijuana y en otras grandes ciudades con otro tipo de ambientes. Y no, no me considero así. No me siento parte de esa categoría porque me aíslo de involucrarme en cosa tóxicas, tú sabes que soy un poco ecologista… No, no entro en comparativa. Con lo que tú me conoces, tú puedes deducir por qué no entro en ese medio.

Karina: Bueno, yo te conozco, pero la gente que lea esto seguramente no, entonces, ampliando la pregunta, ¿tú cómo vez que haya este tipo de gente haciendo este tipo de cosas? ¿Crees que es una exploración válida o no?

X: Totalmente no. Estoy en desacuerdo. Yo mismo he sido de las personas que les molesta ver esa situación e incluso he entrado en participación por evitarlo cuando he estado allá. También cuando estuve en Chiapas, por Palenque, también hay grupitos así que hacen su camping, van así como totalmente a ver qué onda con los viajes de hongos porque los que pasan les informan y van a buscar ese tipo de aventura, pero muy inconscientemente, son patanes, totalmente, también fuera del DF van a hacer lo mismo que hacen siempre.

Miguel: A mí se me ocurre pensar que cuando hablamos de estas plantas enteogénicas, hay que ir con respeto porque esa es la función que tienen. Lo contrario al respeto sería la invalidación. Yo creo que esa es una actitud de reacción interna de rebeldía. Estás reaccionando más que actuando y yo creo que el perfil de la gente que tú nos describes, pues está en un proceso de invalidar a otros, en este caso pues a las plantas, al contexto en que están, etc. [...]

X: [...] La forma como yo lo he tomado al principio fue con guía, chamán también y fue algo así de no saber qué va pasar y un poco de temor y algunas cosas así muy extrañas… Fue en Real de Catorce por supuesto, en Watley. Y pues realmente no estaba muy decidido de si tomarlo o no tomarlo, pero después ya platicando y abriéndome un poco más con la gente que estaba en el grupo, me empezaron a decir, particularmente uno en especial, me empezó a decir que si yo había llegado hasta el desierto en esos momentos, ya estaba listo para recibirlo de alguna manera y que me pusiera a hacer un recuento de mi persona en los últimos días y ya solito iba a empezar a ingerirlo y efectivamente así fue. Solito empecé a caminar y a buscar mis familias… Entras en un trance totalmente alucinógeno. En sensaciones en parte físicas y en parte espirituales. Puedes llegar a hablar con cosas que coherentemente dice uno eso es ilógico pero ya en el viaje con peyote con el efecto de la mezcalina es totalmente lógico entrar en ese tipo de parámetros, ¿no? Entras en conversaciones que más que nada vienen a ser contigo, pero manifestadas en algo, en un cactáceo, en algún grano de tierra, cualquier cosa que se te presenta, incluso hasta en tu sombra. También depende de como traigas tú el ciclo de cómo procesar tu espiritualidad en torno al cactáceo, ¿no?

Karina: Y bueno, por la diferencia de edad, podríamos deducir que también hay una diferencia en tus compañeros de viaje ¿o no?

X: Prácticamente es muy alternativo mi medio. Como no es buscado ni es programado, es muy alternativo. Conmigo ha habido gente de sesenta, ochenta años, compañeras de cuarenta, amigos de veintitrés, pero particularmente más de los veinte años, ¿no? Y más que nada no busco a mis amigos, sino que los encuentro. En la cabaña que me llegué a alojar había unos argentinos, había gente de sudamérica, gente de Europa. También varían las edades pero podría decir que van en caravanas de backs/back-pack y algunos también son científicos… hay de todo ¿no?. Por ser alternativo mi medio, también tengo la oportunidad de ver las reacciones de gente que tiene muy baja su autoestima ¿no? En este caso la gente que va en grupos del Distrito Federal -esto fue por el 94, cuando fui al Quemado- había un grupo de chavos entre los veinte y los diecisiete consumiendo peyote pero con otras intenciones, en plan más por morbo, por adicción, no sé, por ponerse locos… Sin información.

Bueno, yo tampoco busqué información y no sé si fue un error o no, pero al llegar allá todo se me presentó relativamente muy tranquilo y sí llegué a retomar que entré con un guía espiritual, más que nada. Después ya tienes un tipo como de desprendimiento. Cuando tú ya estás en el viaje y llegas a comprender partes de ti, te desprendes de lo que es un guía. Incluso me llegué a adentrar tres horas más hacia adentro acampando tres días más y estando totalmente solo ya en un viaje solitario. Eso es ya como un desprendimiento. Pero no estás solo, siempre hay un contacto muy directo con lo que es la espiritualidad, con Dios… no sé, yo también me viajé mucho en eso. Sentí su manifestación a mi alrededor al grado de que no te da cabida a pensar en otro núcleo humano o natural como algo separado, sino que todo se te hace igual. Entras en una latitud en la que, como te comenté, incluso llegué a transformarme yo mismo en un tipo de cactus, sentir cómo los poros de mi piel se abrían y todas esas sensaciones mezcladas en lo físico y psíquico son totalmente fuera de serie. Algunas no te las podría describir porque también son como flashes muy repentinos. Hay también partes oscuras de ti en las que hasta ópticamente pierdes todo el sentido.

(Ir a la entrevista completa con Isabel, Miguel y X)

Las experiencias de un miembro del Foro de Chamanismo Esencial

Cuando fui moderadora del Foro de Chamanismo Esencial de la Red Latinoamericana de Luz tuve la enorme fortuna de recibir diversos relatos personales de los miembros de nuestra lista de correos procedentes de Estados Unidos, España y Latinoamérica.

Entre ellos me llamó mucho la atención el relato de mi paisano Mario Cervantes, donde daba cuenta de sus experiencias con el peyote y advertía acerca de los riegos que encontró al aventurarse solo en el desierto mexicano por primera vez. Así es que le pedí permiso para incluir aquí su relato. Afortunadamente él aceptó y lo complementó con más datos de interés general y ahora podemos compartirlo en este espacio.

Mi experiencia.

Gracias a los libros de Castaneda tuve contacto con un aspecto de la cultura y saber indígena que había sido ajeno a mí hace años, a pesar de vivir en un país en donde se hablan decenas de dialectos autóctonos.

Efectivamente los dos primeros libros, Las enseñanzas de Don Juan y Una  realidad aparte, despertaron mi interés en las plantas alucinógenas y curiosidad en probarlas, pero a partir del tercer libro de nombre Viaje a Ixtlán, Carlos menciona que en su  aprendizaje las plantas fueron adecuadas en él específicamente por ser "lento" usando el lenguaje de Don Juan y que éste no recomienda su uso. En los libros posteriores Carlos ya no menciona el uso de plantas alucinógenas, y en los libros de los otros miembros condiscípulos de Carlos, su entrenamiento no incluye (al menos no lo exteriorizan) el uso de estas plantas.  

Años después leí el libro Toltecas del Nuevo Milenio, en donde Víctor Sánchez describe el modo de vida, los peregrinajes y las ceremonias de los  Huicholes o Wirráricas, que son un grupo étnico casi sin influencia de la  cultura occidental, a diferencia de la mayoría de las etnias en México. Ellos consumen cantidades enormes del peyote, ancianos, mujeres, hombres. No hablan de Cristo, pero sí hablan de el Padre Sol, la Madre Tierra, etc. 

Víctor describe a los Huicholes como un pueblo en donde la magia se vive de manera cotidiana y natural. Sin embargo, según el relato Víctor y su grupo no consumen peyote al acompañar a los Huicholes en la peregrinación pero sí logran tener visiones y entrar a  la "segunda atención", bastando una actitud especial y aprovechando la influencia de los "poderíos" (el poder del desierto, del fuego, etc).

Víctor en particular no recomienda el consumo del peyote, ni su visita a los lugares sagrados de los Huicholes. Él toma, en su contacto con diversos grupos indígenas, procedimientos, acciones, actitudes, que llevan por su propia fuerza y con ayuda de la naturaleza, a contactar el lado izquierdo, la segunda atención y descubrir el potencial de otro yo que hay en cada uno.  

Paradójicamente a su recomendación, este libro fue "la inspiración"  a un viaje solo, al lugar sagrado de los Wirráricas, con la intención de subir la Montaña Sagrada, sin visitar el desierto (que está en las faldas de la montaña y donde se encuentra el peyote o Híkuri).

Por aras del destino llegué el desierto y no a la mantaña. Y un lugareño  me mostró el peyote y recomendaciones de cómo usarlo. Aunque se corta, se hace de manera especial para que no muera y puede regenerarse. Lo usé al atardecer. Debido a la lectura de algunos libros y alguna práctica en algunos tipos de meditación, medité un buen rato, para acercarme al silencio y a estar en paz para recibir lo mejor posible aquello que fuera a venir. Además, sabiendo las plantas seres conscientes, y más el híkuri (peyote), pedí perdón al cortarlo y explicarle  mi intención de crecimiento personal y pidiendo su ayuda. Sentí que ceptó.

Entrada la noche y después de la meditación, sin fuego (el Abuelo Fuego es Sagrado para los Wirráricas, pero para entonces no sabía usarlo), consumí el peyote. El efecto comenzó muy lentamente. Su sabor no me gustó y me ayudé con agua para ingerirlo. Vomité un rato después, creyendo que por vomitar el peyote nada pasaría finalmente.

El efecto principal fue el acrecentamiento de la conciencia de mi vida, tuve una claridad tremenda de darme cuenta de cómo el miedo había afectado todo el transcurso de mi vida, de cómo detrás de mis supuestas decisiones se hallaba el miedo. No fue una conciencia racional, fue conciencia a nivel de un gran entendimiento, al mismo tiempo que vivía el terror corporalmente de manera concentrada que tenía en el cuerpo y particularmente en los  riñones, literalmente sentía ataques de miedo en los riñones. De alguna  manera mi conciencia se dividió en dos: una sentía el gozo de tener  claridad y entendimiento profundos y otra sentía el terror en el cuerpo. (En este momento que lo escribo mis riñones se están "moviendo", están  "recordando"). 

Quise "ver" utilizando algunas técnicas de clarividencia que había aprendido, pero fui completamente incapaz de usarlas con éxito. En ese momento me di cuenta que, para algunas experiencias no tenía capacidad volitiva para decidir tenerlas y en otros sí tenía esa capacidad volitiva. Podía pensar, pero no podía imaginar. Me cansé después de unas dos horas, pues tanta intensidad continua me desgastó. Quería descansar y salir del estado de conciencia, pero el efecto siguió fuerte unas tres horas más. Salía de la tienda de campaña y entraba. Al cerrar los ojos no podía conciliar el sueño, más bien veía figuras que aparecían, que me atemorizaban, serpientes que iban hacia mí, d