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Plantas y alcaloides visionarios |
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Las enseñanzas que aportan los psiquedélicos son un potencial, no constituyen una certeza. Puedo aprender pero no estoy forzado a hacerlo; puedo descubrir maneras de mejorar mi calidad de vida, pero sólo el esfuerzo individual traerá los cambios deseados… Estoy convencido que existe una gran riqueza de información en nuestro interior, montones de conocimientos intuitivos acumulados en el material genético de cada una de las células. Una especie de biblioteca que contiene innumerables libros de referencia pero de la que desconocemos la puerta de entrada.... Las drogas psiquedélicas abren la puerta de este mundo interior. Esta búsqueda de conocimiento ha sido parte de la vida humana desde los primeros momentos de la conciencia... Cada uno de nosotros, en un momento u otro de la vida, nos sentimos extraños en la travesía de la existencia y necesitamos respuestas a las preguntas que surgen del alma. Un buen uso de las sustancias psicquedélicas puede ayudar en este vaje. Alexander
Shulguin: "La legalización de ciertas drogas debería de ir
acompañada de educación" |
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Aunque
el uso de hongos psicoactivos
tales como Amanita muscaria
y Claviceps purpurea no era
desconocido entre los antiguos pueblos europeos, los primeros españoles
que llegaron al territorio mexicano quedaron estupefactos al ver que
los habitantes adoraban a sus dioses con la ayuda de plantas capaces de alterar la conciencia a las que daban nombres
para ellos tan extraños como teonanacatl,
peyotl, ololiuqui
o pipiltzintzintli.
Debido a su ignorancia, a su vocación católica monoteísta y a sus pretensiones de conquista, los españoles que llegaron siguiendo a Hernán Cortés prohibieron junto con el culto a los antiguos dioses mesoamericanos, el consumo de las "plantas diabólicas del Nuevo Mundo". En 1638, una instrucción del Santo Oficio español sentencia:
En
1656 aparece una guía para misioneros que ataca la idolatría indígena,
incluyendo ahora la ingestión de hongos. Los escritos que condenan al
teonanácatl se acompañan de ilustraciones que lo denuncian. En una de
ellas aparece el diablo incitando a un indio a comer hongos; en otra,
el diablo danza sobre ellos. (10) Los jerarcas eclesiásticos hicieron un trabajo de persecución tan exitoso que durante cuatro siglos nada se supo sobre el culto relacionado con estas plantas. Ningún antropólogo o botánico fue capaz de descubrir las ceremonias rituales que continuaban llevándose a cabo clandestinamente. Fue hasta mediados de la década de 1930 que comenzaron a salir a la luz pública. Entonces se supo que las ceremonias rituales en las que intervenía alguna de estas plantas antiguamente satanizadas y prohibidas por los españoles, eran guiadas por un hombre sabio o una mujer sabia -comúnmente llamados chamanes o curanderos-, que dichas ceremonias incluían el ayuno previo como requisito para todos los participantes y que su objetivo principal era curar a personas enfermas. Tanto los efectos de estas plantas, como los efectos de los brebajes que se preparan con ellas o los de sus respectivos alcaloides, dependen del contexto en el que se ingieren, la cantidad administrada, el propósito con el cual se utilizan, así como el control ceremonial que ejerce el chamán o la ausencia de éste; sin embargo, prácticamente todas ellas tienen en común la capacidad de generar lo que se conoce como visiones o alucinaciones, esto es: percepciones en ausencia de un objeto real (a diferencia de las ilusiones que son percepciones alteradas de un objeto presente, según las definen los psiquiátras). La llamada Biblia de los médicos, el prestigioso manual farmacéutico Goodman & Gilman asegura que el rasgo que distingue a estos psicoactivos de otras clases de drogas es su capacidad de inducir estados de percepción, pensamiento y sensaciones alterados que no pueden experimentarse de otra manera, excepto en sueños o, a veces, en el éxtasis religioso:
Otra
característica de los "alucinógenos" que destaca en
este manual es su bajo potencial de abuso: "son sustancias que
rara vez provocan dependencia y excepcionalmente desembocan en un hecho
fatal". Etimológicamente,
el verbo alucinar procede
del latín halucinari, "divagar mentalmente
o hablar sin sentido", y en esa lengua es sinónimo de palabras
que significan estar loco o delirar. Así pues, el adjetivo alucinógeno impone de inmediato un juicio de valor negativo sobre
la naturaleza de las percepciones alteradas, ya que alucinar significa "ofuscar, seducir o engañar, haciendo que
se tome una cosa por otra". Desde la perspectiva de doctor Humprey Osmond y muchos otros investigadores, no se les puede aplicar el término de alucinógenos ya que pocas veces producen alucinaciones reales sino más bien ilusiones sensoriales, ni el de psicomiméticos, porque sus efectos son mucho mayores que la simple imitación de episodios de locura, por eso propuso el término de psiquedélicos. Él pensaba que podían propiciar una experiencia directa hacia los ámbitos espirituales y que los epítetos clínicos desdeñosos no debían oscurecer su verdadera riqueza, dado lo cual acuñó el vocablo psiquedélicos, un nombre con profundidad mística ya que etimológicamente significa "manifestadores o reveladores del alma", pues viene de los términos griegos psique, que es el denominativo de "alma o espíritu" y delos que significa, "manifestar, revelar o hacer visible". (98) Por desgracia, los medios de comunicación masiva se encargaron de transformar a los psiquedélicos en psicodélicos, tal como tergiversaron muchas otras cosas respecto a estas drogas que terminaron asociadas con la rebelión cultural, los nuevos estilos artísticos y la apología del uso de sustancias psicoactivas durante la década de los años sesenta. Así fue como este excelente término cayó en desuso. En
virtud de mis experiencias personales, a mí me gustaría que se
reivindicara el término de psiquedélicos, como intenta
Richard Yensen (98), sin embargo, también me agrada mucho otro
vocablo que un grupo de investigadores encabezados por Jonathan Ott
propuso para referirse a "las drogas cuya ingestión altera la mente
y provoca estados de posesión extática y chamánica":
enteógenos. El vocablo de
origen griego entheos significa
"Dios adentro" y se utilizaba para describir los trances proféticos,
los momentos de creación artística y aquellos ritos religiosos en los
que se experimentaban estados místicos a través de la ingestión de sustancias
asociadas con alguna deidad. De acuerdo a Jonathan y sus colegas, en
un sentido estricto, "sólo aquellas drogas que producen visiones
y de las cuales pueda mostrarse que han figurado en ritos religiosos
o chamánicos
serían llamadas enteógenos." (66) ¿Por qué están prohibidas las sustancias visionarias? En parte siguiendo este tipo de recomendaciones emitidas por líderes contraculturales, y en parte siguiendo una moda amiga de la disipación y la rebeldía, cientos de jóvenes occidentales se lanzarían en pos de algún chamán entre mediados de los años cincuenta hasta mediados de los sesenta. Salvo contadas excepciones, ninguno de ellos llevaba en mente el objetivo de obtener enseñanzas acerca del autoconocimiento, sino el de tener un buen trip bajo los efectos de las plantas mágicas de México y del Amazonas. Olvidando la segunda máxima del Templo de Delfos: "Nada en exceso", los llamados hippies abandonaron la búsqueda de los chamanes e incluso el uso de las plantas mismas, sustituyéndolas por el consumo de sus alcaloides principales: mezcalina, dimetiltriptamina, dietilamida del ácido lisérgico, psilocina y psilocibina. Poco después, en 1971, a instancias del gobierno estadounidense asustado por la magnitud del fenómeno y especialmente por su asociación directa con el cuestionamientos al orden social imperante y la política contestataria de los jóvenes, comenzaría una nueva época de persecución y prohibición a escala mundial de las plantas maestras y sus alcaloides. A partir de esta fecha las drogas quedaron técnicamente divididas en lícitas e ilícitas y conceptualmente estigmatizadas como buenas o malas. Como lúcidamente aseguró el poeta mexicano Octavio Paz:
En
virtud de esta neo-inquisición, los principios activos de las plantas
maestras y por ende ellas mismas, caerían nuevamente en la clandestinidad
o en la ambigüedad legislativa. Por arte y magia de la prohibición
internacional aparecen entonces los cercos y retenes de la Policía Judicial
Federal mexicana en las zonas en donde ellos suponen que estas plantas
crecen ahora, aparecen los casos de jóvenes detenidos y extorsionados
por querer transgredir el resguardo de las puertas de la percepción,
aparece una nueva y quizá más peligrosa amenaza para la supervivencia
de las tradiciones de ciertos pueblos indígenas de América: el exterminio
de costumbres ancestrales debido al uso de plantas psicoactivas que
autoridades ajenas consideran peligrosas.
¿Cómo se utilizaban estas plantas? Se utilizaban básicamente de dos formas: para la sanación y/o para el autoconocimiento. En el primer caso, el curandero las tomaba y a veces también el paciente. Durante el viaje, el sanador recibía la información que necesitaba darle al paciente, quien muchas veces recibía directamente la curación durante los efectos de la planta. Así trabajaba por ejemplo la curandera mexicana llamada María Sabina. Los ritos de autoconocimiento de diversas culturas tinenen la peculiaridad de ser ritos anuales guiados por un chamán. Antes de llevar a cabo el ritual en el que se ingiere la planta, hay un periodo de preparación física (por ejemplo ayunos) y psicológica (por ejemplo una reunión catártica con todos los habitantes de la tribu en la que se confesaban y perdonaban las mutuas ofensas) y una peregrinación hacia el lugar donde crece la planta (como Wirikuta para los huicholes que consumen el peyote) o donde se lleva a cabo el ritual (como Eleusis a 20 kilómetros de Atenas para los antiguos griegos que consumían el kikeón). Después de la toma hay otro periodo de reflexión e interpetación de la experiencia. Posteriormente, ya en la vida cotidiana, se procura darle una aplicación práctica a la información o visión recibida. Lo cual provoca un cambio o una transformación de la persona que tuvo la experiencia. Una última característica digna de ser mencionada es que en la mayoría de estas culturas, las plantas son vistas como herramientas de trabajo temporales, que muestran al aprendiz de chamán o a la persona simple aquello que debe aprender a alcanzar por sí misma.
¿Cómo podemos utilizar actualmente estas plantas? Mi recomendación consiste en seguir estas antiguas pautas para evitar cualquier peligro y hacer que funcionen para nosotros como remedios y no como venenos. Para estar seguros de ello hay que: Llevar a cabo una preparación previa, a nivel físico (mediante ayunos o desintoxicaciones) mental (informarse de lo que se va a consumir), emocional y espiritual (siguiendo algún tipo de terapia o sistema de autoconocimiento). Tener la experiencia una o máximo dos veces al año con una persona que te guíe y pueda hacerse cargo de cualquier eventualidad, como una crisis de sanación, un ataque de pánico, etc. Esta persona de preferencia debe ser un chamán experiementado o un terapeuta bien preparado. Llevar a cabo algún proceso de integración de lo vivido, ya sea hablando con el chamán o con un terapeuta preparado, inmediatamente o días después de la toma. Aplicar dentro de nuestra vida cotidiana la información, la visión o la enseñanza que hayamos recibido bajo los efectos con la planta. Recordar que las plantas son herramientas de uso temporal y limitado. La penicilina sólo se toma en casos en que verdaderamente lo amerita y si abusamos de ella deja de hacer el efecto que buscamos y produce síntomas indeseables. Igualmente hemos de tratar a las plantas sagradas con el mismo respeto y usarlas temporalmente durante ciertos periodos de nuestra vida, sabiendo que algún día las dejaremos por completo. Antiguamente estas plantas maestras tenían una razón de ser debido a la densidad del planeta y la dificultad que teníamos para entrar en contacto con nuestrs propia sabiduría o para comunicarson con nuestros guías en los planos invisibles, pero ahora, debido al aumento de las vibraciones de la Tierra y de la humanidad en general, es más fácil conseguir ese contacto y esa comunicación sin ayuda de las plantas. Por eso en la actualidad estamos asistiendo al principio del ocaso de su gran servicio en nuestro planeta.
1.
Aguirre Martínez Carlos: "Mesa redonda entre Luis Llorente y Tulio
Cícero", Revista Monográfica El idiota, No. 1, Barcelona,
2000.
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